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EL CAMINO A DIOS
Y Cómo Encontrarlo

POR

 

DWIGHT L. MOODY

Traducido del inglés por A.R.Y. y J.J.Y.
Copyright 2002 A.R.Y. y J.J.Y.

Este texto se encuentra registrado (©) y no puede ser almacenado en BBS o sitios de Internet sin el permiso expreso de los titulares del derecho de propiedad. Este texto no puede ser vendido ni puesto solo o con otro material en ningún formato electrónico o impreso en papel para la venta, pero puede ser distribuido gratis por correo electrónico o impreso. Debe dejarse intacto su contenido sin que nada sea removido o cambiado, incluyendo estas aclaraciones. Alimento Espiritual: http://alimento.tripod.com.


Contenidos

 AL LECTOR

CAPÍTULO 1 — "El amor que excede a todo conocimiento"

CAPÍTULO 2 — La entrada al Reino

CAPÍTULO 3 — Las dos clases

CAPÍTULO 4 – Palabras de consejo

CAPÍTULO 5 – Un divino Salvador

CAPÍTULO 6 – Arrepentimiento y restitución

CAPÍTULO 7 — Seguridad de la salvación

CAPÍTULO 8 — Cristo es el todo, y en todos

CAPÍTULO 9 — Apartamiento



Al lector

EN este pequeño volumen me he esforzado en mostrar a los hombres EL CAMINO A DIOS. Comenzando con "el amor de Cristo" (Efesios 3:19) hacia el hombre, el libro prosigue para mostrar cómo el hombre puede ser considerado justo ante Dios, y lleva a las almas al que es "el Camino, y la Verdad, y la Vida" (Juan 14:6).

El último capítulo está dirigido especialmente a los que retroceden -una clase, ¡ay!, demasiado numerosa entre nosotros. ¡Con cuanta gracia Dios se dirige a aquellos que se han apartado así de Él! "Conviértete, oh Israel, a Jehová tu Dios: porque por tu pecado has caído. Tomad con vosotros palabras, y convertíos a Jehová, y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien" (Oseas 14:1,2). ¡Y qué respuesta de paz envía Él!: "Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos" (Oseas 14:1,2).

Con la más ferviente oración y esperanza para que por la bendición de Dios sobre estas páginas, el lector pueda ser fortalecido, confirmado y afirmado en la fe de Cristo,

soy suyo en el servicio de Él,

D. L. Moody.

 


CAPÍTULO 1.
"El amor que excede a todo conocimiento"
"Y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento" -Efesios 3:19.

Si sólo pudiera hacer que los hombres entendieran el significado real de las palabras del apóstol Juan: "DIOS ES AMOR", (1 Juan 4:8) tomaría ese solo texto, e iría por todo el mundo proclamando esta gloriosa verdad. Si puede convencer a un hombre que usted lo ama, tiene ganado su corazón. Si podemos hacer creer realmente a las personas que Dios las ama, ¡cómo las encontraríamos llenando el reino de los cielos! El problema es que los hombres piensan que Dios los odia; y entonces todo el tiempo huyen de Él.

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Un texto ardiente

Hace algunos años construimos una iglesia en Chicago; y estábamos muy ansiosos de enseñar a la gente del amor de Dios. Pensamos que si no podíamos predicarlo a sus corazones debíamos intentar encenderlo dentro de éste; entonces pusimos justo encima del púlpito en letras encendidas con una llama a gas estas palabras: DIOS ES AMOR. Un hombre que una noche iba por las calles atisbó por la puerta y vio el texto. Él era un pobre pródigo. Cuando continuó su camino él pensó, "'¡Dios es Amor!' ¡No! Él no me ama; porque yo soy un pobre miserable pecador." Procuró olvidarse del texto; pero éste parecía permanecer delante suyo en letras de fuego. Él siguió un poco más; entonces se dio vuelta, retrocedió y entró a la reunión, no oyó el sermón; pero las palabras de ese breve texto se habían aposentado profundamente en su corazón, y eso fue suficiente. Es de poca importancia lo que los hombres dicen a menos que la Palabra de Dios tenga entrada en el corazón de un pecador. Él permaneció después de que la primera reunión hubo acabado, y allí lo encontré llorando como un niño. Cuando le expuse las Escrituras y le dije como Dios le había amado todo el tiempo, aunque había estado muy extraviado, y cómo Dios estaba esperando para recibirle y perdonarle, la luz del Evangelio estalló en su mente, y se fue gozoso.

No hay en este mundo nada que los hombres valoren más que el Amor. Preséntenme una persona de la que nadie se interesa o a la que nadie ama, y les mostraré uno de los más miserables seres sobre la faz de la tierra. ¿Por qué la gente comete suicidio? Muy frecuentemente es porque este pensamiento les ronda -que nadie les ama; y que preferirían morir antes que vivir.

No conozco de verdad en toda la Biblia que debería alcanzarnos con tanto poder y ternura como la del Amor de Dios; y no hay verdad en la Biblia que a Satán más le gustaría borrar. Por más de seis mil años ha estado tratando de persuadir a los hombres que Dios no los ama. Él logró hacer creer esto a nuestros primeros padres; y muy frecuentemente lo logra con sus hijos.

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Las dimensiones del amor de Dios

En Efesios 3:18, se nos habla de "la anchura y la longura y la profundidad y la altura", del amor de Dios. Muchos creemos que conocemos algo del amor de Dios; pero por siglos reconoceremos que nunca hemos descubierto demasiado de éste. Colón descubrió América: ¿pero qué conoció de sus grandes lagos, ríos, bosques, y el valle del Misisipi? Él murió, sin conocer mucho acerca de lo que había descubierto.

Cuando queremos conocer del amor de Dios debemos ir al Calvario. ¿Podemos mirar esa escena, y decir que Dios no nos amó? Esa cruz habla del amor de Dios. Nunca ha sido manifestado más grande amor que aquel mostrado en la cruz. ¿Qué impulsó a Dios a dar a Cristo? ¿qué impulsó a Cristo a morir -si no fue el amor?

"Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos" (Juan 15:13).

Cristo puso su vida por sus enemigos; Cristo puso su vida por sus asesinos; Cristo puso su vida por los que le odiaban; y el espíritu de la cruz, el espíritu del Calvario, es el amor. Cuando se burlaban y se mofaban de Él, ¿qué dijo?

"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34).

Eso es amor. Él no hizo bajar fuego del cielo para consumirlos; sólo había amor en su corazón.

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El amor de Dios no cambia

Si estudia la Biblia descubrirá que el amor de Dios no cambia. Muchos que le amaron a usted en otro tiempo quizás se hayan enfriado en su afecto, y se hayan apartado: puede ser que su amor haya cambiado en odio. No es así con Dios. Está escrito de Jesucristo, justo cuando iba a ser separado de sus discípulos y llevado al Calvario, que:

"como había amado a los suyos que estaban en el mundo, amólos hasta el fin" (Juan 13:1).

Él sabía que uno de sus discípulos le traicionaría; sin embargo Él amó a Judas. Él sabía que otro discípulo le negaría, y que juraría que nunca lo conoció; y sin embargo Él amó a Pedro. Era el amor que Cristo tenía por Pedro lo que quebrantó su corazón, y lo que le llevó dolorido a los pies de su Señor. Por tres años Jesús había estado con los discípulos tratando de enseñarles su amor, no sólo por su vida y sus palabras, sino también por sus obras. Y, la noche de su traición, Él toma una vasija de agua, ceñido con una toalla, y tomando el lugar de un sirviente, lava sus pies: Él quería convencerlos de su amor inalterable.

No hay porción de la Escritura que yo lea tan frecuentemente como Juan 14; y no hay otra que sea más dulce para mí. Nunca me canso de leerla. Escuche lo que nuestro Señor dice, cuando derrama su corazón por sus discípulos:

"En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre" (14:20, 21).

Piense del gran Dios que creó el cielo y la tierra amándonos a usted y a mí...

"El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada" (14:23).

Quiera Dios que nuestras pequeñas mentes puedan entender esta gran verdad, de que el Padre y el Hijo nos amaron tanto que ellos desean venir y morar con nosotros. No para permanecer por una noche, sino para venir y morar en nuestros corazones. Tenemos otro pasaje todavía más sorprendente en Juan 17:23.

"Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también a mí me has amado."

Creo que esta es una de las expresiones más notables que alguna vez salieron de los labios de Jesucristo. No había razón por la cual el Padre no lo amaría. Él fue obediente hasta la muerte; Él nunca transgredió la ley del Padre, ni se desvió del camino de perfecta obediencia ni una pizca. Es muy diferente con nosotros, y sin embargo, a pesar de toda nuestra rebelión y necedad, Él dice que si confiamos en Cristo, el Padre nos ama como ama al Hijo. ¡Maravilloso amor! ¡Grandioso amor! Que Dios pueda amarnos como ama a su propio Hijo parece demasiado bueno para ser verdad. Sin embargo esa es la enseñanza de Jesucristo.

Es difícil hacer que un pecador crea en este inalterable amor de Dios. Cuando un hombre se ha vagado lejos de Dios, piensa que Dios lo aborrece. Debemos hacer una distinción entre el pecado y el pecador. Dios ama al pecador; pero aborrece al pecado. Él aborrece el pecado porque éste arruina la vida del hombre. Es justamente porque Dios ama al pecador que aborrece al pecado.

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El amor de Dios es infalible

El amor de Dios no sólo es inalterable, sino también infalible. En Isaías 49:15,16 leemos:

"¿Olvidaráse la mujer de lo que parió, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas te tengo esculpida: delante de mí están siempre tus muros."

El amor humano más fuerte que conocemos es el amor de una madre. Muchas cosas separarán a un hombre de su esposa. Un padre puede dar la espalda a su hijo; hermanos y hermanas pueden llegar a ser tenaces enemigos; los maridos pueden abandonar sus esposas; las esposas a sus maridos. Pero el amor de una madre soporta todo. En buena fama, con mala fama, a pesar de la condenación del mundo, una madre ama, y espera que su hijo pueda regresar de sus malos caminos y arrepentirse. Ella recuerda las sonrisas infantiles, la alegre risa de la niñez, la promesa del joven. La muerte no puede extinguir el amor de una madre; éste es más fuerte que la muerte.

Usted ha visto una madre cuidando a su niño enfermo. ¡Cuán gustosamente ella llevaría la enfermedad en su propio cuerpo si pudiera así aliviar a su niño! Semana tras semana ella se mantendrá cuidándolo; ella no dejará que nadie más cuide a ese niño enfermo.

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"Este es mi muchacho; lo amo a pesar de todo"

Un amigo mío, algún tiempo atrás, estaba de visita en un bello hogar donde se encontró con varios amigos. Después de que todos se fueron, habiéndose olvidado algo, regresó para recobrarlo. Allí encontró a la dueña de a casa, una dama adinerada, sentada detrás de un pobre prójimo que lucía como un vagabundo. Él era su propio hijo. Como el pródigo, él se había extraviado mucho, sin embargo la madre dijo: "Este es mi muchacho; lo amo a pesar de todo." Tome una madre con nueve o diez hijos: si uno se aparta por malos caminos, ella parece amar a ése más que a cualquiera de los otros.

Se cuenta la historia de una joven mujer en Escocia, que dejó su hogar, y se convirtió en una paria en Glasgow. Su madre la buscó por todas partes, pero en vano. Finalmente, hizo que se colgara su retrato en las paredes de las salas de las Midnight Mission, adonde recurrían mujeres abandonadas. Muchas dieron al retrato un vistazo de pasada. Una permaneció mucho tiempo ante aquél. Este es el mismo rostro querido que le miraba cuando niña. Ella no había olvidado ni desechado a su pecadora hija; o su retrato nunca habría sido colgado sobre aquellas paredes. Los labios parecían abrirse y susurrar: "Vuelve a casa: te perdono, te amo a pesar de todo". La pobre muchacha quedó abrumada con sentimientos. Ella era la hija pródiga. Ver el rostro de su madre le había quebrado el corazón. Ella se dolió verdaderamente por sus pecados, y con un corazón lleno de congoja y vergüenza, regresó a su abandonado hogar; y madre e hija fueron unidas una vez más.

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El amor de Dios sobrepasa al amor de una madre

Pero permítame decirle que el amor de una madre no puede ser comparado con el amor de Dios; ni puede medir la altura o la profundidad del amor de Dios. Ninguna madre en este mundo amó a su hijo como Dios nos ama a usted y a mí. Piense del amor que Dios debió haber tenido cuando dio a su Hijo para morir por el mundo. Yo acostumbraba pensar mucho más de Cristo que del Padre. De un modo u otro tenía la idea de que Dios era un juez duro; por lo que Cristo vino entre Dios y yo, y aplacó la ira de Dios. Pero después fui padre, y durante años tuve un solo hijo, mirando a mi muchacho pensaba del Padre dando a su Hijo para morir; y me parecía que se requería más amor por parte del Padre al dar a su Hijo, que por parte del Hijo al morir. ¡Oh, el amor que Dios debe haber tenido por el mundo cuando dio a su Hijo para morir por éste!

"De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).

Nunca he sido capaz de predicar de ese texto. Muchas veces pensé que lo haría: pero es tan elevado que nunca pude ascender hasta su cúspide; solamente lo citaba y continuaba. ¿Quién puede sondear la profundidad de aquellas palabras: "De tal manera amó Dios al mundo"? Nunca podemos escalar las alturas de su amor o sondear sus profundidades. Pablo oraba para poder conocer la altura, la profundidad, la longura, y la anchura, del amor de Dios; pero éste iba más allá de su hallazgo. Éste "excede a todo conocimiento" (Efesios 3:19).

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La cruz de Cristo habla del Amor de Dios

Nada nos habla del amor de Dios, como la cruz de Cristo. Venga conmigo al Calvario, y mire al Hijo de Dios cuando cuelga allí. ¿Puede oír ese taladrante clamor de sus agonizantes labios: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34) y decir que él no lo ama?

"Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos" (Juan 15:13).

Pero, Jesucristo puso su vida por sus enemigos.

Otro pensamiento es éste: Él nos amó mucho antes de que siquiera pensáramos en Él. La idea de que Él no nos ama si primeramente no le amamos nosotros, no se puede encontrar en la Escritura. En 1 Juan 4:10 está escrito:

"En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados."

Él nos amó antes de que nosotros siquiera pensáramos en amarle. Usted amó a sus hijos antes de que ellos conocieran acerca de su amor. Y así, mucho antes de que siquiera pensáramos en Dios, nosotros estábamos en sus pensamientos.

¿Qué trajo al pródigo al hogar? Fue el pensamiento de que su padre lo amaba. Suponga que le hubiesen llegado noticias de que había sido despreciado, y que su padre no se interesaba más de él, ¿hubiera regresado? ¡Jamás! Pero le surgió el pensamiento de que su padre le amaba a pesar de todo: entonces se levantó, y regresó a su hogar. Querido lector, el amor del Padre debe volvernos a Él. La calamidad y el pecado de Adán fueron los que revelaron el amor de Dios. Cuando Adán cayó Dios vino y le trató en misericordia. Si alguno se pierde no será porque Dios no lo ama: será porque ha resistido el amor de Dios.

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¿Qué hará atractivo al cielo?

¿Serán las puertas de perlas o las calles de oro? No. El cielo será atractivo, porque allí contemplaremos al que nos amó tanto como para dar su Hijo unigénito para morir por nosotros. ¿Qué hace atractivo al hogar? ¿Son sus hermosos muebles y las habitaciones señoriales? No; algunos hogares con todo esto son como sepulcros blanqueados.

En Brooklyn había una madre moribunda; y fue necesario apartarle de su hija, porque la pequeña niña no podía entender la naturaleza de la enfermedad, y molestaba a su madre. Todas las noches la niña sollozaba por dormir en una casa vecina, porque ella quería regresar con su madre; pero la madre empeoró, y no podían llevar la niña al hogar. Finalmente la madre murió; y después de su muerte pensaron que lo mejor era no dejarla ver a su madre muerta en el ataúd. Luego del entierro la niña corrió en una sala exclamando "¡Mamá! ¡mamá!" y luego en otra exclamando"¡Mamá! ¡mamá!" y así registró la casa entera, y cuando la pequeña criatura falló en encontrar a aquella amada, clamó para ser llevada otra vez con los vecinos. Así, lo que hace atractivo al cielo es el pensamiento de que veremos a Cristo que nos amó y se dio a sí mismo por nosotros.

Si me pregunta porque Dios debería amarnos, no podría responderle. Supongo que es porque Él es un verdadero Padre [Nota del traductor: es importante aclarar que esto se dice en el sentido de que los sentimientos de Dios por todos los pecadores son amorosos como los de un verdadero padre, no en cuanto a que todo hombre tenga la adopción de hijo de Dios. Ésta es obtenida sólo por un nuevo nacimiento del Espíritu de Dios como el mismo autor explica más adelante; ser hijo de Dios implica el ser salvo y heredero de la vida eterna (Juan 1:12, Juan 3:3, Romanos 8:15, Gálatas 4:6,7)]. Su naturaleza es amar; así como la naturaleza del sol es brillar. Él quiere que usted participe de ese amor. No permita que la incredulidad lo mantenga lejos de Él. No piense que, porque es un pecador, Dios no lo ama, o que no se interesa por usted. ¡Él lo hace! Él quiere salvarle y bendecirle.

"Porque Cristo, cuando aún éramos flacos, a su tiempo murió por los impíos." (Romanos 5:6).

¿No es eso suficiente para convencerlo que Él le ama? Él no hubiera muerto por usted si no lo hubiera amado. ¿Es su corazón tan duro como para que puedas estar firme contra su amor, y despreciarlo e ignorarlo? Puede hacerlo: pero será bajo su riesgo.

Puedo imaginar que algunos están diciéndose: "Sí, creemos que Dios nos ama, si lo amamos, creemos que Dios ama al puro y santo." Permítanme decirles, mis amigos, Dios no sólo ama al puro y el santo: Él también ama al impío.

"Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." (Romanos 5:8).

Dios lo envió para morir por los pecados de todo el mundo. Si usted pertenece al mundo, entonces es destinatario de este amor que ha sido exhibido en la cruz de Cristo.

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El secuestro de Charlie Ross

Hay un pasaje en Apocalipsis (1:5) sobre el cual pienso muchísimo:

"Al que nos amó, y nos ha lavado".

Podría pensarse que Dios primero nos lavaría, y que luego nos amaría. Pero no, primero nos amó. Hace casi ocho años hubo gran conmoción en Norteamérica por Charlie Ross, un niño de cuatro años, que fue raptado. Dos hombres en una canoa le preguntaron a él y a un hermano mayor si querían algunos caramelos. Entonces huyeron con el muchacho más joven, dejando al mayor. Hombres fueron a Gran Bretaña, Francia, y Alemania, y han buscado al niño en vano. La madre todavía vive con la esperanza de que verá a su Charlie perdido hace tiempo. No recuerdo que todo el país estuviera tan agitado por algún acontecimiento excepto por el asesinato del Presidente Garfield. Bien, suponga que la madre de Charlie Ross estuviera en alguna reunión; y que mientras el predicador estuviera hablando, ella mirara entre la asistencia y viera a su hijo perdido hace tiempo. Supongamos que él fuera pobre, que estuviera sucio y harapiento, sin calzado ni abrigo, ¿qué haría ella? ¿Esperaría hasta que se lavara y hasta que se vistiera decentemente antes de encontrarlo? No, ella subiría inmediatamente a la plataforma, se precipitaría hacia él y lo tomaría en sus brazos. Después lo limpiaría y lo vestiría. Así es con Dios. Él nos amó, y nos lavó. Puedo imaginar a alguno diciendo: "Si Dios me ama, ¿por qué no me hace bueno?" Dios quiere en el cielo hijos e hijas; no quiere máquinas o esclavos. Él podría quebrantar nuestros obstinados corazones, pero quiere atraernos hacia Él con las cuerdas del amor.

Él quiere que usted se siente con Él en la cena de las bodas del Cordero; quiere lavarlo, y hacerlo más blanco que la nieve. Él quiere que usted camine con Él por el suelo de cristal en aquel mundo bienaventurado. Él quiere adoptarlo en su familia, y hacerlo un hijo o una hija del cielo. ¿Pisoteará usted su amor? ¿o, en este momento, se entregará a Él?

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El toque de una madre.

Cuando nuestra terrible guerra civil estaba transcurriendo, una madre recibió la noticia de que su muchacho había sido herido en la batalla del Desierto. Tomó el primer tren, fue en busca de su muchacho, aunque una orden había salido del Departamento de Guerra de que no serían admitidas más mujeres dentro de las líneas. Pero el amor de una madre no sabe nada sobre órdenes; y se arregló con lágrimas y ruegos para pasar por las líneas hasta el Desierto. Al fin encontró el hospital donde estaba su muchacho. Entonces fue al doctor y le dijo: "¿Me dejará ir al pabellón y cuidar a mi muchacho?" El doctor dijo: "Acabo de conseguir que su muchacho duerma: está en un estado muy crítico; y me temo que si lo despierta, la excitación será tan grande que lo matará. Mejor debería esperar un poco, y permanecer fuera hasta que le diga a él que usted ha venido y le comunique las noticias gradualmente." La madre miró al doctor y dijo: "¡Doctor, suponiendo que mi muchacho no se despierte, y que yo nunca lo vea vivo! Déjeme ir a sentarme a su lado; no le hablaré." "Si usted no le habla puede hacerlo", dijo el doctor.

Ella se acercó cautelosamente hasta el catre y observó el rostro de su muchacho. ¡Cómo había deseado verle! ¡Cómo sus ojos parecían regocijarse cuando contemplaban su semblante! Cuando estuvo bastante cerca no pudo mantener sus manos quietas, ella puso esa tierna, amorosa mano sobre su frente. En el momento que su mano tocó la frente de su muchacho, él, sin abrir sus ojos, exclamó: "¡Madre, has venido!" Él conocía el toque de aquella amorosa mano. Había amor y simpatía en éste.

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La ternura de Jesús

Ah, pecador, si sintieras el amante toque de Jesús lo reconocerías; éste está tan lleno de ternura. El mundo puede tratarte severamente, pero Cristo nunca lo hará. Nunca tendrás un mejor amigo en este mundo. Lo que necesitas es acudir a Él hoy. Permite que su amoroso brazo te rodee; deja que su amorosa mano esté sobre ti; y Él te sujetará con gran poder. Él te guardará, y llenará ese corazón tuyo con su ternura y amor.

Puedo imaginar a alguno de ustedes diciendo: "¿Cómo acudiré a Él?" Oh, de la misma forma como acudiría a su madre. ¿Ha causado a su madre una gran herida y un gran mal? Si es así, usted va a ella y le dice: "Madre, quiero que me perdones." Trate a Cristo de la misma manera. Vaya a él hoy y dígale que no lo ha amado, que no lo ha tratado bien; confiese sus pecados, y verá cuan rápidamente le bendecirá.

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Un perdón de Abraham Lincoln

Me acuerdo de otro incidente -el de un muchacho que había sido juzgado por una corte marcial y se dispuso que fuera fusilado. Los corazones del padre y la madre fueron deshechos cuando oyeron las noticias. En ese lugar había una pequeña muchacha. Ella había leído la vida de Abraham Lincoln, y dijo: "Ahora, si Abraham Lincoln conociera cuanto amaron mi padre y mi madre a su muchacho, no dejaría que mi hermano sea fusilado." Ella quería que su padre fuera a Washington a suplicar por su muchacho. Pero el padre dijo: "No; es inútil: la ley debe seguir su curso. Ellos han rehusado perdonar a algunos que han sido sentenciados por esa corte marcial, y se emitió una orden para que el Presidente no interfiera de nuevo; si un hombre ha sido sentenciado por una corte marcial, él debe sufrir las consecuencias."

Ese padre y esa madre no tenían fe para creer que su muchacho podría ser perdonado. Pero la pequeña muchacha tenía una fuerte esperanza.

Ella subió al tren en Vermont lejos al norte, y partió hacia Washington. Cuando llegó a la Casa Blanca los soldados le impidieron la entrada; pero ella les contó su dolorosa historia, y le permitieron pasar. Cuando llegó a la oficina del Secretario, donde estaba el secretario privado del Presidente, él rehusó dejarla pasar a la oficina privada del Presidente. Pero la muchachita le contó su historia, y esto tocó el corazón del secretario privado; entonces la dejó pasar. Cuando entró en la oficina de Abraham Lincoln, había senadores de los Estados Unidos, generales, gobernadores, y líderes políticos, que estaban allí por importantes cuestiones de la guerra; pero el Presidente alcanzó a ver a la pequeña parada junto a su puerta. Él quiso saber lo que buscaba, y ella fue directamente hacia él y le dijo su historia con sus palabras. Él era un padre, y grandes lágrimas corrieron por las mejillas de Lincoln. Él escribió un despacho y lo envió al ejército para que aquel muchacho fuera enviado a Washington inmediatamente. Cuando él llegó, el Presidente lo perdonó, le otorgó treinta días de licencia, y lo envió a casa con la pequeña muchacha para confortar los corazones del padre y la madre.

¿Quiere saber como ir a Cristo? Vaya como esa muchachita fue a Abraham Lincoln. Puede ser que usted tenga una sombría historia para contar. Dígale todo; no le oculte nada. Si Abraham Lincoln tuvo compasión por esa pequeña muchacha, oyó su petición, y la contestó, ¿cree usted que el Señor Jesús no oirá su oración? ¿Cree que Abraham Lincoln, o cualquier hombre que alguna vez vivió sobre la tierra, tuvo tanta compasión como Cristo? ¡No! Él se conmoverá cuando ningún otro se conmovería; tendrá misericordia cuando nadie la tendría, tendrá compasión cuando nadie más la tendría. Si va directamente a Él, confesando su pecado y su necesidad, Él lo salvará.

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La libertad de un prisionero

Hace algunos años un hombre dejó Inglaterra y fue a América. Era un inglés; pero fue naturalizado, y así llegó a ser un ciudadano norteamericano. Después de algunos años se sintió intranquilo e insatisfecho, y fue a Cuba; y después de llegar a Cuba, estalló una pequeña guerra civil allí; esto fue en 1867; y este hombre fue arrestado por el gobierno español como un espía. Fue juzgado por una corte marcial, encontrado culpable, y se ordenó que fuera fusilado. Todo el juicio fue llevado a cabo en idioma español, y el pobre hombre no sabía lo que estaba sucediendo. Cuando le dijeron el veredicto en el que fue declarado culpable y que había sido condenado a ser fusilado, se comunicó con el Cónsul norteamericano y con el Cónsul inglés, y expuso todo su caso ante ellos, probando su inocencia y reclamando protección. Ellos examinaron el caso, y encontraron que este hombre a quien los oficiales españoles habían condenado a ser fusilado era perfectamente inocente. Fueron al General español y le dijeron: "Este hombre a quien han condenado a morir es inocente: él no es culpable." Pero el General español dijo: "Él ha sido juzgado por nuestra ley; él ha sido encontrado culpable; debe morir." No había cablegrama; y estos hombres no podían consultar con sus gobiernos.

Llegó la mañana en la que el hombre iba a ser ejecutado. Él fue llevado en una carreta sentado sobre su ataúd, hasta el lugar donde iba a ser ejecutado. Se cavó una fosa. Sacaron el ataúd de la carreta, pusieron al joven hombre sobre éste, tomaron la capucha negra, y la estaban poniendo sobre su cabeza. Los soldados españoles esperaban la orden para disparar. Pero justo entonces los cónsules norteamericano e inglés llegaron. El Cónsul inglés saltó del carruaje y tomó la bandera Británica, y la envolvió alrededor del hombre, y el Cónsul norteamericano lo rodeó con su bandera, y entonces volviéndose hacia los oficiales españoles dijeron: "Disparen sobre estas banderas, si se atreven." Ellos no se atrevieron a disparar sobre las banderas. Había dos grandes gobiernos detrás de aquellas banderas. Eso fue la clave de esto.

"Llevóme a la casa del banquete, Y su bandera sobre mí fue amor... Su izquierda esté debajo de mi cabeza, Y su derecha me abrace" (Cantares 2:4,6).

Gracias a Dios podemos venir bajo la bandera hoy si queremos. Su bandera de amor es sobre nosotros. Bendito Evangelio; benditas, preciosas noticias. Crea hoy, reciba esto en su corazón; y entre en una nueva vida. Permita que el amor de Dios sea derramado en su corazón por el Espíritu Santo hoy: ello alejará la oscuridad; ello alejará la tristeza; ello alejará el pecado; y la paz y el gozo serán suyos.

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CAPÍTULO 2.
La entrada al reino
"El que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios" -Juan 3:3.

NO hay porción de la Palabra de Dios, quizás, con la que estemos más familiarizados que con este pasaje. Yo supongo que si preguntara a cualquier audiencia si cree que Jesucristo enseñó la doctrina del Nuevo Nacimiento, nueve personas entre diez dirían: "Sí, creo que Él lo hizo."

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La doctrina del Nuevo Nacimiento es sumamente importante

Ahora bien, si las palabras de este texto son verdaderas, contienen una de las cuestiones más solemnes que pudieran presentársenos. Podemos permitirnos ser engañados en muchas cosas antes que en ésta. Cristo hace esto muy claro. Él dice:

"El que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios"

-mucho menos heredarlo. Esta doctrina del Nuevo Nacimiento es por lo tanto el fundamento de todas nuestras esperanzas para el mundo venidero. Esto es verdaderamente el A B C de la religión cristiana. Mi experiencia ha sido ésta, que si un hombre está equivocado sobre esta doctrina, él estará equivocado en casi toda otra doctrina fundamental en la Biblia. Un verdadero entendimiento de esta cuestión ayudará a un hombre a resolver miles de dificultades que podría encontrar en la Palabra de Dios. Cosas que antes parecían muy oscuras y misteriosas se harán muy claras.

La doctrina del Nuevo Nacimiento trastorna toda falsa religión -toda falsa visión de la Biblia y de Dios. Un amigo mío una vez me dijo que después de una de sus reuniones se le acercó un hombre con una larga lista de preguntas escritas para que se las contestara. Él dijo: "Si puede responder satisfactoriamente estas preguntas, mi mente estará lista para llegar a ser un cristiano." "¿No cree", le dijo mi amigo, "que sería mejor para usted venir a Cristo primeramente? Entonces podrá examinar estas preguntas." El hombre pensó que sería mejor hacer así. Después de que recibió a Cristo, consideró de nuevo su lista de preguntas; pero entonces le pareció como si todas hubieran sido contestadas. Nicodemo se acercó con su mente inquieta y Cristo le dijo: "Debéis nacer de nuevo." Él fue tratado de manera totalmente diferente a lo que esperaba; pero me aventuro a decir que fue la noche más bendita en toda su vida. Ser "nacido de nuevo" es la mayor bendición que nos puede acontecer en este mundo.

Observe como dice la Escritura:

"El que no naciere otra vez" (Juan 3:3). [La traducción de la Palabra de Dios al inglés, la King James, dice así: "Excepto que un hombre naciere otra vez"].

"naciere de lo alto" (la lectura marginal de Juan 3:3 [una traducción igualmente correcta que "naciere otra vez" al ser ambas pertenecientes al sentido del original griego]).

"nacido del Espíritu" (Juan 3:6).

De entre un cierto número de otros pasajes donde encontramos esta palabra "EXCEPTO" sólo mencionaré tres:

1 "Si no [o excepto que] os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente" (Lucas 13:3,5).

2. "Si no [o excepto que] os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 18:3).

3 "Si [o excepto que] vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 5:20).

Todos ellos verdaderamente dan a entender lo mismo.

Yo estoy tan agradecido de que nuestro Señor hablara del Nuevo Nacimiento a este gobernante de los judíos, a este doctor de la ley, en vez de hacerlo con la mujer en la fuente de Samaria, o con Mateo el publicano, o con Zaqueo. Si hubiera dedicado su enseñanza a alguno de estos tres, u otros semejantes, la gente hubiera dicho: "Oh sí, estos publicanos y rameras necesitaban convertirse; pero yo soy un hombre honesto; yo no necesito convertirme." Supongo que Nicodemo era uno de los mejores ejemplos para el pueblo de Jerusalén: nada se registra en contra suyo.

Creo que casi no es necesario para mí probar que necesitamos nacer de nuevo antes de estar preparados para el cielo. Me aventuro a decir que no hay un hombre sincero que no diga que no es apropiado para el reino de Dios, hasta que es nacido del Espíritu. La Biblia nos enseña que el hombre está perdido y es culpable, y nuestra experiencia lo confirma. También sabemos que el hombre mejor y más santo, cuando se aleja de Dios, cae en pecado.

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Qué no es la regeneración

Ahora bien, permítame decirle lo que no es la Regeneración. No es ir a la iglesia. Muy frecuentemente encuentro personas, y les pregunto si son cristianas. "Sí, por supuesto que lo soy, yo creo que lo soy: voy a la iglesia todos los domingos." Ah, pero esto no es la Regeneración. Otros dicen: "Estoy tratando de hacer lo correcto -¿no soy un cristiano? ¿No es eso un nuevo nacimiento?" No. ¿Qué tiene que ver esto con ser nacido de nuevo? Todavía hay otra clase: la de los que han cambiado de forma de ser, y que piensan que están regenerados. No; hacer un nuevo propósito no es ser nacido de nuevo.

Ni ser bautizado le hará algún bien. Sin embargo usted escucha decir a la gente: "Oh, yo he sido bautizado; y nací de nuevo cuando fui bautizado." Ellos creen que porque se bautizaron en la iglesia, fueron bautizados en el Reino de Dios. Yo le digo que esto es totalmente imposible. Usted puede ser bautizado en la iglesia visible, y sin embargo no estar bautizado en el Hijo de Dios. El bautismo está bien en su lugar. Dios no me permita que diga nada en contra de éste. Pero si lo pone en el lugar de la Regeneración -en el lugar del Nuevo Nacimiento- eso es un terrible error. Usted no puede ser bautizado en el Reino de Dios. "El que no NACIERE OTRA VEZ, no puede ver el reino de Dios." Si alguno que lee esto está poniendo sus esperanzas en cualquier otra cosa -sobre cualquier fundamento- oro para que Dios pueda quitar eso.

Otra clase de personas dice: "Yo asisto a la Cena del Señor; yo participo permanentemente del Sacramento." ¡Bendita ordenanza! Jesús ha dicho que todas las veces que lo hicieren, conmemoran su muerte. Sin embargo, eso no es ser "nacido de nuevo"; eso no es pasar de muerte a vida. Jesús dice claramente -y tan claramente que no puede haber ningún error en esto- "El que no naciere... del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios." ¿Qué tiene eso que ver con un sacramento? ¿Qué tiene que ver el ir a la iglesia con nacer de nuevo?

Otro hombre se levanta y dice: "Yo digo mis oraciones regularmente." Sin embargo yo digo que eso no es ser nacido del Espíritu. Es una duda muy solemne la que, entonces, se nos presenta, y oh que cada lector se pregunte seria y honradamente: "¿He nacido de nuevo? ¿He nacido del Espíritu? ¿He pasado de la muerte a la vida?"

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"Nosotros no necesitamos convertirnos"

Hay una clase de hombres que dicen que las reuniones religiosas especiales son muy buenas para una cierta clase de gente. Ellas estarían muy bien si usted pudiera llevar a los allí a los bebedores, o al apostador, o a otra gente viciosa -eso haría mucho bien. Pero "nosotros no necesitamos convertirnos." ¿A quién dijo Cristo estas palabras de sabiduría? A Nicodemo. ¿Quién era Nicodemo? ¿Era él un borracho, un apostador, o un ladrón? ¡No! Sin dudas él era uno de los verdaderamente mejores hombres en Jerusalén. Él era un honorable miembro del Concilio; él pertenecía al Sanedrín; él tenía una posición muy elevada; él era un hombre ortodoxo; él era uno de los hombres más cabales. Y sin embargo ¿qué le dijo Cristo? "El que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios."

Pero puedo imaginar a alguien diciendo: "¿Qué voy a hacer? Yo no puedo crear vida. Ciertamente no puedo salvarme a mí mismo." Ciertamente usted no puede; y no decimos que pueda. Le digo que es totalmente imposible hacer mejor a un hombre sin Cristo; pero eso es lo que los hombres tratan de hacer. DEBE HABER UNA NUEVA CREACIÓN. La Regeneración es una nueva creación; y si es una nueva creación debe ser la obra de Dios. En el primer capítulo del Génesis el hombre no aparece. No hay otro allí excepto Dios. El hombre no está allí para participar. Cuando Dios creó la tierra Él estaba solo. Cuando Cristo creó el mundo Él estaba solo.

"Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es" (Juan 3:6).

El etíope no puede cambiar su piel, y el leopardo no puede cambiar sus manchas. Usted también podría tratar de hacerse puro y santo sin la ayuda de Dios. Sería exactamente tan fácil para usted hacer eso como para el hombre negro hacerse de piel blanca. Un hombre podría más bien intentar saltar hasta la luna que intentar servir a Dios en la carne. Por lo tanto: "lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es."

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Cómo entrar al reino de Dios

Dios nos dice en este capítulo cómo entrar a su reino. No vamos a producir nuestra propia entrada -aunque esa salvación es digna de que trabajemos por ella. Admitimos todo eso. Si hubieran ríos y montañas en el camino, valdría la pena nadar a través de aquellos ríos, y escalar aquellas montañas. No hay duda de que la salvación vale todos esos esfuerzos; pero no la obtenemos por nuestras obras. Ésta es para

"el que no obra, pero cree" (Romanos 4:5).

Nosotros obramos porque estamos salvados; no para ser salvados. Obramos desde la cruz; pero no hacia ella. Está escrito:

"Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor" (Filipenses 2:12). [N. del tr.: Este pasaje en la versión inglesa King James utilizada por D. L. Moody puede traducirse así: "Haced obrar hacia afuera vuestra salvación con temor y temblor". Así se hace más evidente la acertada interpretación del pasaje dada por el autor. La expresión inglesa "work out", que traducimos "hacer obrar hacia afuera algo" significa "hacer a algo producir de sí mismo" o "hacer que algo surta efecto de sí mismo", el que está salvado no obra para su salvación ("work for"); mas bien, quien posee la salvación hace que su propia salvación produzca ("work out"), pues obviamente ya la posee; los ejemplos que seguirán del Señor Moody son muy esclarecedores de esto].

Ciertamente, usted debe tener su salvación ante de que pueda hacerla producir. Suponga que yo le dijera a mi pequeño muchacho: "quiero que gastes esos cien dólares cuidadosamente." "Bien", dice él, "permíteme tener los cien dólares; y seré cuidadoso en cómo gastarlos."

Recuerdo cuando dejé por primera vez mi hogar y fui a Boston; había gastado todo mi dinero, e iba a la oficina de correos tres veces al día. Yo sabía que sólo había un envío de correo por día desde mi hogar; pero pensaba que posiblemente podía haber una carta para mí. Finalmente recibí una carta de mi pequeña hermana; y oh, cuán alegre estaba por recibirla. Ella había oído que había muchísimos carteristas en Boston, y una gran parte de esa carta era para urgirme que fuera muy cuidadoso en no dejar que nadie me arrebatara algo de mi bolsillo. Ahora bien, yo necesitaba tener algo en mi bolsillo antes de que alguno pudiera robarlo. Así usted debe tener la salvación antes de que pueda hacerla producir.

Cuando Cristo exclamó en el Calvario: "¡Consumado es!"(Juan 19:30), Él quiso decir lo que dijo. Todo lo que los hombres deben hacer ahora sólo es aceptar la obra de Jesucristo. No hay esperanza para un hombre o una mujer en la medida que estén procurando obtener la salvación por sí mismos. Puedo imaginar que habrá algunas personas que dirán, como Nicodemo posiblemente lo hizo: "Esta es una cosa muy misteriosa." Veo el ceño en la frente de ese Fariseo cuando dijo: "¿Cómo pueden suceder estas cosas?" Muchísimas personas dicen: "Usted debe explicar esto; pero si no explica esto, no nos pida que lo creamos." Puedo imaginar a muchísimas personas diciendo eso. Cuando usted me pide que explique esto, yo le digo honestamente que no puedo.

"El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu." (Juan 3:8).

Yo no entiendo todo sobre el viento. Si usted me pide que lo explique. No puedo. Puede esperarse que aquí venga desde el norte, y alejándonos unas cien millas puede esperarse desde el sur. Puedo subir algunos cientos de pies, y encontrarlo soplando en una dirección enteramente opuesta de la que tiene aquí abajo. Pídame que le explique estas corrientes del viento; pero suponga que, porque no puedo explicarlas, y no las entiendo, yo tomara una posición y afirmara: "Oh, no hay tal cosa como el viento." Puedo imaginar a alguna muchachita diciendo: "Yo sé más sobre esto que éste hombre; muchas veces oí al viento, y sentí lo sentí soplando contra mi rostro"; y ella podría decir: "¿No arrancó el viento a mi paraguas de mis manos el otro día? ¿y no vi que sacó el sombrero de un hombre en la calle? ¿No lo he visto soplando sobre los árboles en el bosque, y sobre el maíz que crece en el campo?"

Usted exactamente podría decirme que no hay tal cosa como el viento, tanto como que no hay tal cosa como un hombre siendo nacido del Espíritu. Yo sentí el Espíritu de Dios obrando en mi corazón, tan realmente y tan verdaderamente como sentí al viento soplando en mi rostro. No puedo explicar esto. Hay muchas cosas que no puedo explicar, pero que creo. Yo nunca podría explicar la creación. Yo puedo ver el mundo, pero no puedo decir cómo Dios lo hizo de la nada. Pero casi toda persona reconoce que hubo un poder creador.

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Imposible de explicar todo

Hay muchísimas cosas que no puedo explicar y que no puedo entender, y sin embargo lo creo. Oí decir a un vendedor viajante que él había oído que el ministerio y la religión de Jesucristo eran cuestiones de revelación y no de investigación.

"Cuando plugo a Dios...revelar a su Hijo en mí" dice Pablo (Gálatas 1:15-16).

Había un grupo de hombres jóvenes, recorriendo el país; y durante su viaje se propusieron no creer nada que no pudieran explicar. Un hombre anciano les oyó y rápidamente les dijo: "Oí que dijeron que no creerían en nada que no pudieran explicar."

"Sí", dijeron, "así es."

"Bien", dijo él, "viniendo en el tren hoy, observé algunos gansos, algunas ovejas, algunos cerdos, y algunas vacas, todos comiendo hierba. ¿Pueden decirme por que proceso aquella misma hierba fue convertida en pelo, plumas, cerdas y lana? ¿Creen que esto es un hecho?"

"Oh sí", dijeron, "no podemos evitar creer eso, aunque no podamos entenderlo."

"Bien", dijo el hombre anciano, "yo no puedo evitar creer en Jesucristo."

Y yo no puedo evitar creer en la regeneración del hombre, cuando veo hombres que han sido restaurados, cuando veo hombres que han sido reformados. ¿No fueron regenerados algunos de los peores hombres, no han sido sacados del lodo cenagoso; y puesto sus pies sobre la Roca, y no ha sido puesta una canción nueva en sus bocas? Sus lenguas estaban maldiciendo y blasfemando, y ahora están ocupadas en alabar a Dios. Las cosas viejas pasaron; y todas son hechas nuevas. Ellos no sólo son reformados, sino REGENERADOS -son nuevos hombres en Cristo Jesús.

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Resultados prácticos en la vida real

Allí en las oscuras callejuelas de una de nuestras grandes ciudades hay un pobre borracho. Creo que si usted quiere estar cerca del infierno, debería ir al hogar de un pobre borracho. Vaya a la casa de ese pobre miserable borracho. ¿Hay sobre la tierra algo más similar al infierno? Vea la indigencia y angustia que reina allí. ¡Pero escuche! Se oye unos pasos en la puerta, y los niños corren y se ocultan. La paciente esposa espera encontrar al hombre. Él ha sido su tormento. Muchas veces a llevado las marcas de sus golpes durante semanas. Muchas veces esa fuerte mano derecha ha sido descargada sobre su indefensa cabeza. Y ahora ella esta esperando oír sus insultos y sufrir su brutal tratamiento. Él entra y le dice: "He estado en la Reunión; y allí oí que si quiero puedo convertirme. Creo que Dios es capaz de salvarme." Vuelva a esa casa después de algunas semanas y ¡qué cambio! Cuando usted se acerca escucha a alguien cantando. No es la canción de una jarana, sino la tonada de aquel buen himno antiguo, "Roca de la eternidad". Los niños ya no temen al hombre, sino que se agrupan alrededor de sus rodillas. Su esposa esta cerca de él, su rostro resplandece con un fulgor de felicidad. ¿No es ese el cuadro de la Regeneración? Puedo llevarle a muchos de esos hogares, hechos felices por el poder regenerador de la religión de Cristo. Lo que los hombres desean es el poder para vencer la tentación, el poder para llevar una vida recta.

La única forma de entrar al reino de Dios es ser "nacido" en éste. La ley en este país requiere que el Presidente debe ser nacido en este país. Cuando los extranjeros vienen a nuestras costas, no tienen derecho a quejarse contra una ley así, que les prohíbe ser Presidentes alguna vez. Ahora bien, ¿no tiene Dios derecho a hacer una ley de que todos los que sean herederos de la vida eterna deben ser "nacidos" en su reino?

Un hombre irregenerado preferiría estar en el infierno antes que en el cielo. Tome un hombre cuyo corazón esté lleno de corrupción y maldad y colóquelo entre los puros, los santos, y los redimidos; y no desearía permanecer allí. Ciertamente, si vamos a ser felices en el cielo debemos comenzar a hacer un cielo aquí en la tierra. El cielo es un lugar preparado para gente preparada. Si un apostador o un blasfemo fuera tomado de las calles de Nueva York y colocado en el suelo de cristal del Cielo y bajo la sombra del árbol de la vida él diría: "No quiero permanecer aquí." Si los hombres fueran llevados al cielo exactamente como son por naturaleza, sin tener sus corazones regenerados, habría otra rebelión en el cielo. El cielo es llenado con una compañía de aquellos que han nacido DOS VECES.

En los versículos 14 y 15 de este capítulo [3 de Juan] leemos:

"Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que TODO AQUEL que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna."

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"Todo aquel"

¡Observe eso! Permítanme decirles a ustedes que no son salvos lo que Dios ha hecho por ustedes. Él ha hecho todo lo que podía por su salvación. No necesita esperar que Dios haga nada más. En un lugar Él contesta la pregunta sobre que más podría haber hecho Él:

"¿Qué más se había de hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?" (Isaías 5:4).

Él envió sus profetas, y los mataron; entonces envió a su amado Hijo, y ellos lo mataron. Ahora ha enviado al Espíritu Santo para convencernos de pecado y para mostrarnos cómo habremos de ser salvados.

En este capítulo se nos dice cómo los hombres vamos a ser salvados, esto es, por Aquél que fue levantado sobre la cruz. Exactamente como Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto, así debió ser levantado el Hijo de Dios, "para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna" (Juan 3:15). Si ustedes se pierden, no será por causa del pecado de Adán.

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El caso ilustrado

Permítame ilustrar esto; y quizás podrá entender mejor esto. Suponga que yo estuviera muriendo de tuberculosis, que heredé de mi padre o de mi madre. Yo no obtuve la enfermedad por alguna culpa mía, por algún descuido de mi salud; yo la heredé, supongamos. Un amigo se me acerca, me observa, y dice: "Moody, tienes tuberculosis."

Yo respondo: "Lo sé muy bien; no quiero que nadie me diga eso."

"Pero", dice él, "hay un remedio."

"Pero, señor, no creo eso. He probado los principales médicos en este país y en Europa; y me dijeron que no hay esperanza."

"Pero tu me conoces, Moody; me has conocido por años."

"Sí señor."

"¿Crees, entonces que te diría una falsedad?"

"No."

"Bien, hace diez años yo estaba en mal estado. Los médicos se habían rendido y estaba por morir; pero tomé esta medicina y me curó. Estoy perfectamente bien. Míreme."

Yo le digo que este es "un caso muy extraño".

"Sí, puede ser extraño; pero es un hecho. La medicina me curó: toma esta medicina, te curará. Aunque me ha costado mucho, no te costará nada a ti. No menosprecies esto, te lo pido."

"Bien", digo, "me gustaría creerte; pero esto es contrario a mi razón."

Al oír esto, mi amigo se va y vuelve con otro amigo, y éste testifica lo mismo. Yo todavía estoy incrédulo; entonces él se va, y trae otro amigo, y otro, y otro, y otro; y todos testifican lo mismo. Ellos dicen que estuvieron tan mal como yo; que tomaron la misma medicina que me fue ofrecida; y que ésta los ha curado. Mi amigo entonces me pasa la medicina. Yo la arrojo al suelo; yo no creo en su poder salvador; yo muero. La razón es entonces que desprecié el remedio. Entonces, si usted perece, no será porque Adán cayó; sino porque usted despreció el remedio ofrecido para salvarle. Porque eligió la oscuridad antes que la luz. ¿Cómo escaparemos entonces, si tuviéremos en poco una salvación tan grande? No hay esperanza para usted si menosprecia el remedio. Ciertamente no sirve mirar a la herida. Si hubiésemos estado en el campamento israelita y hubiésemos sido mordidos por una de las serpientes ardientes, no nos hubiese servido mirar la herida. Mirar una herida nunca salvará a nadie. Lo que usted debe hacer es mirar al Remedio –mire al que tiene el poder de salvarle de su pecado.

¡Observe el campamento de los israelitas; vea la escena que es trazada ante nuestros ojos! Muchos están muriendo porque no dan importancia al remedio que les es ofrecido. En ese árido desierto hay gran cantidad de cortas y pequeñas tumbas; muchos niños han sido mordidos por las serpientes ardientes. Los padres y madres están llevando sus hijos. Más allá ellos están enterrando a una madre; una amada madre está por ser puesta en la tierra. Toda la familia, llorando, se reúne alrededor de la figura amada. Usted escucha los tristes clamores; usted ve las amargas lágrimas. El padre está siendo llevado a su último lugar de descanso. Lamentos ascienden por todo el campamento. Se derraman lágrimas por miles que han fallecido; miles más están muriendo; y la plaga es feroz desde un extremo del campo al otro.

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La vida en una mirada

Veo en una tienda a una madre israelita inclinada sobre el cuerpo de un amado muchacho recién entrando en la flor de la vida, apenas madurando su adultez. Ella está secando el sudor de muerte que aparece sobre su frente. Pero un poco después, y sus ojos están fijos y vidriosos, porque la vida está decayendo rápidamente. El corazón de la madre está desgarrado y sangrante. Repentinamente oye un ruido en el campamento. Se levanta un gran clamor . ¿Qué sucede? Ella va hasta la puerta de la tienda. "¿Qué es ese ruido en el campamento?" pregunta a los que pasan por allí. Y alguno le dice:

"Oh, mi buena mujer ¿no ha oído las buenas noticias que han llegado al campamento?"

"No", dice la mujer, "¡Buenas noticias! ¿Cuáles?"

"Oh, ¿no ha oído acerca de esto? Dios ha provisto un remedio."

"¡¿Qué?! ¿para los israelitas mordidos? ¡Oh, dígame cual es el remedio!"

"Oh, Dios ha instruido a Moisés para hacer una serpiente de bronce, y para ponerla sobre un asta en el medio del campamento; y Él ha declarado que cualquiera que la mire vivirá. El clamor que usted oyó es el clamor del pueblo cuando vieron a la serpiente levantada."

"Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre la bandera: y será que cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de metal, y púsola sobre la bandera, y fue, que cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de metal, y vivía." (Números 21:8,9).

La madre vuelve a entrar en la tienda, y dice: "Mi muchacho, tengo buenas noticias para decirte. ¡No es inevitable que mueras! ¡Mi muchacho, mi muchacho, tengo buenas noticias; tú puedes vivir!" Él ya se está entumeciendo; está tan débil, no puede caminar hasta la puerta de la tienda. Ella pone sus fuertes brazos debajo de él y lo alza. "¡Mira allá; mira justo allá bajo la colina!" Pero el muchacho no ve nada; él dice:

"No veo nada; ¿qué es, madre?"

Y ella dice: "Mantente mirando, y lo verás."

Al fin percibe el brillo de la serpiente; y he aquí, ¡él está bien! Y así es con muchos jóvenes convertidos. Algunos hombres dicen: "Oh, no creemos en conversiones repentinas." ¿Cuánto tiempo llevó para que se curara ese muchacho? ¿Cuánto tiempo llevó para que se curaran aquellos israelitas mordidos por serpientes? Sólo una mirada; y ellos estuvieron bien.

Ese muchacho hebreo es un joven convertido. Yo puedo imaginar que lo veo ahora visitando a aquellos que estaban con él para alabar a Dios. Él ve otro hombre joven mordido como él estaba; y corre hasta él y le dice: "No es inevitable que mueras."

"Oh", contesta el joven hombre, "no puedo vivir; eso no es posible. No hay un médico en Israel que pueda curarme." Él no sabe que no es inevitable que muera.

"Oh, ¿no has oído las noticias? Dios ha provisto un remedio."

"¿Qué remedio?"

"Oh, Dios ha dicho a Moisés que levante una serpiente de metal, y ha dicho que ninguno de los que miren a la serpiente morirá."

Yo puedo imaginar al joven hombre. Él podría ser lo que se llama un joven hombre intelectual. Él dice al joven convertido: "Tú no piensas que voy a creer algo como eso. Si los médicos en Israel no pueden curarme, ¿cómo piensas que una vieja serpiente de metal sobre un asta va a curarme?"

"¡Porque, señor, yo estuve tan mal como tú!"

"¡No digas eso!"

"Sí, ciertamente."

"Esa es la cosa más asombrosa que jamás he oído", dice el joven hombre. "Desearía que me explicaras la filosofía de esto."

"Yo no puedo. Sólo sé que miré a esa serpiente, y fui curado. Eso lo hizo.

Sólo miré; Eso es Todo.

"Mi madre me contó las noticias que se estaban oyendo en el campamento; y yo sólo creí lo que mi madre dijo, y estoy perfectamente."

"Bien, no creo que fueras mordido tan gravemente como yo lo fui."

El joven levanta su manga. "¡Mira aquí! Esta marca muestra donde fui mordido; y te digo que estuve peor de lo que tú estás."

"Bien, si yo entendiera la filosofía de esto, miraría y me pondría bien."

"Abandona tu filosofía: mira y vive."

"Pero, señor, me pides que haga una cosa ilógica. Si Dios hubiera dicho, toma el bronce y frótalo sobre la herida, podría haber algo en el bronce que curaría la mordedura. Joven, explica la filosofía de esto."

Muchas veces vi gente delante de mí que habló de esa forma. Pero el joven llama a otro, y lo hace entrar a la tienda, y dice: "Sólo dile cómo el Señor te salvó"; y él cuenta exactamente la misma historia; y él llama a otros, y todos dicen lo mismo.

El joven hombre dice que esto es una cosa muy extraña. "Si el Señor hubiera dicho a Moisés que fuera y consiguiera algunas hierbas o raíces, y que las cocinara, y que tomara el producto como una medicina, eso sería algo. Pero es tan contrario a la naturaleza hacer una cosa como mirar a la serpiente, que no puedo hacerlo."

Al fin su madre, que había estado afuera en el campamento, entra, y dice: "Mi muchacho, tengo justo las mejores noticias del mundo para ti. Estuve en el campamento, y vi cientos que estaban muy cerca de la muerte, y todos ellos están perfectamente ahora."

El joven hombre dice: "Me gustaría ponerme bien; es muy doloroso pensar en morir; yo quiero entrar a la tierra prometida, y es terrible morir aquí en este desierto; pero el hecho es que no entiendo el remedio. Éste no satisface a mi razón. No puedo creer que puedo ponerme bien en un momento." Y el joven hombre muere a consecuencia de su propia incredulidad.

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El remedio de Dios para el pecado

Dios proveyó un remedio para este israelita mordido: "¡Mira y vive!" Y hay vida eterna para cada pobre pecador. Mire, y puede ser salvado, mi lector, en esta misma hora. Dios ha provisto un remedio; y éste es ofrecido a todos. El problema es, que muchos están mirando al asta. No mire al asta; es decir la iglesia, [y está hablando de una verdadera iglesia cristiana evangélica con sana doctrina bíblica]. No necesita mirar la iglesia; la iglesia está bien, pero la iglesia no puede salvarle. Mire más allá del asta. Mire al Crucificado. Mire al Calvario. Tenga en mente, pecador, que Jesús murió por todos. No necesita mirar a los predicadores; ellos son sólo instrumentos elegidos por Dios para presentar el Remedio, para presentar a Cristo. Y entonces, mi amigo, aparte sus ojos de los hombres; aparte sus ojos de la iglesia. Elévelos a Jesús; quien quitó el pecado del mundo y tendrá vida desde esta hora.

Gracias a Dios, no necesitamos educación para aprender cómo mirar. Aquella pequeña niña, aquel pequeño niño, de sólo cuatro años, que no saben leer, pueden mirar. Cuando el padre está entrando a la casa, la madre dice a su niñito: "¡Mira! ¡mira! ¡mira!" y el pequeño niño aprende a mirar mucho antes de cumplir un año. Y esa es la forma de ser salvado. Es por mirar a

"el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo."(Juan 1:29);

y hay vida en este momento para cada uno que quiera mirar.

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Cómo ser salvado

Algunas personas dicen: "Quisiera saber cómo ser salvado." Sólo tómele la palabra a Dios y confíe en su Hijo en este mismo día, en esta misma hora, en este mismo momento. Él le salvará si usted confía en Él. Imagino oír a alguien diciendo: "no siento la mordedura tanto como desearía. Yo sé que soy un pecador, y todo eso; pero no siento lo suficiente la mordedura." ¿Cuánto quiere Dios que la sienta?

Cuando estuve en Belfast conocí un doctor que tenía un amigo, un importante cirujano de allá; y él me contó que la costumbre del cirujano, antes de realizar alguna operación, era decir al paciente: "Dé una buena mirada a la herida, y entonces fije sus ojos en mí; y no los aparte hasta que termine." Inmediatamente pensé que esa era una buena ilustración. Pecador, dé una buena mirada a su herida; y entonces fije sus ojos en cristo, y no los aparte de Él. Es mejor mirar al Remedio que a la herida. Vea que pobre miserable pecador es usted; y entonces mire al "Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." Él murió por el impío y el pecador. Diga: "¡me apropiaré de Él!" Y pueda Dios ayudarle a elevar sus ojos hacia el Hombre en el Calvario. Y como los Israelitas miraron sobre la serpiente y fueron sanados, así usted puede mirar y vivir.

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El soldado agonizante

Después de la batalla del Desembarcadero de Pittsburgh estuve en un hospital en Murfreesboro. En el medio de la noche fui despertado y se me dijo que un hombre en uno de los pabellones quería verme. Fui hasta él y me llamó "capellán" –yo no era el capellán- y me dijo que quería que lo ayudara a morir.

Y le dije: "Yo te alzaría en mis brazos y te llevaría hasta el reino de Dios si pudiera; pero no puedo hacerlo. ¡No puedo ayudarte a morir!"

Y él dijo: "¿Quién puede?"

Le dije: "El Señor Jesucristo puede –Él vino con ese propósito."

Meneó su cabeza, y dijo: "Él no puede salvarme; yo he pecado toda mi vida."

Y le dije: "Pero Él vino a salvar a los pecadores."

Pensé de su madre en el norte, y yo estaba seguro de que ella estaba ansiosa para que él muriera en paz; entonces decidí que permanecería con él. Oré dos o tres veces, y repetí todas las promesas que pude; porque era evidente que en pocas horas moriría,

Le dije que quería leerle una conversación que Cristo tuvo con un hombre que estaba inquieto acerca de su alma. Me dirigí al tercer capítulo de Juan. Sus ojos estaban fijos en mí; y cuando llegué a los versículos 14 y 15 -el pasaje que estamos considerando- él se aferró a las palabras:

"Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna."

Él me detuvo y dijo: "¿Eso está allí?"

Yo dije "Sí". Él me pidió que lo leyera nuevamente; y así hice.

Él apoyó sus codos sobre el catre, y poniendo juntas sus manos, dijo: "Eso es bueno; ¿me lo lee otra vez?"

Yo lo leí por tercera vez; y entonces continué con el resto del capítulo. Cuando había finalizado, sus ojos se cerraron, sus manos estaban una sobre otra, y había una sonrisa en su rostro. ¡Oh, cómo estaba iluminado éste! ¡Qué cambio se había producido en él! Vi sus labios moviéndose rápidamente, e inclinándome sobre él le oí en un débil susurro:

"Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna."

Abrió sus ojos y dijo: "Eso es suficiente; no me lea nada más." Él pasó algunas horas, reposando sobre aquellos dos versículos; y entonces subió en uno de los carruajes de Cristo para tomar su lugar en el Reino de Dios.

Cristo dijo a Nicodemo:

"El que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios."

Usted puede ver muchos países; pero hay un país -la tierra de Beulah, [Isaías 62:4], que John Bunyan contempló en su imaginación- usted nunca lo contemplará, a menos que naciere de nuevo –a menos que sea regenerado por Cristo. Usted puede mirar a cualquier parte y ver muchos hermosos árboles; pero nunca contemplará el árbol de la vida a menos que sus ojos sean despejados por la fe en el Salvador. Usted puede ver los hermosos ríos de la tierra –puede pasear por sus corrientes; pero tenga presente que sus ojos nunca reposarán sobre el río que brota del Trono de Dios y que fluye por todo el Reino de lo alto, a menos que naciere de nuevo. Dios ha dicho esto; y no el hombre. Usted nunca verá el reino de Dios a menos que nazca de nuevo. Puede ver los reinos y los señores de la tierra; pero nunca verá al Rey de reyes y Señor de señores a menos que naciere otra vez. Cuando usted está en Londres puede ver la Torre y la corona de Inglaterra que vale miles de dólares, y es custodiada por soldados; pero tenga presente que sus ojos nunca descansarán sobre la corona de vida a menos que naciere otra vez.

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Qué perderán aquellos que no nacieren de nuevo

Usted puede oír los cánticos de Sión que son cantados aquí; pero el cántico –el de Moisés y el Cordero, [Apocalipsis 15:3]- nunca oirá el oído incircunciso: su melodía sólo deleitará el oído de aquellos que han nacido de nuevo. Usted puede mirar las hermosas mansiones de la tierra; pero tenga presente que nunca verá las mansiones que Cristo ha ido a preparar a menos que naciere de nuevo. Es Dios quien lo dice. Usted puede ver diez mil cosas hermosas en este mundo, pero la ciudad de la que Abraham tuvo un vistazo –y desde ese momento fue un peregrino y un extranjero- nunca la verá a menos que naciere otra vez (Hebreos 11:8, 10-16). Usted puede ser invitado muchas veces a fiestas de bodas aquí; pero nunca asistirá a la cena de bodas del cordero a menos que naciere de nuevo. Es Dios quien lo dice, querido amigo. Usted puede estar mirando el rostro de su bendita madre esta noche, y sentir que ella está orando por usted; pero vendrá el tiempo cuando usted no la verá nunca más a menos que naciere de nuevo.

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Una promesa a la madre

El lector puede ser un hombre joven o una dama joven que ha estado recientemente junto a una madre agonizante; y ella puede haberle dicho: "Asegúrate de encontrarme en el cielo", y usted se lo prometió. ¡Ah! Usted nunca más la verá, excepto que naciere de nuevo. Yo creo más a Jesús de Nazaret que a aquellos infieles que dicen que usted no necesita nacer de nuevo. Padres, si esperan ver a sus hijos que han partido, deben nacer del Espíritu. Posiblemente usted sea un padre o una madre que ha debido llevar recientemente a un amado hasta la tumba; ¡y cuán oscuro parece su hogar! Nunca verá nuevamente a su niño, a menos que naciere de nuevo. Si desea ser reunido con su amado, debe nacer de nuevo.

Puedo estar hablando a un padre o a una madre que tiene un amado allá arriba. Si usted pudiera oír la voz de aquel amado, ésta diría: "Ven por este camino." ¿Tiene usted un santo amigo allá arriba? Joven hombre o joven mujer, ¿no tienes una madre en el mundo de luz? Si pudieras oírla, ¿no te diría: "Ven por este camino, mi hijo", "Ven por este camino, mi hija"? Si quiere verla otra vez debes nacer de nuevo.

Todos tenemos un Hermano Mayor allí, [Cristo, como el hijo del hombre, aunque somos verdaderamente sus hermanos sólo después de nacer de nuevo]. Hace más de mil novecientos años Él subió, y desde las costas celestiales Él te está llamando al cielo. Volvamos nuestras espaldas al mundo. No escuchemos al mundo. Miremos sólo a Jesús para ser salvados. Entonces un día veremos al Rey en su belleza, y no nos separaremos nunca.

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CAPÍTULO 3.
Las dos clases
"Dos hombres subieron al templo a orar" -Lucas 18:10.

AHORA quiero hablar de las dos clases:

1. Primero, aquellos que no sienten su necesidad de un Salvador, los que no han sido convencidos de pecado por el Espíritu; y

2. Segundo, aquellos que están convencidos de pecado y exclaman: "¿qué es menester que yo haga para ser salvo?"(Hechos 16:30).

Todos los indagadores pueden ser clasificados bajo dos categorías: o tienen el espíritu del fariseo, o el espíritu del publicano.

Si un hombre con el espíritu del fariseo se acerca después de una reunión, no conozco de mejor porción de la Escritura para su caso que Romanos 3:10:

"Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios"

Pablo está hablando aquí del hombre natural.

"Todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno"

Y en el versículo 17 y los siguientes, tenemos:

"Y camino de paz no conocieron: No hay temor de Dios delante de sus ojos. Empero sabemos que todo lo que la ley dice, a los que están en la ley lo dice, para que toda boca se tape, y que todo el mundo se sujete a Dios."

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¿Quién ha pecado?

Entonces observe la última cláusula del versículo 22:

"Porque no hay diferencia; por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios"

No parte de la familia humana, sino todos, "pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." Otro versículo que ha sido muy usado para convencer a los hombres de su pecado es 1 Juan 1:8:

"Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros."

Recuerdo que en una ocasión estábamos realizando reuniones en una ciudad del Este de cuarenta mil habitantes; y una dama vino y nos pidió que oráramos por su esposo, a quien quería traer después de la reunión. Yo viajé mucho y encontré muchos hombres farisaicos; pero éste estaba tan acorazado en su justicia propia que no se podía encontrar por ningún lado el punto para convencerle. Le dije a su esposa: "Me alegra ver su fe: pero no podemos acercarnos a él; él es el hombre con mayor justicia propia que alguna vez vi." Ella dijo: "¡Usted debe! Mi corazón se quebrará si estas reuniones terminan sin su conversión." Ella persistió en traerlo; yo casi me hastié de verlo.

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Pidió oraciones para él

Pero hacia el fin de nuestras reuniones de treinta días, él se acercó a mí y puso su temblorosa mano sobre mi hombro. El lugar en el que se hacían las reuniones estaba bastante frío, y había un cuarto adjunto en el que se había encendido una estufa; y él me dijo: "¿No puede entrar aquí por unos minutos?" Yo pensé que estaba temblando de frío, y yo personalmente tampoco quería ir donde estaba más frío. Pero él dijo: "Yo soy el peor hombre en el Estado de Vermont . Quiero que ore por mí." Yo pensé que había cometido un asesinato, o algún otro terrible crimen; y le pregunté: "¿Hay algún pecado que le preocupe especialmente?" Y él dijo: "Mi vida entera ha sido un pecado. Yo he sido un orgulloso, fariseo con propia justicia. Quiero que ore por mí." Él estaba bajo una profunda convicción. El hombre no podría haber producido este resultado; pero el Espíritu lo hizo. Alrededor de las dos de la mañana la luz entró en su alma; y él fue de arriba a abajo por la calle comercial de la ciudad y dijo lo que Dios había hecho por él; y ha sido un cristiano sumamente activo desde entonces.

Hay otros cuatro pasajes en relación con los indagadores, que fueron empleados por Cristo mismo.

En Lucas 13:3 leemos:

1. "Si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente."

En Mateo 18, cuando los discípulos fueron a Jesús para saber quien era el más grande en el Reino de los Cielos, se nos dice que tomó a un niñito y lo puso en el medio y dijo:

2. "De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (18:1-3).

Hay otro importante "Si" en Mateo 5:20:

3. "Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos."

Un hombre debe ser apto antes de querer entrar al reino de Dios. Preferiría entrar al reino con el menor de los hermanos que permanecer afuera con el mayor [de los hermanos de la parábola del hijo pródigo (Lucas 15:11-32)]. El cielo sería el infierno para uno así. Un hermano mayor que no podía gozarse por el retorno de su hermano menor, no sería "apto" para el reino de Dios. Esto es algo solemne para contemplar; pero la cortina se baja y lo deja afuera, y al hermano menor adentro. Para él parece apropiado el lenguaje del Salvador hablando en otras circunstancias:

4. "De cierto os digo, que los publicanos y las rameras os van delante al reino de Dios." (Mateo 21:31).

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Defendiendo al hermano mayor

Una dama vino una vez a mí y quería un favor para su hija. Ella dijo: "Debe recordar que no simpatizo con usted en su enseñanza." Le pregunté: "¿Cuál es su inquietud?" Ella dijo: "Creo que su maltrato por el hermano mayor es horrible. Creo que él es de un noble carácter." Le dije que estaba deseoso de oírla defenderlo; pero que era una cosa solemne tomar semejante posición; y que el hermano mayor necesitaba convertirse tanto como el menor. Cuando la gente habla de ser moral es muy bueno hacerles dar una buena mirada al hombre anciano hablando con su muchacho [el hermano mayor] que no quería entrar [Lucas 15:28].

Pero continuaremos ahora con la otra clase con la que debemos tratar. Está compuesta por los que están convencidos de pecado, quienes exclaman como el carcelero de Filipos: "¿Qué es menester que yo haga para ser salvo?" Para aquellos que pronuncian este doloroso clamor no hay necesidad de impartirles la ley. Es bueno traerlos directamente a la Escritura:

"Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo" (Hechos 16:31).

Muchos fruncirán el ceño y le dirán: "No sé lo que es creer". Y aunque la ley del cielo es que deben creer para ser salvados, todavía preguntan por algo más aparte de eso. Debemos decirles qué, y dónde, y cómo creer.

En Juan 3:35 y 36 leemos:

"El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dio en su mano. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él."

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Esto parece razonable

El hombre perdió la vida por la incredulidad -por no creer la palabra de Dios; y recuperamos la vida por creer -tomándole a Dios su palabra. En otras palabras somos levantados donde Adán cayó. Él tropezó y cayó por la piedra de la incredulidad; y somos levantados y puestos erguidos por creer. Cuando la gente diga que no puede creer, muéstrele lo que está escrito y dígales justo esto: "¿Ha roto Dios su promesa alguna vez en estos seis mil años?" El diablo y los hombres han estado tratando todo el tiempo y no han tenido éxito en mostrar que Él haya quebrantado una sola promesa; y habrá júbilo en el infierno hoy si una palabra que Él ha hablado pudiera ser quebrantada. Si un hombre dice que no puede creer es bueno insistir sobre eso sólo.

Puedo creer más en Dios hoy que en mi propio corazón:

"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9).

Puedo creer más en Dios que en mí mismo. Si quiere conocer el camino de la vida, crea que Jesucristo es un Salvador personal, líbrese de doctrinas y credos, y acuda directamente al corazón del Hijo de Dios. Si se ha estado alimentando en una doctrina seca no hay mucho crecimiento en esa clase de comida. Las doctrinas son al alma lo que las calles que llevan a la casa de un amigo que me ha invitado a comer son al cuerpo. Ellas me llevarán allí si tomo la correcta; pero si permanezco en las calles mi hambre nunca será satisfecha. Alimentarse con doctrinas es como tratar de vivir de cáscaras secas; y ciertamente, permanecerá flaca el alma que no participe del Pan enviado desde el cielo.

Algunos preguntan: "¿Cómo mantendré alentado a mi corazón?" Creyendo. No obtendrá poder para amar y servir a Dios hasta que crea.

El apóstol Juan dice:

"Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque éste es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo. Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida" (1 Juan 5:9-12).

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El valor del testimonio de los hombres

Los negocios humanos se paralizarían si no aceptáramos el testimonio de los hombres. ¿Cómo progresaríamos en la comunicación ordinaria de la vida y cómo progresaría el comercio, si no consideráramos el testimonio de los hombres? ¡Los asuntos sociales y comerciales llegarían a un punto muerto en cuarenta y ocho horas! Este es el sentido del argumento del Apóstol aquí. "Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor". Dios ha dado testimonio de Jesucristo y si los hombres pueden creer a sus semejantes que frecuentemente están diciendo mentiras y siendo constantemente hallados infieles, ¿porqué no le tomaríamos la palabra a Dios y no le creeríamos su testimonio?

La fe es una creencia en un testimonio. No es un salto en la oscuridad, como algunos nos dicen. Eso absolutamente no sería fe. Dios no pide a ningún hombre que crea sin dar algo para creer. Usted también podría pedir a un hombre que vea sin ojos; que oiga sin oídos; y que camine sin pies de la misma forma que ofrecerle que crea sin darle algo para creer.

Cuando partí para California conseguí una guía de viajes. Ésta me decía, que después de salir del Estado de Illinois, debía cruzar el río Misisipi, y luego el Missouri; entrar a Nebraska; luego ir por la Montañas Rocallosas hasta el asentamiento mormón en la ciudad de Salt Lake, y proseguir por el camino de la Sierra Nevada en San Francisco. Encontré que la guía de viajes estaba correcta a medida que avanzaba; y yo debería ser un miserable escéptico si, habiéndose probada correcta tres cuartos del camino, hubiera dicho que no le creería por el resto del viaje.

Supongamos que un hombre, al dirigirme a la oficina de correos, me diera diez marcas en el camino; y que, en mi avance, encontrara nueve de ellas como él me dijo; tendría una buena razón para creer que estaba llegando a la oficina de correos.

Y si, por creer, obtengo una nueva vida, y una esperanza, una paz, un gozo, y un reposo para mi alma, que nunca antes tuve; si obtengo autocontrol, y encuentro que tengo poder para resistir al mal y para hacer el bien, tengo suficiente prueba de que estoy en el camino correcto a la "ciudad con fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios" (Hebreos 11:10). Y si las cosas han sucedido, y están sucediendo ahora, como está registrado en la Palabra de Dios, tengo buena razón para concluir que lo que resta será cumplido. Y todavía la gente habla de dudar. No puede haber verdadera fe donde hay temor. La fe es tomarle la palabra a Dios, incondicionalmente. No puede haber verdadera paz donde hay temor. "El perfecto amor echa fuera el temor" (1 Juan 4:18). ¡Qué miserable sería una esposa si dudara de su marido! ¡y qué miserable se sentiría una madre si después de que su muchacho partiera del hogar ella tuviera razones, a causa del olvido de él, a cuestionar la devoción de aquel hijo! El verdadero amor nunca tiene una duda.

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Conocimiento, aceptación, apropiación

Hay tres cosas indispensables para la fe: conocimiento, aceptación, y apropiación.

Debemos conocer a Dios.

"Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado" (Juan 17:3).

Luego no sólo debemos dar nuestra aceptación a lo que conocemos; sino que debemos apropiarnos de la verdad. Si un hombre simplemente da su asentimiento al plan de salvación, eso no lo salvará. Debe aceptar a Cristo como su Salvador. Debe recibirlo y apropiarse de Él.

Algunos dicen que no saben cómo puede ser afectada la vida de un hombre por lo que cree. Pero que alguno grite que algún edificio dentro del cual estemos sentados, se está incendiando; y veríamos cuán rápidamente actuaríamos por nuestra creencia y así saldríamos. Todo el tiempo somos influenciados por lo que creemos. No podemos evitarlo. Y que un hombre crea el testimonio que Dios ha dado de Cristo, y eso afectará muy rápidamente toda su vida.

Tomemos Juan 5:24. Hay bastante verdad en ese solo versículo para que toda alma dependa de él para salvación. Éste no admite sombra de duda.

"De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene –tiene- vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida."

Ahora bien, si alguien oye realmente la palabra de Jesús y cree con el corazón a Dios que envió al Hijo para ser el Salvador del mundo, y se sujeta y se apropia de esta gran salvación, no hay temor de juicio. Él no estará mirando hacia delante con temor al Gran Trono Blanco; porque leemos en 1 Juan 4:17:

"En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo."

Si creemos, no hay condenación para nosotros, no hay juicio. Eso está detrás nuestro, y ha pasado, y tendremos confianza en el día del juicio.

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Tenía el perdón en su bolsillo

Recuerdo haber leído de un hombre que estuvo enjuiciado por su vida. Él tenía amigos con influencia; y ellos consiguieron un perdón para él de parte del rey con la condición de que atravesaría el juicio, y sería condenado. Él fue a la corte con el perdón en su bolsillo. Los sentimientos aumentaron mucho en su contra, y el juez dijo que la corte estaba impactada porque él estaba tan despreocupado. Pero, cuando se pronunció la sentencia, extrajo el perdón, lo presentó, y salió como un hombre libre. Él había sido perdonado; y así lo somos nosotros. Que venga entonces la muerte, no tenemos nada que temer. Todos los sepultureros del mundo no pueden cavar una tumba suficientemente grande y suficientemente profunda y suficientemente hermética como para retener a la vida eterna. La muerte ha puesto su mano sobre Cristo una vez, pero no lo hará nunca más.

Jesús dijo:

"Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente." (Juan 11:25-26).

Y en el Apocalipsis leemos lo que el Salvador resucitado dijo a Juan:

"Y [yo soy] el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos" (Apocalipsis 1:18).

La muerte no puede tocarle nuevamente.

Por creer obtenemos la vida. De hecho obtenemos más que lo que Adán perdió; porque el redimido hijo de Dios es heredero a una herencia más rica y gloriosa que Adán nunca podía haber concebido en el Paraíso: ¡sí!, y esa herencia dura para siempre -no puede ser quitada.

Prefiero mucho más tener mi vida escondida con Cristo en Dios que haber vivido en el Paraíso; porque Adán podía haber pecado y caído después de haber estado allí diez mil años. Pero el creyente está más seguro, si estas cosas se vuelven reales para él. Hagámoslas un hecho, y no una ficción. Dios lo ha dicho, y eso es suficiente. Confiemos en Él aún donde no podamos ver una señal suya. Que nos anime la misma confianza que tenía la pequeña Maggie como lo relata el siguiente simple pero conmovedor incidente que leí en Bible Treasury:

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La historia de Maggie

"Había estado ausente de mi hogar por algunos días, y me preguntaba, cuando me acercaba a casa, si mi pequeña Maggie, apenas capaz para sentarse sola, me recordaría. Para probar su memoria, me puse donde no podía ser visto por ella, y dije su nombre en el tono habitual: '¡Maggie!' Ella dejó sus juguetes, miró alrededor de la habitación, y entonces miró a sus juguetes. De nuevo repetí su nombre: '¡Maggie!' y ella una vez más examinó la habitación, pero, no viendo el rostro de su padre, parecía muy triste, y lentamente retomó su ocupación. Una vez más la llamé: '¡Maggie!' cuando, soltando sus juguetes, y rompiendo a llorar, estiró sus brazos en la dirección desde donde provenía el sonido, sabiendo que, aunque no podía verlo, su padre debía estar allí PORQUE ELLA CONOCÍA SU VOZ."

Entonces, tenemos poder para ver y oír, y tenemos poder para creer. Es una locura absoluta para los indagadores que naufraguen porque no pueden creer. Ellos pueden, si quieren. Pero el problema con la mayoría de la gente es que relacionan SENTIR con CREER. Ahora bien, Sentir no tiene nada que ver con Creer. La Biblia no dice: el que siente, o el que siente y cree, tiene vida eterna. Nada de eso. No puedo controlar mis sentimientos. Si pudiera, nunca me sentiría enfermo, o tendría dolor de cabeza o dolor de muela. Estaría bien todo el tiempo. Pero puedo creer a Dios; y si nos apoyamos en esa roca, que las dudas y temores vengan y que las olas emerjan alrededor nuestro, el ancla se mantendrá.

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La correcta clase de fe

Algunas personas están todo el tiempo mirando a su fe. La fe es la mano que toma la bendición. Escuché esta ilustración de un mendigo. Suponga que usted encontrara a un hombre a quien ha conocido por años como estando acostumbrado a mendigar; y usted le ofreciera algo de dinero, y él le dijera:

"Le agradezco; no quiero su dinero: no soy un mendigo."

"¿Cómo es eso?"

"La noche anterior un hombre puso mil dólares en mis manos."

"¡¿Lo hizo?! ¿Cómo supo que era buen dinero?"

"Lo llevé al banco y lo deposité y obtuve una cuenta bancaria."

"¿Cómo obtuvo este regalo?"

"Yo le pedí una limosna; y después de que el caballero habló conmigo sacó mil dólares en efectivo y los puso en mi mano."

"¿Cómo sabe que los puso en la mano correcta?"

"¿Qué importancia tiene cuál mano?; simplemente así obtuve el dinero."

Muchas personas siempre están pensando si la fe con la cual se aferran de Cristo es de la clase correcta -pero lo que es mucho más esencial es ver que tenemos la clase correcta de Cristo.

La fe es el ojo del alma; ¿y quién pensaría alguna vez en sacarse un ojo para ver si es de la clase correcta mientras que la vista es perfecta? No es mi sentido del gusto, sino lo que como, lo que satisface mi apetito. Entonces, queridos amigos, el medio de nuestra salvación es tomarle a Dios su palabra. La verdad no puede ser hecha más simple.

Hay un hombre que vive en la Ciudad de Nueva York que tiene una casa junto al Río Hudson. Su hija y la familia de ella fueron a pasar el invierno con él; y durante la temporada estalló la escarlatina. Una niña fue puesta en cuarentena, para separarla del resto. Cada mañana el anciano abuelo acostumbraba ir y decía "hasta luego" a su nieta", a su nieta antes de ir a sus ocupaciones. En una de esas ocasiones la pequeñita tomó al anciano por la mano, y, llevándolo a una esquina de la habitación, sin decir una palabra le señaló al suelo donde ella había preparado algunas galletitas que formaban las siguientes palabras: "Abuelo, quiero una caja de pinturitas." Él no dijo nada. Al volver a casa colgó su sobretodo y fue a la habitación como de costumbre; cuando su pequeña nietita, sin ver si su deseo había sido cumplido, lo llevó al mismo rincón, donde él vio escrito de la misma manera: "Abuelo, te agradezco por la caja de pinturitas." El anciano hombre no habría fallado en gratificar a la niña por nada. Eso era fe.

La fe es tomarle la palabra a Dios; y aquellos que quieren alguna señal siempre están en problemas. Queremos llegar a esto: DIOS LO DICE: CREÁMOSLO.

Pero algunos dicen, la Fe es un don de Dios. Así también lo es el aire; pero usted debe respirarlo. Así también lo es el pan; pero usted debe comerlo. Así también lo es el agua; pero usted debe beberla. Algunos están esperando una milagrosa clase de sentimiento. Eso no es la fe.

"La fe es por el oír; y el oír por la palabra de Dios" (Romanos 10:17).

De allí viene la fe. No por sentarme y esperar que venga arrebatándome con una sensación extraña; sino que es por tomarle a Dios su palabra. Y usted no puede creer, a menos que tenga algo para creer. Entonces tome la Palabra como está escrita, y aprópiese de ella, y aférrese a ella.

En Juan 6:47-48 leemos:

"De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida."

Allí está el pan justo a la mano. Participe de éste. Yo podría tener mil panes en mi casa, e igual cantidad de hombres hambrientos esperando. Ellos podrían aceptar el hecho de que el pan está allí; pero a menos que cada uno de ellos tome un pan y empiece a comerlo, su hambre no sería satisfecha. Así Cristo es el Pan del cielo; y como el cuerpo se alimenta de la comida natural, así el alma debe alimentarse de Cristo.

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La fe ilustrada

Si un hombre que se está ahogando ve una soga arrojada para rescatarlo, él debe aferrarse a ella; y para hacerlo debe soltar cualquier otra cosa. Si un hombre está enfermo él debe tomar la medicina -porque simplemente mirarla no le curará. Un conocimiento de Cristo no ayudará al que busca, a menos que crea en Él, y lo tome como su única esperanza. Los israelitas mordidos podrían haber creído que la serpiente [de metal] estaba levantada; pero a menos que la miraran no habrían vivido.

"Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo: y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés, y dijeron: Pecado hemos por haber hablado contra Jehová, y contra ti: ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre la bandera: y será que cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de metal, y púsola sobre la bandera, y fue, que cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de metal, y vivía" (Números 21:6-9).

Yo creo que una cierta línea de barcos a vapor me transportarán a través del océano, porque lo he comprobado; pero esto no ayudará a otro hombre que quiera ir, a menos que actúe basado en mi conocimiento. Así un conocimiento de Cristo no ayuda a menos que actuemos basados en él. Eso es lo que significa creer en el Señor Jesucristo. Es actuar basados en lo que sabemos. Como un hombre sube a bordo de un barco a vapor para atravesar el Atlántico, así debemos tomar a Cristo y hacer una entrega de nuestras almas a Él; y Él ha prometido guardar a todos los que ponen su confianza en Él. Creer en el Señor Jesucristo es simplemente tomarle la palabra.

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CAPÍTULO 4.
Palabras de Consejo
"No quebrará la caña cascada" -Isaías 42:3; Mateo 12:20.

ES PELIGROSO para aquellos que están buscando la salvación apoyarse en la experiencia de otras personas. Muchos están esperando una repetición de la experiencia de su abuelo o de su abuela. Yo tenía un amigo que se convirtió en un campo; y él piensa que toda la ciudad debería ir a aquella campiña y ser convertida. Otro se convirtió debajo de un puente; y él piensa que si cualquiera que busca fuera allí, encontraría al Señor. Lo mejor para el ansioso es ir directamente a la Palabra de Dios. Si hay algunas personas en el mundo para quienes la Palabra debería ser muy preciosa es para aquellas que están buscando cómo ser salvadas.

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Excusas ofrecidas

Por ejemplo un hombre puede decir: "No tengo fuerzas." Que se dirija a Romanos 5:6.

"Porque Cristo, cuando aún éramos flacos, a su tiempo murió por los impíos."

Es porque no tenemos fuerzas que necesitamos a Cristo. Él ha venido a dar fuerzas a los débiles.

Otro puede decir: "No puedo verle." Cristo dice:

"Yo soy la Luz del mundo" (Juan 8:12).

Él vino, no sólo a dar luz, sino

"para abrir ojos de ciegos" (Isaías 42:7).

Otro puede decir: "no creo que un hombre pueda ser salvado de repente." Un hombre con esa idea estaba una noche en el salón de consultas; y llevé su atención a Romanos 6:23.

"La paga del pecado es muerte: mas la dádiva [o regalo] de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro."

¿Cuánto tiempo lleva aceptar un regalo? Debe haber un momento cuando usted no lo tiene, y otro cuando lo tiene -un momento cuando es de otro, y a continuación cuando es de usted. No lleva seis meses obtener la vida eterna. Ésta sin embargo en algunos casos puede ser como la semilla de mostaza, muy pequeña al comienzo. Algunas personas son convertidas tan gradualmente que, como la luz de la mañana, es imposible decir cuando comenzó a amanecer; mientras, con otros, es como el resplandor de un meteorito y la verdad estalla en ellos repentinamente.

Yo no me atrevería a decir cuando me convertí; pero lo que es importante para mí es saber que realmente lo he sido.

Puede ser que un niño haya sido tan cuidadosamente entrenado que es imposible decir cuando comenzó el nuevo nacimiento; pero debe haber habido un momento cuando el cambio tomó lugar, y cuando llegó a ser participante de la naturaleza divina.

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Conversiones instantáneas

Algunas personas no creen en la CONVERSIÓN REPENTINA. Pero desafiaré a cualquiera a que me muestre una conversión en el Nuevo Testamento que no fuera instantánea.

"Pasando Jesús de allí, vio a un hombre que estaba sentado al banco de los públicos tributos, el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió." (Mateo 9:9).

Nada podría ser más repentino que eso.

Zaqueo, el publicano, buscó ver a Jesús; y porque era pequeño de estatura trepó a un árbol. Cuando Jesús llegó al lugar miró hacia arriba y lo vio, y dijo:

"Zaqueo, date prisa, desciende" (Lucas 19:5).

Su conversión debe haber sucedido en algún lugar entre la rama y el suelo. Se nos dice que él recibió a Jesús gozosamente, y dijo:

"He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto." (Lucas 19:8).

Muy pocos en estos días podrían decir eso en prueba de su conversión.

Toda la casa de Cornelio se convirtió repentinamente, porque cuando Pedro predicaba de Cristo a él y a los que le acompañaban, el Espíritu Santo vino sobre ellos, y fueron bautizados (Hechos 10).

En el día de Pentecostés tres mil recibieron gozosamente la Palabra. Ellos no sólo se convirtieron, sino que fueron bautizados el mismo día (Hechos 2).

Y cuando Felipe habló al eunuco, cuando seguían por su camino, el eunuco dijo a Felipe:

"He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?"

Nada impedía. Y Felipe dijo:

"Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, [el hombre de gran autoridad bajo Candace, la reina de los Etíopes]; y bautizóle... y se fue por su camino gozoso" (Hechos 8:36-39).

Usted encontrará por toda la Escritura que las conversiones fueron repentinas e instantáneas.

Un hombre ha tenido el hábito de robar dinero a su patrón. Supongamos que ha tomado $1000 en doce meses; ¿deberíamos decirle que tome $500 el año siguiente, y menos el año siguiente, y el siguiente, hasta que en cinco años la suma tomada sería de sólo $50? Así sería bajo el mismo principio de la conversión gradual.

Si una persona semejante fuera traída ante la corte y perdonada, porque no podía cambiar su modo de vida repentinamente, ese sería considerado un muy extraño procedimiento.

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Cómo dejar de robar

Pero la Biblia dice:

"El que hurtaba, no hurte más" (Efesios 4:28).

Esto significa: "¡sólo dé media vuelta!" Supongamos que una persona tuviera el hábito de decir malas palabras cien veces por día: ¿no deberíamos aconsejarle que no dijera más de noventa palabrotas el día siguiente, y ochenta al siguiente; así con el transcurrir del tiempo se libraría de ese hábito?

Dios nos manda que no usemos malas palabras:

"Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado; llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, los cuales son hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, no conviene que estas cosas sean así hechas" (Santiago 3:8-10).

Supongamos que otro hombre tuviera el hábito de emborracharse y golpear a su esposa dos veces por mes; si él hiciera esto solamente una vez por mes, y luego sólo una vez en seis meses, eso sería, con el mismo fundamento, tan razonable como la conversión gradual. Suponga que Ananías hubiera sido enviado a Pablo, cuando él estaba yendo a Damasco, [Hechos 9], respirando amenazas y muerte contra los discípulos, y haciéndolos prisioneros, para decirle que no matara tantos como pretendía; y que dejara que su enemistad se fuera extinguiendo de su corazón, gradualmente, pero no de repente. Supongamos que él hubiera dicho que no se dejaría de respirar amenazas y muerte, ni comenzaría a predicar de Cristo inmediatamente, porque los filósofos dirían que como el cambio fue tan repentino, éste no se mantendría; esta sería la misma clase de razonamiento usado por aquellos que no creen en la conversión instantánea.

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Temerosos de que no se mantendrán

Entonces otra clase de personas dice que tienen temor de que no se mantendrán. Esta es una clase numerosa y muy esperanzadora. Me gusta ver a un hombre desconfiando de sí mismo. Es bueno hacer que esa persona mire a Dios, y que recuerde que no es él quien sujeta a Dios, sino que es Dios quien lo sujeta a él. Algunos quieren sujetarse a Cristo; pero la cosa es hacer que Cristo lo sujete a usted en respuesta a su oración. Que ellos lean el Salmo 121:

"Alzaré mis ojos a los montes, De donde vendrá mi socorro. Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero; Ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel. Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal: Él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada, Desde ahora y para siempre."

Algunos llaman a éste el salmo de los viajeros. Este es un bello salmo para aquellos de nosotros que somos peregrinos en este mundo; y con el que deberíamos estar bien familiarizados.

Dios puede hacer lo que ha hecho antes. Él sostuvo a José en Egipto; a Moisés ante faraón; a Daniel en Babilonia; e hizo que Elías fuera capaz de resistir ante Achab en aquel oscuro tiempo. Y yo estoy agradecido de que estos que he mencionado fueran hombres de pasiones semejantes a las nuestras. Fue Dios quien los hizo tan grandes. Lo que el hombre necesita es mirar a Dios. La fe real y verdadera consiste en la debilidad del hombre reposando en la fortaleza de Dios. Cuando el hombre no tiene fuerza, si se apoya en Dios él se hace poderoso. El problema es que tenemos demasiada fortaleza y confianza en nosotros mismos.

De nuevo en Hebreos 6:17-20.

"Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; Para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo, los que nos acogemos a trabarnos de la esperanza propuesta: La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que entra hasta dentro del velo;

Donde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho Pontífice eternalmente según el orden de Melchîsedec."

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El temor de no "sostenerse"

Entonces, estos son preciosos versículos para aquellos que temen caer, que temen que nos se sostendrán. Es la obra de Dios sostener. Es la ocupación del Pastor mantener la oveja. ¿Quién escuchó alguna vez de la oveja que va a traer de regreso al pastor? Las personas tienen una idea de que ellas deben guardarse a sí mismas y también a Cristo. Esta es una falsa idea. Es el trabajo del Pastor vigilar, y cuidar a aquellos que confían en Él. Y Él ha prometido hacerlo. Una vez escuché que cuando un capitán de barcos de mar estaba muriendo él dijo: "Gloria a Dios; el ancla se mantiene firme." Él confiaba en Cristo. Su ancla se había aferrado a la roca sólida. Un irlandés dijo, en una ocasión, que "él tembló; pero la Roca nunca lo hizo." Nosotros queremos tener un fundamento seguro. En 2 Timoteo 1:12 Pablo dice:

"Yo sé a quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día."

Esa era la convicción de Pablo.

Durante la pasada guerra de la rebelión, uno de los capellanes, yendo por los hospitales, llegó a un hombre que estaba muriendo. Encontrando que era un cristiano, le preguntó a que persuasión, [convicción o creencia], pertenecía, y él dijo: "a la persuasión de Pablo."

"¿Es un metodista?" preguntó; porque los metodistas siempre aluden a Pablo.

"No."

"¿Es un presbiteriano?" porque los presbiterianos hacen una especial referencia a Pablo.

"No", fue la respuesta.

"¿Pertenece a la Iglesia Episcopal?" porque todos los hermanos episcopales sostienen que tienen un lugar especial para el principal Apóstol.

"No", él no era un episcopal.

"Entonces, ¿a qué persuasión pertenece?"

"Yo 'estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.'"

Esta es una gran persuasión; y ésta dio descanso al soldado agonizante en una hora mortal.

Que aquellos que temen que no serán sostenidos vayan al versículo 24 de la Epístola de Judas:

"A aquel, pues, que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría."

Luego miren a Isaías 41:10:

"No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia."

Luego vean el versículo 13:

"Porque yo Jehová soy tu Dios, que te ase de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé."

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Es Dios quien guarda

Ahora bien, si Dios ha aferrado mi mano derecha con la suya, ¿no puede Él sostenerme y guardarme? ¿No tiene Dios el poder para guardarme? El gran Dios que hizo los cielos y la tierra puede guardar a un pobre pecador como usted y como yo si confiamos en Él. Privarse de confiar en Dios por temor a caer, sería semejante a un hombre que rehusara perdón por temor a ir a prisión otra vez; o a un hombre ahogándose que rehusara ser rescatado, por temor de caer en el agua otra vez. [N. del tr.: Creemos oportuno esquematizar aquí en forma simple que el cristiano está salvado de la eterna condenación de una vez y para siempre desde que ha confiado en Cristo, pero por otro lado debe procurar mantener constantemente su comunión por medio de la misma gloriosa gracia de Dios en Cristo que Él siempre nos está proporcionando y por la fe en lo que Cristo ya es para él. Toda nuestra vida surge de Cristo; así como fuimos salvados por Él , ahora vivimos en comunión con Dios también por Él. Es decir que podemos estar tranquilos de que Dios nos ha salvado de una vez y para siempre desde que nos hemos apropiado de Cristo como Salvador en algún punto de nuestras vidas y también de que Dios quiere y puede capacitarnos por su gracia para tener una vida en comunión con Él. La salvación y la comunión son dos cosas diferentes, la primera es algo totalmente consumado desde que la persona ha creído en Cristo como su Salvador personal, mientras que la comunión debe procurarse durante toda la vida del cristiano ya salvado. Pero ambas tienen en común que se fundamentan en la obra mediadora y la gracia de nuestro Señor Jesucristo.]

Muchos hombres miran al futuro de la vida cristiana, y temen que no tendrán fuerzas para sostenerse hasta el fin. Ellos olvidan la promesa de que:

"como tus días será tu fortaleza" (Deuteronomio 33:25).

Esto me hace acordar del péndulo del reloj que se desalentó al pensar que tenía que viajar tantas miles de millas; pero cuando reflexionó que la distancia debía ser cubierta por medio de "tick, tick, tick", tomó nuevas fuerzas para continuar su diario viaje. Así es el especial privilegio del cristiano entregarse al cuidado de su Padre celestial y confiar en Él día por día. Es algo reconfortante saber que el Señor no comenzará la buena obra sin también finalizarla.

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Dos clases de escépticos

Hay dos clases de escépticos: una clase con sinceras dificultades; y otra clase que se deleita sólo en la discusión. Yo solía pensar que esta última clase siempre sería una espina en mi carne; pero ellos no me aguijonean actualmente. Espero encontrarlos durante toda la travesía. Los hombres de esta clase acostumbraban rondar cerca de Cristo para enredar sus discursos. Ellos vienen a nuestras reuniones para mantener una discusión. A todos los tales les recomendaría el consejo de Pablo a Timoteo:

"Empero las cuestiones necias y sin sabiduría desecha, sabiendo que engendran contiendas" (2 Timoteo 2:23).

¡Cuestiones necias! Muchos jóvenes convertidos cometen un lamentable error. Ellos creen que deben defender toda la Biblia. Yo conocía muy poco de la Biblia cuando era recién convertido; y pensaba que tenía que defenderla de principio a fin ante cualquiera; pero un infiel de Boston me desestabilizó, derribó todos mis argumentos en el acto, y me desalentó. Pero he superado eso ahora. Hay muchas cosas en la Palabra de Dios que no pretendo entender.

Cuando se me pregunta que hago con ellas,

yo digo: "No hago nada."

"¿Cómo las explica?"

"Yo no las explico."

"¿Qué hace con ellas?"

"Oh, yo las creo."

Y cuando se me dice: "Yo no creería nada que no entendiera."

Respondo simplemente que yo sí lo hago.

Hay muchas cosas que eran oscuras y misteriosas hace cinco años, sobre las cuales he tenido desde entonces un diluvio de luz; y espero estar descubriendo nuevas cosas sobre Dios durante toda la eternidad. Procuro no discutir pasajes difíciles de la Escritura. Un antiguo teólogo ha dicho que algunas personas, si quieren comer pescado, comienzan por sacar las espinas. Yo dejo esas cosas hasta que tengo luz sobre ellas. No estoy obligado a explicar lo que no comprendo.

"Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios: mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos por siempre" (Deuteronomio 29:29);

y estas tomo, y como y me alimento de ellas, a fin de obtener fortaleza espiritual.

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Buen consejo

Luego hay un pequeño sano consejo en Tito 3:9:

"Mas las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y debates acerca de la ley, evita; porque son sin provecho y vanas."

Pero ahora aquí viene un escéptico sincero. Con él trataría tan tiernamente como una madre con su hijo enfermo. No simpatizo con aquellas personas quienes, porque un hombre es escéptico, lo abandonarán y no harán nada por él.

Yo estaba en una reunión de consultas, hace algún tiempo, y encomendé a una dama cristiana a alguien que había conocido hace poco, una escéptica. Mirando alrededor poco después, noté que la consultante se marchaba de la sala. Yo pregunté: "¿Porqué la ha dejado ir?" "¡Oh, ella es una escéptica!" fue la respuesta. Corrí hasta la puerta y la alcancé y la detuve, y le presenté a otro obrero cristiano quien pasó una hora en conversación y oración con ella.

Él la visitó a ella y a su esposo; y en el curso de una semana, aquella inteligente dama abandonó su escepticismo y llegó a ser una activa cristiana. Tomó tiempo, tacto, y oración; pero si una persona de esta clase es sincera, debemos tratar con una así como el Maestro lo haría con nosotros.

Aquí están unos pasajes para los que dudan y buscan:

"El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mí mismo" (Juan 7:17).

Si un hombre no desea hacer la voluntad de Dios, no conocerá la doctrina. No hay ninguna clase de escépticos que sean ignorantes del hecho de que Dios desea que abandonen el pecado; y si un hombre está presto a salir del pecado y a recibir la luz y a agradecerle por lo que Él le da, y no espera tener luz sobre toda la Biblia de golpe, él obtendrá más luz día a día; progresará paso a paso; y será llevado directamente fuera de la oscuridad a la clara luz del cielo.

En Daniel 12:10 se nos dice:

"Muchos serán limpios, y emblanquecidos, y purificados; mas los impíos obrarán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero entenderán los entendidos."

Entonces Dios nunca revelará sus secretos a sus enemigos. ¡Nunca! Y si un hombre persiste en vivir en pecado no conocerá las doctrinas de Dios.

"El secreto de Jehová es para los que le temen; Y a ellos hará conocer su alianza" (Salmos 25:14).

Y en Juan 15:15 leemos:

"Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias."

Cuando ustedes se conviertan en amigos de Cristo, conocerán sus secretos. El Señor dijo:

"¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?" (Génesis 18:17).

Entonces, aquellos que se asemejan a Dios, es sumamente probable que entiendan a Dios. Si un hombre no está deseoso de apartarse del pecado, él no conocerá la voluntad de Dios, ni Dios le revelará sus secretos. ¡Pero si un hombre está deseoso de apartarse del pecado, él se sorprenderá al ver cómo entrará la luz!

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Por qué la Biblia era "seca"

Recuerdo una noche cuando la Biblia era para mí, el libro más seco y más oscuro del universo. Al día siguiente ello se volvió totalmente diferente. Pensé que tenía la clave de esto. Yo había sido nacido del Espíritu. Pero antes de conocer algo de la mente de Dios tuve que abandonar mi pecado. Creo que Dios encuentra a toda alma cuando ésta se entrega, cuando está gustosa en dejarse guiar y gobernar por Él. El problema con muchos escépticos es su autosuficiencia. ¡Ellos saben más que el Todopoderoso! Y no vienen con un espíritu dócil. Pero en el momento en que un hombre viene con un espíritu receptivo es bendecido; porque:

"Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada" (Santiago 1:5).

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CAPÍTULO 5.
Un divino Salvador
"Tú eres EL CRISTO, el Hijo del Dios viviente" -Mateo 16:16; Juan 6:69.

ENCONTRAMOS una cierta clase de personas que buscan que no creen en la divinidad de Cristo. Hay muchos pasajes que darán luz sobre este asunto.

En 1 Corintios 15:47, se nos dice:

"El primer hombre, es de la tierra, terreno: el segundo hombre que es el Señor, es del cielo."

En 1 Juan 5:20:

"Empero sabemos que el Hijo de Dios es venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero: y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna."

Nuevamente en Juan 17:3:

"Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado."

Y luego, en Marcos 14:60-64:

"Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes algo? ¿Qué atestiguan estos contra ti? Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote, rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué más tenemos necesidad de testigos? Oído habéis la blasfemia: ¿qué os parece? Y ellos todos le condenaron ser culpado de muerte."

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Lo que me llevó a creer en la divinidad de Cristo

Lo que me llevó a creer en la divinidad de Cristo fue esto: yo no sabía donde ubicar a Cristo, o que hacer con Él, si no fuera divino. Cuando yo era un muchacho pensaba que Él era un buen hombre como Moisés, José, o Abraham. Incluso pensaba que Él era el mejor hombre que alguna vez haya vivido sobre la tierra. Pero encontré que Cristo tenía una pretensión más elevada. Él afirmó ser el Dios-Hombre; ser divino; haber venido del cielo. Él dijo:

"Antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 8:58).

Yo no podía entender esto; y fui llevado a la conclusión -y desafío a cualquier ingenuo que niegue la deducción, o se oponga al argumento- que Jesucristo o es un impostor o un engañador, o Él es el Dios-Hombre, Dios manifestado en carne. Y por estas razones. El primer mandamiento es:

"No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Éxodo 20:3).

Miren a los millones en toda la cristiandad que adoraron a Jesucristo como Dios. Si Cristo no fuera Dios esto es idolatría. Todos somos culpables de quebrantar el primer mandamiento, si Jesucristo fuera un simple hombre -si fuera un ser creado, y no lo que Él reclama ser.

Algunas personas, que no admiten su divinidad, dicen que Él fue el mejor hombre que alguna vez haya vivido; pero si no fuera divino, por esa misma razón Él no debería ser reconocido como un buen hombre, porque reclamó un honor y una dignidad a la que estas mismas personas afirman Él no tenía derecho. Eso lo clasificaría como un engañador.

Otros dicen que Él pensó que era divino, pero que Él estaba engañado. ¡Como si Jesucristo hubiera sido motivado por una ilusión y un engaño, y como si hubiera pensado que era mas de lo que fue! Yo no podría concebir una idea más baja sobre Jesucristo que esa. Esto no sólo le hace parecer un impostor; sino como que hubiera estado loco, y como si no hubiera sabido quien era, o de dónde era. Entonces, si Jesucristo no fue lo que pretendió ser, el Salvador del mundo; y si no vino del cielo, Él fue un grosero engañador.

¿Pero cómo puede alguno leer la vida de Cristo y hacerle parecer a un engañador? Generalmente un hombre tiene algún motivo para ser un impostor. ¿Cuál fue el motivo de Cristo? Él sabía que el rumbo que estaba siguiendo le conduciría a la cruz; que su nombre sería despreciado como vil; y que muchos de sus seguidores serían llevados a poner sus vidas por causa suya. Casi todos los apóstoles fueron mártires; y fueron considerados como basura y deshecho en medio del pueblo. Si un hombre es un impostor, él tiene un motivo detrás de su hipocresía. ¿Pero cuál era el objetivo de Cristo? Lo que se registra es que Él "anduvo haciendo bienes" (Hechos 10:38). Esta no es la obra de un impostor. No permita que el enemigo de su alma lo engañe.

En Juan 5:21-23 leemos:

"Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga, mas todo el juicio dio al Hijo;

Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió."

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Cómo resulta esto

Ahora bien, fíjese: por la ley judía, si un hombre era un blasfemo debía ser ejecutado, y suponiendo que Cristo fuera meramente humano, si esto no fuera blasfemia no sé dónde encontrará una.

"El que no honra al Hijo, no honra al Padre" (Juan 5:23).

Esa es una categórica blasfemia si Cristo no fuera divino. Si Moisés, o Elías, o Eliseo, o cualquier otro mortal hubiera dicho: "Ustedes deben honrarme como honran a Dios"; y se hubiera puesto al mismo nivel que Dios, ello hubiera sido una categórica blasfemia.

Los judíos mataron a Cristo porque dijeron que Él no era lo que dijo ser. Eso fue por aquel testimonio donde Él fue puesto bajo juramento. El sumo sacerdote dijo:

"Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios" (Mateo 26:63).

Y cuando los judíos le rodearon y dijeron:

"¿Hasta cuándo nos has de turbar el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente."

Jesús dijo:

"Yo y el Padre una cosa somos."

Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle (Juan 10:24-33). Ellos dijeron que no querían oír más, porque eso era blasfemia. Fue por declararse el Hijo de Dios que Él fue condenado y matado (Mateo 26:63-66).

Ahora bien, si Jesucristo era un mero hombre, los judíos hicieron lo correcto, de acuerdo a su ley, al matarlo. En Levítico 24:16 leemos:

"Y el que blasfemare el nombre de Jehová, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará: así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera."

Esta ley les obligaba a matar a cualquiera que blasfemara. El hacer la declaración de que era divino fue lo que le costó su vida; y por la ley mosaica Él debía sufrir la pena de muerte. En Juan 16:15 Cristo dice:

"Todo lo que tiene el Padre, mío es: por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber."

¿Cómo podría ser Él meramente un buen hombre y usar un lenguaje como ese?

Ninguna duda ha entrado jamás a mi mente sobre este punto desde que me convertí.

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Una buena prueba

Una vez se le preguntó a un notorio pecador cómo demostraría él la divinidad de Cristo. Su respuesta fue: "Oh, Él me salvó; y esa es una prueba bastante buena, ¿no?"

Un infiel me dijo en una ocasión: "He estado estudiando la vida de Juan el Bautista, Sr. Moody. ¿Por qué no predica de él? Él fue una personalidad mayor que Cristo. Usted haría un mejor trabajo."

Le dije: "Mi amigo, usted predique a Juan el Bautista; y yo le seguiré a usted y predicaré de Cristo: y veremos quien obtendrá el mayor resultado."

"Usted obtendrá el mayor resultado", dijo él, "porque la gente es tan supersticiosa." ¡Ah! Juan fue decapitado; y sus discípulos buscaron su cuerpo y lo enterraron. Pero Cristo se ha levantado de entre los muertos:

"Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, Tomaste dones para los hombres" (Salmos 68:18).

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Cristo ha resucitado

Nuestro Cristo VIVE. Muchas personas no se dan cuenta de que Cristo se ha levantado de la tumba. Ellas adoran un Salvador muerto, como María, que dijo:

"Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto" (Juan 20:13).

Ese es el problema con aquellos que dudan de la divinidad de nuestro Señor.

Vean luego Mateo 18:20:

"Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos."

"ALLÍ ESTOY". Bien entonces, si Él es un simple hombre, ¿cómo puede Él estar allí? Todos estos son poderosos pasajes.

Otra vez en Mateo 28:18:

"Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra."

¿Podía ser Él un simple hombre y hablar de esa manera?

"¡Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra!"

Luego otra vez en Mateo 28:20:

"Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén."

Si Él fuera un simple hombre, ¿cómo podría estar con nosotros? Sin embargo Él dice:

"¡Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo!"

Entonces otra vez en Marcos 2:7-9:

"Decían: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?"

Algunos hombres se encontrarán con usted y le dirán: "¿No levantó también Eliseo a los muertos?" Nótese que en las raras ocasiones en las que los hombres han levantado los muertos, lo hicieron por el poder de Dios. Ellos invocaron a Dios para hacerlo. Pero cuando Cristo estaba en la tierra Él no invocó al Padre para traer a la vida los muertos. Cuando fue a la casa de Jairo Él dijo:

"Muchacha, a ti digo, levántate" (Marcos 5:41).

Él tenía poder para impartir vida. Cuando estaban sacando al joven de Naín, Él tuvo compasión de la madre viuda y vino y tocó el féretro y dijo:

"Mancebo, a ti digo, levántate" (Lucas 7:14).

Él hablaba; y los muertos se levantaban.

Y cuando resucitó a Lázaro lo llamó con una fuerte voz:

"¡Lázaro, ven fuera!" (Juan 11:43).

Y Lázaro oyó, y salió.

Alguien ha dicho que estuvo bien que Lázaro fuera mencionado por nombre, o todos los muertos alcanzados por el sonido de la voz de Cristo se hubieran levantado inmediatamente.

En Juan 5:25 Jesús dice:

"De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán."

¡Qué blasfemia hubiera sido esta, si Él no hubiera sido divino! La prueba es abrumadora, si usted simplemente examina la Palabra de Dios.

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Cristo aceptó la adoración

Y luego otra cosa: Jamás ningún hombre bueno excepto Jesucristo ha permitido que alguien lo adorara. Cuando esto fue hecho, Él nunca reprendió al adorador. En Juan 9:38 leemos que cuando el hombre ciego fue encontrado por Cristo dijo:

"Creo, Señor; y adoróle."

El Señor no le censuró.

Además, Apocalipsis 22:6-9 dice así:

"Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor Dios de los santos profetas ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que es necesario que sean hechas presto. Y he aquí, vengo presto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro. Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Y él me dijo: Mira que no lo hagas: porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios."

Aquí vemos, que incluso ese ángel no permitiría que Juan lo adorara. ¡Aún un ángel del cielo! Y si Gabriel viniera aquí desde la presencia de Dios, sería un pecado adorarle, o a algún serafín, o a algún querubín, o a Miguel, o a algún arcángel.

"¡ADORA A DIOS!" Y si Jesucristo no fuera Dios manifestado en la carne, somos culpables de idolatría al adorarle. En Mateo 14:33 leemos:

"Entonces los que estaban en el barco, vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios."

Él no les reprendió.

Y en Mateo 8:2 también leemos:

"Y he aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme."

En Mateo 15:25:

"Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor socórreme."

Hay muchos otros pasajes; pero doy estos como suficientes en mi opinión para probar más allá de cualquier duda la Divinidad de nuestro Señor.

En Hechos 14 se nos dice que los paganos de Listra vinieron con guirnaldas y habrían hecho sacrificio de animales ante Pablo y Bernabé porque ellos habían sanado a un hombre paralítico; pero los evangelistas desgarraron sus ropas y dijeron a esta gente de Listra que ellos eran sólo hombres, y no debían ser adorados; porque eso era un gran pecado. Y si Jesucristo es un simple hombre, todos somos culpables de un gran pecado al adorarle.

Pero si Él es, como lo creemos, el unigénito y bienamado Hijo de Dios, rindámonos a sus demandas; descansemos en su perfecta obra de expiación [o de pago por nuestros pecados], y sigamos adelante para servirle todos los días de nuestra vida.

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CAPÍTULO 6.
Arrepentimiento y restitución
"Dios manda a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan" -Hechos 17:30.

EL ARREPENTIMIENTO es una de las doctrinas fundamentales de la Biblia. Creo sin embargo que es una de esas verdades que mucha gente entiende poco en la actualidad. Hay más gente hoy en la niebla y la oscuridad acerca del Arrepentimiento, la Regeneración, la expiación, y verdades fundamentales semejantes, que quizás sobre cualesquiera otras doctrinas. Sin embargo desde nuestros años más tempranos hemos oído sobre ellas. Si yo preguntara por una definición del Arrepentimiento, muchísimos darían una muy extraña y falsa idea de éste.

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¿Cuándo está preparado alguien para recibir el Evangelio?

Una persona no está preparada para creer o para recibir el Evangelio, a menos que esté pronto para arrepentirse de sus pecados y a apartarse de ello. Hasta que Juan el Bautista encontró a Cristo, él tenía sólo un texto:

"Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 3:2).

Pero si hubiera continuado diciendo esto, y se hubiera detenido allí sin señalar a la gente a Cristo el Cordero de Dios, no habría conseguido mucho.

Cuando Cristo vino, Él empleó el mismo clamor del desierto.

"Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 4:17).

Y cuando nuestro Señor envió sus discípulos, fue con el mismo mensaje:

"que los hombres se arrepintiesen" (Marcos 6:12).

Después que había sido glorificado, y cuando el Espíritu Santo descendió, encontramos a Pedro en el día de Pentecostés elevando el mismo clamor: "¡Arrepentíos!" Fue esta predicación -Arrepentíos, y creed al Evangelio- lo que produjo tan maravillosos resultados entonces (Hechos 2:38-47). Y encontramos que, cuando Pablo fue a Atenas, expresó el mismo clamor:

"Dios... ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan" (Hechos 17:30).

Antes de hablar de lo que es el Arrepentimiento, permítame decirle brevemente lo que no es. El arrepentimiento no es temer. Muchas personas han confundido las dos cosas. Ellas piensan que tienen que estar alarmadas y aterrorizadas; y están esperando alguna clase de temor les sobrevenga. Pero multitudes se alarman por no arrepentirse realmente. Usted habrá oído de hombres en el mar durante una terrible tormenta. Quizás ellos han sido muy profanos; pero cuando el peligro les sobrevino inmediatamente se aquietaron, y comenzaron a clamar a Dios por misericordia. Sin embargo usted no diría que se arrepintieron. Cuando la tormenta había pasado, continuaron blasfemando igual que antes. Usted podría pensar que el rey de Egipto se arrepintió cuando Dios envió las terribles plagas sobre él y su tierra. Pero no hubo arrepentimiento en lo absoluto. En el momento que la mano de Dios se quitó, el corazón de Faraón fue más duro que nunca. No dejó un solo pecado; era el mismo hombre. Así que no hubo verdadero arrepentimiento allí.

Frecuentemente, cuando la muerte llega a una familia, parece como si el hecho estuviera consagrado para la conversión de todos los de la casa. Sin embargo en seis meses todo puede ser olvidado. Algunos que leen esto han pasado por esa experiencia. Cuando la mano de Dios pesaba sobre ellos, parecía como si fueran a arrepentirse; pero la prueba era removida y, ¡vaya!, he aquí que toda la sensación se ha ido.

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El arrepentimiento no es un sentimiento

Luego además, el arrepentimiento no es un sentimiento. Encuentro que muchísimas personas están esperando que les venga una cierta clase de sentimiento. Ellas querrían volverse a Dios; pero creen que no pueden hasta que este sentimiento venga. Cuando estuve en Baltimore acostumbraba a predicar todos los domingos en la cárcel a novecientos convictos. Difícilmente había un hombre allí que no se sintiera lo suficientemente miserable -ellos tenían mucho sentimiento. La primera semana o los primeros diez días de su reclusión muchos de ellos lloraban la mitad del tiempo. Sin embargo, cuando fueron liberados, la mayoría de ellos volvería exactamente a sus antiguos caminos. La verdad era, que ellos se sintieron muy mal porque habían sido atrapados; eso era todo. Así usted habrá visto a un hombre en el tiempo de juicio mostrando muchísimo sentimiento, pero muy frecuentemente ello es sólo porque se ha metido en problemas; no porque ha cometido pecado, o porque su conciencia le diga que ha cometido el mal ante los ojos de Dios. Parece que el juicio fuera a resultar en verdadero arrepentimiento; pero el sentimiento muy frecuentemente se va.

Además, el arrepentimiento no es ayunar y afligir al cuerpo. Un hombre puede ayunar durante semanas y meses y años, y no obstante no arrepentirse de ningún pecado. Tampoco es remordimiento. Judas tuvo terrible remordimiento -suficiente para ir y colgarse, pero eso no era arrepentimiento. Creo que si hubiera ido a su Señor, si se hubiera echado sobre su rostro, y confesado su pecado, habría sido perdonado. En lugar de esto fue a los sacerdotes, y luego puso un fin a su vida. Un hombre puede hacer toda clase de penitencias, pero no hay verdadero arrepentimiento en eso. Grabe eso en su mente. Usted no puede satisfacer las demandas de Dios ofreciendo el fruto de su cuerpo por el pecado de su alma. ¡Abajo tal error!

El arrepentimiento no es la convicción de pecado. Eso puede sonar extraño a alguno. He visto hombres bajo tan profunda convicción de pecado que no podían dormir a la noche; ellos no podían disfrutar una simple comida. Continuaban en ese estado por meses y sin embargo no se convertían; ellos no se arrepentían verdaderamente. No confunda convicción de pecado con arrepentimiento.

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El arrepentimiento tampoco es orar

Eso también, puede sonar extraño. Muchas personas, cuando están ansiosas por la salvación de sus almas, dicen: "oraré, y leeré la Biblia"; y creen que conseguirán el efecto deseado. Pero eso no lo hará. Usted puede leer la Biblia y clamar mucho a Dios, y sin embargo nunca arrepentirse. Mucha gente clama a Dios con fuerte voz, y sin embargo no se arrepiente.

Por otro lado: no es que alguno deje su pecado. Muchísima gente comete ese error. Un hombre que ha sido un borracho promete abstenerse de bebidas alcohólicas, y deja de beber. Dejar un pecado no es el arrepentimiento. Abandonar un vicio es como cortar una rama de un árbol, cuando el árbol entero debe ser derribado. Un hombre profano deja de blasfemar; pero si no se aparta de todo pecado eso no es arrepentimiento -esa no es la obra de Dios en el alma. Cuando Dios obra, Él tala el árbol entero. Él quiere que una persona se aparte de todos los pecados. Supongamos que yo estuviera en un barco en el mar, y que encontrara que la embarcación filtrara en tres o cuatro lugares. Puedo ir y tapar un agujero; a pesar de eso el barco se hunde. O supongamos que yo esté herido en tres o cuatro partes, y consigo un remedio para una herida; si las otras dos o tres heridas son descuidadas, mi vida se acabaría pronto. El verdadero arrepentimiento no es meramente dejar este o aquel pecado en particular.

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¿Qué es, entonces, el arrepentimiento?

Bueno entonces, usted preguntará, ¿qué es el arrepentimiento? Le daré una buena definición; éste es "¡darse la vuelta completamente!" En el lenguaje irlandés la palabra "arrepentimiento" significa todavía más que "¡darse la vuelta completamente!" Ésta implica que un hombre que ha estado caminando en una dirección no sólo se ha dado vuelta, sino que verdaderamente está caminando en una dirección exactamente opuesta.

"Volveos, volveos de vuestros caminos: ¿y por qué moriréis, oh casa de Israel?" (Ezequiel 33:11).

Un hombre puede tener poco o mucho sentimiento; pero si no se vuelve del pecado, Dios no tendrá misericordia de él. El arrepentimiento también ha sido descrito como "un cambio de mente". Por ejemplo, allí tenemos la parábola dicha por Cristo:

"Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Y respondiendo él, dijo: No quiero" (Mateo 21:28, 29).

Después de decir "no quiero", él pensó sobre esto, y cambió de opinión. Quizás puede haberse dicho a sí mismo: "No hablé muy respetuosamente a mi padre. Él me pidió que fuera a trabajar, y yo le dije que no iría. Pienso que estuve mal." Pero supongamos que él sólo hubiera dicho esto, y sin embargo no hubiera ido, él no se habría arrepentido. Él no sólo estaba convencido de que estuvo mal; sino que fue a los campos, a cavar con su azada, o a cortar con la guadaña, o a lo que fuere. Esa es la definición de Cristo del arrepentimiento. Si un hombre dice: "Por la gracia de Dios abandonaré mi pecado, y haré su voluntad", eso es arrepentimiento -un darse la vuelta en dirección opuesta.

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¿Puede alguien arrepentirse inmediatamente?

Ciertamente puede. No toma mucho tiempo darse vuelta. No le lleva seis meses a una persona para cambiar su mente. Hubo una embarcación que se hundió hace algún tiempo en la costa de Newfoundland. Cuando aquélla era llevada hacia la costa, hubo un momento cuando el capitán pudo haber dado órdenes para revertir los motores y volver atrás Si los motores hubieran sido revertidos entonces, el barco se habría salvado. Pero hubo un momento cuando fue demasiado tarde. Así hay un momento, yo creo, en la vida de cada hombre cuando puede detenerse y decir: "Por la gracia de Dios no iré más hacia la muerte y la ruina. Me arrepiento de mis pecados y me vuelvo de ellos." Usted puede decir que no tiene suficiente sentimiento; pero si está convencido de que está en el mal camino, dé media vuelta, y diga: "no iré más por el camino de la rebelión y el pecado como lo he hecho."

Exactamente entonces, cuando esté deseoso de volverse hacia Dios, la salvación puede ser suya.

Encuentro que cada caso de conversión registrado en la Biblia fue instantáneo. El arrepentimiento y la fe vinieron muy repentinamente. En el momento en que un hombre se decide, Dios le da el poder. Dios no pide a ningún hombre que haga lo que no tiene el poder para hacer. Él no mandaría

"a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan" (Hechos 17:30)

si ellos no fueran capaces de hacerlo. El hombre no tiene a nadie para culpar excepto a sí mismo si no se arrepiente y cree el Evangelio.

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Una conversión descripta

Uno de los principales ministros del Evangelio en Ohio me escribió una carta hace algún tiempo describiendo su conversión; ésta ilustra muy fuertemente este punto de la decisión instantánea. Él dice:

"Yo era de diecinueve años, y estaba estudiando derecho con un abogado cristiano en Vermont. Una tarde cuando él estaba fuera de la casa, su buena esposa me dijo cuando yo llegué a la casa: 'Quiero que esta noche me acompañes a la reunión y te hagas cristiano, para que puedas dirigir la adoración familiar mientras mi esposo está lejos.' 'Bien, lo haré', dije, sin pensar nada. Cuando llegué nuevamente a la casa me preguntó si fui sincero en lo que había dicho. Le respondí: 'Sí, en lo que se refiere a ir a la reunión con usted; eso simplemente es ser cortés.'

"Fui con ella a la reunión, como frecuentemente había hecho antes. Estaban presentes alrededor de una docena de personas en una pequeña escuela. El líder había hablado a todos en el salón excepto a mí y otros dos. Él estaba hablando a la persona junto a mí, cuando me pasó por la mente la idea de que me preguntaría si tenía algo para decir. Yo me dije: He decidido ser un cristiano en algún momento; ¿por qué no comenzar ahora? En menos de un minuto después que estos pensamientos habían pasado por mi mente él dijo, hablándome familiarmente, porque me conocía muy bien: 'Hermano Charles, ¿tienes algo para decir?' Le respondí, con perfecta tranquilidad, 'Sí señor. Recién he decidido, en los últimos treinta segundos, que comenzaré una vida cristiana, y me gustaría que orara por mí.'

"Mi tranquilidad le asombró; creo que casi dudó de mi sinceridad. Me dijo muy poco, pero continuó y habló a los otros dos. Después de unas pocos comentarios generales, se volvió a mí y dijo: 'Hermano Charles, ¿cerrarás la reunión con oración?' Él sabía que yo nunca había orado en público. Hasta este momento no sentí nada. Eso era puramente como una transacción comercial. Mi primer pensamiento fue que no podía orar, y le iba a pedir que me disculpara. Mi segundo pensamiento fue: he dicho que comenzaré una vida cristiana; y esto es una parte de ella. Entonces dije: 'Oremos'. Y en algún lugar entre el tiempo que comencé a arrodillarme y el tiempo en que mis rodillas tocaron el suelo el Señor convirtió mi alma.

"Las primeras palabras que dije fueron: '¡Gloria a Dios!' Lo que dije después de eso, no sé, y no importa, porque mi alma estaba demasiado llena para decir mucho más que '¡Gloria!' Desde esa hora el maligno nunca ha osado poner en duda mi conversión. A Cristo sea toda la alabanza."

Muchas personas están esperando, ellas no pueden decir exactamente qué, excepto alguna suerte de sentimiento milagroso que venga y los cautive -alguna misteriosa clase de fe. Estuve hablando a un hombre hace algunos años, y él siempre tenía una respuesta para darme. Durante cinco años procuré ganarlo para Cristo, y cada año él decía: "No he sido 'impactado' todavía."

"Hombre, ¿qué quiere decir? ¿Qué no le ha impactado?"

"Bien", dijo él, "No voy a ser un cristiano hasta que ello me impacte; y no he sido impactado todavía. Yo no veo esto en la misma forma que usted."

"Pero ¿no sabe que es un pecador?"

"Sí, sé que soy un pecador."

"Bien, ¿no sabe que Dios quiere tener misericordia de usted -que hay perdón con Dios? Él quiere que usted se arrepienta y vaya a Él."

"Sí, sé eso; pero eso aún no me ha impactado."

Él siempre volvía a lo mismo. ¡Pobre hombre! Él bajó a su tumba en un estado de indecisión. ¡Dios le dio sesenta largos años para arrepentirse; y todo lo que tenía para decir al fin de aquellos años era que "no había sido impactado todavía"!

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Esperando algún sentimiento extraño

¿Está algún lector esperando algún extraño sentimiento -que no sabe qué es? En ninguna parte de la Biblia se dice a un hombre que espere. Dios le manda arrepentirse ahora.

¿Usted cree que Dios puede perdonar a un hombre cuando él no quiere ser perdonado? ¿Sería él feliz si Dios lo perdonara en este estado de su mente? Porque, si un hombre entrara al reino de Dios sin arrepentimiento, el cielo sería el infierno para él. El cielo es un lugar preparado para gente preparada. Si su muchacho ha hecho lo malo, y no se arrepiente, usted no puede perdonarle. Le estaría haciendo una injusticia. Suponga que él va a su escritorio, y hurta $10, y los malgasta. Cuando usted vuelve a casa su sirviente le cuenta lo que su muchacho ha hecho. Le pregunta si es verdadero, y él lo niega. Pero finalmente usted obtiene pruebas indudables. Incluso cuando él no puede negarlo más, no reconoce el pecado, sino que dice que lo cometerá de nuevo en la primera oportunidad que tenga. ¿Le diría: "Bien, te perdono", y dejaría el asunto allí? ¡No! Sin embargo hay personas que dicen que Dios va a salvar a todos los hombres, ya sea que se arrepientan o no: borrachos, ladrones, rameras, fornicarios, no importa. "Dios es tan misericordioso", dicen ellos. Queridos amigos, no se engañen por el dios de este mundo. Donde haya verdadero arrepentimiento y una vuelta del pecado a Dios, Él le encontrará y le bendecirá; pero Él jamás bendice hasta que haya sincero arrepentimiento.

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David cometió un lamentable error

David cometió un lamentable error sobre esta cuestión con su hijo rebelde, Absalom. Él no pudo haber hecho a su hijo una mayor injusticia que perdonarle cuando su corazón no había cambiado. No podía haber verdadera reconciliación entre ellos cuando no hubo arrepentimiento. Pero Dios no comete estos errores. David se metió en problemas por causa de su falta de discernimiento. Su hijo echó a su padre del trono.

Hablando sobre el arrepentimiento, el Dr. Brooks, de St. Louis, bien señala:

"El arrepentimiento, estrictamente hablando, significa un 'cambio de mente o propósito', en consecuencia es el juicio que el pecador pronuncia sobre sí mismo, en vista del amor de Dios mostrado en la muerte de Cristo, conectado con el abandono de toda confianza en sí mismo y con confiar en el único Salvador de los pecadores. El arrepentimiento salvador y la fe salvadora siempre van juntos; y usted no necesita preocuparse por el arrepentimiento si usted cree.

"Algunas personas no están seguras de que se han 'arrepentido lo suficiente'. Si usted quiere decir con esto que debe arrepentirse a fin de mover a Dios a ser misericordioso con usted, cuanto más rápidamente abandone tal idea del arrepentimiento mejor. Dios ya es misericordioso, como lo ha mostrado plenamente en la Cruz del Calvario; y es una dolorosa deshonra a su corazón de amor si cree que sus lágrimas y angustias lo conmoverán, 'ignorando que su benignidad te guía a arrepentimiento' (Romanos 2:4). No es la maldad de usted, por lo tanto, sino la bondad de Él la que guía al arrepentimiento; por lo tanto la verdadera forma de arrepentirse es creer en el Señor Jesucristo, 'el cual fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación' (Romanos 4:25)."

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Cómo decir si el arrepentimiento es genuino

Otra cosa. Si hay verdadero arrepentimiento, éste traerá frutos. Si estamos haciendo mal a alguien, nunca deberíamos pedir a Dios que nos perdone, hasta que no estemos dispuestos a hacer el resarcimiento. Si he hecho a alguien una gran injusticia y puedo hacerle el bien, no necesito pedir a Dios que me perdone hasta que esté deseoso de hacer lo bueno. Supongamos que yo hubiera tomado algo que no me perteneciera. No tengo derecho a esperar perdón hasta que haga la restitución.

Recuerdo cuando estaba predicando en una de nuestras grandes ciudades, cuando un hombre de elegante apariencia vino a mí al atardecer. Él estaba en gran angustia. "El hecho es", dijo él, "que soy un estafador. He tomado dinero que pertenecía a mis patrones. ¿Cómo puedo llegar a ser cristiano sin devolverlo?"

"¿Tiene el dinero?"

Me dijo que no lo tenía todo. Había tomado alrededor de $1500, y todavía tenía alrededor de $900. Él dijo: "¿No podría tomar ese dinero, y trabajar lo suficiente como para compensarlo?"

Le dije que era un engaño de Satán; que no podía esperar prosperar con dinero robado; que debía devolver todo lo que tenía, e ir y pedir a sus patrones que tuvieran misericordia de él y le perdonaran.

"Pero ellos me enviarán a prisión", dijo él: "¿no puede darme alguna ayuda?"

"No, debe devolver el dinero antes de que pueda esperar obtener alguna ayuda de Dios."

"Eso es bastante duro", dijo él.

"Sí, es duro; pero el gran error fue hacer lo malo al principio."

Su carga se hizo tan pesada que llegó a ser insoportable. Él me entregó el dinero -$950 y algunos centavos- y me pidió que lo devolviera a sus patrones. A la tarde siguiente los dos empleadores y yo nos encontramos en un salón lateral de la iglesia. Les entregué el dinero, y les informé que era de uno de sus empleados. Les conté la historia, y les dije que él quería misericordia de ellos, no justicia. Las lágrimas se derramaron por las mejillas de estos dos hombres, y ellos dijeron: "¿Perdonarle? Sí, estaremos gustosos de perdonarle." Bajé las escaleras y le hice subir. Después de que hubo confesado su culpa y de ser perdonado, todos nos arrodillamos y tuvimos una bendita reunión de oración. Dios nos encontró y nos bendijo allí.

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Poniéndose bien con el gobierno

Había un amigo mío, que algún tiempo atrás, había venido a Cristo y deseaba consagrarse a sí mismo y a su riqueza a Dios. Él antiguamente había tenido negocios con el gobierno, y había tomado ventaja de esto. Aquello surgió cuando se convirtió, y su conciencia le atormentaba. Él dijo: "Quiero consagrar mi riqueza; pero parece como si Dios no la aceptara." Tuvo una terrible lucha; su conciencia seguía despierta y le atormentaba. Finalmente llenó un cheque por $1500 y lo envió al Tesoro de los Estados Unidos. Me dijo que recibió una gran bendición cuando hizo esto. Eso era producir "frutos dignos de arrepentimiento" (Mateo 3:8). Creo que muchísimos están clamando a Dios por luz; y no están obteniéndola porque no son honestos.

Una vez estaba predicando, y vino a mí un hombre que tenía sólo treinta y dos años, pero su cabello estaba muy encanecido. Él dijo: "Quiero que note que mi cabello está canoso, y tengo sólo treinta y dos años. Por doce años he soportado una enorme carga."

"Bien", le dije, "¿cuál es?"

Él miró alrededor como si temiera que alguno le oyera. "Bien", contestó, "mi padre murió y le dejó a mi madre el periódico del condado, y sólo le dejó eso. Eso era todo lo que ella tenía. Después de que él murió el periódico comenzó a decaer; y yo veía que mi madre estaba hundiéndose rápidamente en un estado de necesidad. El edificio y el periódico estaban asegurados por unos mil dólares, y cuando tenía veinte años incendié el edificio, y obtuve los mil dólares, y los di a mi madre. Por doce años ese pecado me ha estado persiguiendo. He tratado de ahogar esto entregándome al placer y al pecado; he maldecido ha Dios; me he entregado a la infidelidad; he intentado demostrar que la Biblia no es verdadera; he hecho todo lo que pude, pero he sido atormentado todos estos años."

Yo le dije: "Hay una forma para salir de eso."

Él pregunto "¿Cómo?"

Yo le dije: "Haga la restitución. Sentémonos y calculemos el interés, y luego pague el dinero a la compañía."

Usted se hubiera sentido bien al ver iluminarse el rostro de ese hombre cuando encontró que había misericordia para él. Dijo que estaría gustoso de devolver el dinero con los intereses si sólo pudiera ser perdonado.

Actualmente hay hombre en oscuridad y esclavitud porque no desean volverse de sus pecados y confesarlos; y no sé cómo alguien puede ser perdonado si no está deseoso de confesar su pecado.

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Ahora es el único día de misericordia

Tenga presente que ahora es el único día de misericordia que usted alguna vez tendrá. Puede arrepentirse ahora, y hacer borrar el terrible historial. Dios espera para perdonarle; Él está buscando atraerle hacia sí mismo. Pero yo creo que la Biblia enseña claramente que no hay arrepentimiento después de esta vida. Hay algunos que le dicen de la posibilidad de arrepentimiento en la tumba; pero no encuentro eso en las Escrituras. He examinado mi Biblia muy cuidadosamente, y no puedo encontrar que un hombre tendrá otra oportunidad de ser salvado.

¿Porqué pedirá alguien más tiempo? Usted tiene suficiente tiempo para arrepentirse ahora. Puede volverse de sus pecados en este momento si desea. Dios dice:

"No quiero la muerte del que muere,... convertíos pues, y viviréis" (Ezequiel 18:32).

Cristo dijo que Él

"no ha venido a llamar justos, sino pecadores a arrepentimiento" (Lucas 5:32).

¿Es usted un pecador? Entonces la llamada a arrepentirse es dirigida a usted. Tome su lugar en el polvo a los pies del Salvador, y reconozca su culpa. Diga, como el publicano de antaño:

"¡Dios, sé propicio a mí pecador!" (Lucas 18:13)

y vea cuán rápidamente le perdonará y le bendecirá. Él incluso le justificará y le considerará como justo, por la virtud de la justicia del que soportó sus pecados en su propio cuerpo sobre la Cruz.

Hay algunos que quizás se creen justos por sí mismos; y que, por lo tanto, no hay necesidad para ellos de arrepentirse y creer el Evangelio. Ellos son como el fariseo en la parábola, que agradeció a Dios que no era como otros hombres: "ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano" (Lucas 18:11); y siguió diciendo, "ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo" (Lucas 18:12). ¿Cuál es el juicio sobre tales personas auto-justificadas?

"Os digo que éste [el pobre, contrito, publicano arrepentido] descendió a su casa justificado antes que el otro" (Lucas 18:11-14).

"No hay justo, ni aun uno... Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:10, 23).

Que ninguno diga que no necesita arrepentirse. Que cada uno tome su verdadero lugar -aquél de un pecador; entonces Dios lo elevará al lugar de perdón y justificación.

"Cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado" (Lucas 14:11).

Dondequiera Dios ve verdadero arrepentimiento en el corazón Él recibe aquella alma.

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CAPÍTULO 7.
Seguridad de la salvación
"Estas cosas he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios" -1 Juan 5:13.

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¿Tienen seguridad todos los del pueblo de Dios?

Alguno preguntará: "¿Tienen Seguridad todos los del pueblo de Dios?" No; creo que muchos del querido pueblo de Dios no tienen Seguridad; pero es el privilegio de cada hijo de Dios tener sin dudas un conocimiento de su propia salvación. No es apto para el servicio a Dios ninguno que esté lleno de dudas. Si alguien no está seguro de su propia salvación, ¿cómo puede ayudar a algún otro en el reino de Dios? Si parece que estoy en peligro de ahogarme y no sé si alguna vez alcanzaré la costa, yo no puedo ayudar a otro. Debo subir primero a la sólida roca; y luego puedo dar a mi hermano una mano de ayuda. Si yo mismo estando ciego dijera a otro hombre ciego cómo obtener la vista, él podría replicarme: "Primero sánate tú mismo; y luego puedes decirme."

Hay dos clases que no consiguen tener Seguridad. Primero: aquellos que están en la Iglesia, pero que no son convertidos, nunca habiendo nacido del Espíritu. Segundo: aquellos que no están deseosos de hacer la voluntad de Dios; que no están dispuestos a tomar el lugar que Dios ha diseñado para ellos, sino que quieren ocupar algún otro lugar. [N. del tr.: ese sería por ejemplo el caso bíblico de los Gálatas quienes habiendo recibido verdaderamente el Evangelio llegaron a dudar de la salvación que efectivamente tenían, por las dudas sembradas en ellos por los maestros judaizantes, quienes querían imponer el cumplimiento de las obras de la ley como condición para ser salvos, menospreciando la perfecta obra de Cristo que ya los había hecho salvos y justos para siempre ante el Padre].

Jamás tendrán tiempo o ánimo para trabajar para Dios, quienes no están seguros de su propia salvación. Ellos tienen mucho para atender; y estando ellos mismos cargados con dudas, no pueden ayudar a otros a llevar sus cargas. No hay descanso, gozo, o paz -no hay libertad, ni poder- donde las dudas y la inseguridad existen.

Ahora, parece que hay tres artimañas de Satán contra las que debemos estar vigilantes. En primer lugar él mueve todo su reino para mantenernos lejos de Cristo; luego él se dedica a tenernos en el "Castillo de la Duda"; pero si tenemos, a pesar de él, un claro y sonoro testimonio a favor del Hijo de Dios, él hará todo lo que pueda para obscurecer nuestro carácter y para calumniar sobre nuestra reputación.

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La duda es muy deshonrosa para Dios

Algunos parecen pensar que es arrogante no tener dudas; pero la duda es muy deshonrosa para Dios. Si alguno dijera que ha conocido a una persona por treinta años y sin embargo duda de ella, ello no sería muy elogiable; y cuando hemos conocido a Dios por diez, veinte, o treinta años ¿no desprestigia su veracidad el dudar de Él?

¿Podían Pablo y los antiguos cristianos y mártires atravesar lo que ellos atravesaron si hubiesen estado llenos de dudas, y no hubieran sabido si estaban yendo al cielo o a la perdición después de que fueran quemados en la hoguera? Ellos deben haber tenido la SEGURIDAD.

C. H. Spurgeon dice:

"Nunca oí de una cigüeña que cuando se encontraba con un árbol de abeto objetara su derecho a construir allí su nido; y nunca oí de un conejo que se cuestionara si tenía un permiso para entrar en la roca. Porque, estas criaturas pronto perecerían si siempre estuvieran dudando y temiendo si tienen derecho a usar los suministros providenciales.

"La cigüeña se dice a sí misma: 'Ah, aquí está un abeto'; consulta con su consorte: '¿Servirá éste para el nido en que podremos criar nuestras crías?' 'Sí', dice ella; y juntan los materiales, y los ordenan. Nunca hay una deliberación: '¿Podemos construir aquí?' sino que traen sus palitos y hacen su nido.

"La cabra salvaje en el peñasco no dice: '¿Tengo un derecho a este lugar?' No, ella debe estar en alguna parte: y hay un peñasco que le resulta perfecto; y ella salta sobre éste.

"Pero, aunque estas criaturas sin inteligencia conocen la provisión de su Dios, el pecador no reconoce la provisión de su Salvador. Él objeta y pone en duda: '¿Puedo?'; y 'me temo que esto no es para mí'; y 'creo que esto no puede estar referido a mí'; y 'me temo que esto es demasiado bueno para ser verdad.'

"Y sin embargo jamás nadie dijo a la cigüeña: 'Cualquiera que construya sobre este abeto nunca sufrirá que su nido sea derribado.' Ninguna palabra inspirada jamás ha dicho al conejo: 'Quienquiera entre a esta grieta en la roca nunca será echado de ella.' Si eso hubiera sido así, haría la seguridad doblemente indudable.

"Y sin embargo aquí Cristo es provisto para los pecadores, justo la clase de Salvador que los pecadores necesitan; y se añade el estímulo: 'Al que a mí viene, no le hecho fuera' (Juan 6:37), 'El que quiere, tome del agua de la vida de balde' (Apocalipsis 22:17)."

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Lo que nos dice Juan

Ahora vayamos a la Palabra. Juan nos dice en su Evangelio lo que Cristo hizo por nosotros en la tierra. En su Epístola nos dice lo que está haciendo por nosotros en el cielo como nuestro Abogado. En su Evangelio sólo hay dos capítulos en los que el verbo "creer" no aparece. Con estas dos excepciones, cada capítulo en Juan es "¡Crean! ¡¡Crean!! ¡¡¡CREAN!!!" Él nos dice en 20:31:

"Estas empero son escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre."

Ese es el propósito con el que escribió el Evangelio:

"para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:31).

Vaya a 1 Juan 5:13. Allí él nos dice por qué escribió esta Epístola:

"Estas cosas he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios."

Note a quienes escribe:

"A vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios."

Hay sólo cinco cortos capítulos en esta primera Epístola, y el verbo "saber" aparece más de cuarenta veces. Siempre es "¡Sepan! ¡¡SEPAN!! ¡¡¡SEPAN!!!" La Clave es ¡SEPAN! y a través de toda la Epístola resuena el estribillo: "para que sepamos que tenemos vida eterna."

Yo fui mil doscientas millas aguas abajo del Misisipi en primavera hace algunos años; y todas las tardes, justo cuando el sol se ponía, usted podía ver hombres, y a veces mujeres, cabalgando hasta las orillas del río en ambos lados en mulas o caballos, y a veces a pie, con el propósito de encender las luces de Guía; y en todo el curso de ese poderoso río había señales que guiaban a los pilotos en su peligrosa navegación. Ahora bien, Dios nos ha dado luces o mojones para decirnos si somos o no sus hijos. Lo que necesitamos hacer es examinar las señales que Él nos ha dado.

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Cinco cosas dignas de saberse

En el tercer capítulo de la primera Epístola de Juan hay cinco cosas dignas de ser conocidas:

1. En el quinto versículo leemos la primer cosa digna de ser conocida:
" Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él." No lo que yo hice, sino lo que ÉL ha hecho. ¿Ha fallado Él en su misión? ¿No es capaz de hacer aquello para lo que vino? ¿Alguna vez podría fallar un hombre enviado desde el cielo? ¿y podría fallar el propio Hijo de Dios? ÉL APARECIÓ PARA QUITAR NUESTROS PECADOS.

2. También, en el versículo diecinueve, la segunda cosa digna de ser conocida:
"Y en esto conocemos que somos de la verdad, y tenemos nuestros corazones certificados delante de él." CONOCEMOS que somos de LA VERDAD. Y si la verdad nos hace libres, seremos verdaderamente libres. "Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres"
(Juan 8:36).

3. La tercer cosa digna de ser sabida está en el versículo catorce:
"Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos." Al hombre natural no le gusta la gente piadosa, ni le interesa estar en su compañía. "El que no ama a su hermano, está en muerte." No tiene vida espiritual.

4. La cuarta cosa digna de saberse la encontramos en el versículo veinticuatro:
"Y el que guarda sus mandamientos, está en Él, y Él en él. Y en esto sabemos que Él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.
" Podemos decir que clase de Espíritu tenemos si poseemos el Espíritu de Cristo -un espíritu como el de Cristo- no el mismo en grado, pero el mismo en clase. Si soy manso, benigno, y perdonador; si tengo un espíritu lleno de paz y gozo; si soy paciente y amable como el Hijo de Dios, eso es una comprobación, y de esa manera podemos decir si tenemos o no la vida eterna.

5. La quinta cosa que vale la pena saber, y la mejor de todas, es:
"Muy amados, ahora." Note la palabra "Ahora". No dice cuando vaya a morirse. "Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él apareciere, seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es"
(v. 2).

 

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¿Los cristianos pecan?

Pero alguno dirá: "Bien, yo creo todo eso; pero por otro lado yo he pecado desde que llegué a ser un cristiano." ¿Hay un hombre o una mujer sobre la faz de la tierra que no ha pecado desde que llegó a ser un cristiano? Ninguno. Nunca ha habido, y nunca habrá, una alma en esta tierra que no ha pecado, o que no pecará, en algún momento de su experiencia cristiana. Pero Dios ha hecho provisión por los pecados de los creyentes. No debemos nosotros hacer provisión por ellos; sino que Dios ya lo ha hecho. Recuerde eso.

Diríjase a 1 Juan 2:1:

"HIJITOS míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo."

Él está aquí escribiendo a los justos. "Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos" - Juan se incluye- "abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo." ¡Qué Abogado! Él atiende nuestros intereses en el lugar verdaderamente mejor -el trono de Dios. Él dijo: "Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya" (Juan 16:7). Él se fue para ser nuestro Sumo Sacerdote, y también nuestro Abogado. Él ha tenido que defender algunos casos difíciles; pero nunca ha perdido uno; y si usted le confía sus intereses eternos, Él

"es poderoso para ... presentaros delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría" (Judas 24).

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Todos los pecados pasados de los cristianos son perdonados

Todos los pecados pasados de los cristianos son perdonados cuando son confesados; y ellos nunca serán mencionados. Ese es un asunto que no será reabierto. Si nuestros pecados han sido quitados, ese es el fin de ellos. Ellos no serán recordados; y Dios no los mencionará más. Esto es muy claro. Supongamos que yo tuviera un hijo que, mientras estoy lejos de casa, hace algo malo. Cuando vuelvo a casa se echa con sus brazos alrededor de mi cuello y dice: "Papa, yo hice lo que me dijiste que no hiciera. Lo siento. Perdóname"; yo digo: "Sí, mi hijo", y le beso. Él quita sus lágrimas, y se va gozoso.

Pero al día siguiente él dice: "Papá, quiero que me perdones por lo que hice mal ayer." Yo le diría: "Oh, mi hijo, eso está resuelto; y no quiero que sea mencionado otra vez." "Pero yo deseo que me perdonaras: me ayudaría oírte decir: 'te perdono'". ¿Me honraría eso? ¿No me apenaría que mi muchacho dudara de mí? Pero para satisfacerle le diría de nuevo: "Te perdono, mi hijo."

Y si, al día siguiente, él nuevamente mencionara ese antiguo pecado, y me pidiera perdón, ¿no afligiría eso mi corazón? Y así, mi estimado lector, si Dios nos ha perdonado, nunca mencionemos el pasado. Olvidemos lo que queda atrás, y extendámonos a lo que está delante, y prosigamos al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús. Que los pecados del pasado se olviden; porque

"Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad" (1 Juan 1:9).

Y permítame decirle que este principio es reconocido en las cortes de justicia. Se presentó un caso en las cortes de un país -no diré donde- de un hombre que tuvo problemas con su esposa; pero la perdonó, y poco después la llevó a juicio. Y, cuando se conoció que él la había perdonado, el juez dijo que el asunto estaba resuelto. El juez reconoció que era correcto el principio de que si un pecado fue perdonado una vez, eso era el final de la cosa. ¿Y piensa usted que el Juez de toda la tierra nos perdonará, y luego reabrirá el asunto? Nuestros pecados se han ido ahora y por la eternidad, si Dios perdona; y lo que nosotros debemos hacer es confesar y olvidar nuestros pecados.

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Cómo decir si usted es un hijo de Dios

Veamos 2 Corintios 13:5:

"Examinaos a vosotros mismos si estáis en fe; probaos a vosotros mismos. ¿No os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros? si ya no sois reprobados."

Ahora examínense usted mismo. Compruebe su relación con Dios. Póngala a prueba. ¿Puede perdonar a un enemigo? Esa es una buena forma de saber si es un hijo de Dios. ¿Puede perdonar una injuria, o soportar una afrenta, como lo hizo Cristo? ¿Puede ser criticado por hacer lo bueno, y no quejarse? ¿Puede ser juzgado injustamente y ser tergiversado, y a pesar de eso mantener un espíritu como el de Cristo?

Otra buena prueba es leer Gálatas 5, y considerar los frutos del Espíritu; y ver si usted los posee.

"El fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley."

Si poseo los frutos del Espíritu debo tener el Espíritu. Yo no podría tener los frutos sin el Espíritu así como no podría haber una naranja sin el árbol. Y Cristo dice:

"Por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7:16).

"porque por el fruto es conocido el árbol" (Mateo 12:33).

 

Haga bueno el árbol, y el fruto será bueno. La única manera de conseguir el fruto es tener el Espíritu. Esa es la manera de examinarnos si somos hijos de Dios.

Luego hay otro pasaje muy contundente. En romanos 8:9, Pablo dice:

"Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él."

Eso debe resolver la cuestión, aunque alguno pueda haber pasado por todas las formas externas que algunos consideran necesarias para constituir un miembro de una iglesia. La aceptación como un miembro de una iglesia no es la prueba de que usted ha nacido de nuevo –de que usted sea una nueva criatura en Cristo Jesús.

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Creciendo en la gracia

Pero aunque usted puede haber nacido de nuevo, requerirá tiempo llegar a ser un cristiano maduro. La justificación es instantánea; pero la santificación continúa operándose toda la vida. Debemos crecer en sabiduría. Pedro dice:

"Creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 Pedro 3:18);

y en el primer capítulo de su Segunda Epístola:

"Mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad. Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo."

Así que debemos añadir gracia sobre gracia. Un árbol puede ser perfecto en su primer año de crecimiento; pero no llega a su madurez. Así es con el cristiano: él puede ser un verdadero hijo de Dios, pero no un cristiano maduro. El capítulo octavo de Romanos es muy importante, y debemos estar muy familiarizados con él. En el versículo catorce el apóstol dice:

"Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios."

Así como el soldado es liderado por su capitán, el alumno por su maestro, o el viajero por su guía; así el Espíritu Santo será la guía de cada verdadero hijo de Dios.

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La enseñanza de Pablo sobre la seguridad

A continuación permítame llamar su atención a otro hecho. Toda la enseñanza de Pablo en casi todas sus Epístolas proclama la doctrina de la seguridad. Él dice en 2 Corintios 5:1:

"Porque sabemos, que si la casa terrestre de nuestra habitación se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos."

Él tenía el título de una de las mansiones de arriba, y él dice -yo sé. No estaba viviendo en incertidumbre, él dijo:

"Tengo deseo de ser desatado, y estar con Cristo" (Filipenses 1:23);

y si hubiera estado inseguro no habría dicho eso. Luego en Colosenses 3:4, él dice:

"Cuando Cristo, vuestra vida, se manifestare, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria."

Se me dijo que la lápida del Dr. Watts portaba este mismo pasaje de la Escritura. No hay duda allí.

Ahora diríjase a Colosenses 1:12:

"Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz: Que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo."

Tres cosas hechas.

    1. "nos HIZO aptos"
    2. "nos HA librado"; y
    3. "nos HA trasladado".

No dice que Él nos va a hacer aptos; que Él nos va a librar; que Él nos va a trasladar.

Además en el versículo catorce:

"En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados."

O estamos perdonados o no lo estamos; no deberíamos darnos ningún descanso hasta que entremos en el reino de Dios; ni hasta que cada uno de nosotros pueda mirar hacia lo alto y decir:

"Sabemos, que si la casa terrestre de nuestra habitación se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos " (2 Corintios 5:1).

Mire Romanos 8:32:

"El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?"

Si Él nos dio a Su Hijo, ¿no nos dará la certeza de que Él es nuestro? Oí esta ilustración. Había un hombre que debía $10.000, y se iba a producir la quiebra, pero se presentó un amigo y pagó la suma. Se encontró después que él debía unos pocos dólares más; pero él ni por un momento tuvo duda alguna de que, como su amigo había pagado la cantidad más grande, también pagaría la más pequeña. Y nosotros tenemos una suprema garantía cuando se dice que si Dios nos ha dado Su Hijo "nos dará también con Él todas las cosas"; y si queremos comprender nuestra salvación sin ninguna duda, Él no nos dejará en tinieblas.

También desde el versículo treinta y tres:

"¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? o angustia? o persecución? o hambre? o desnudez? o peligro? o cuchillo? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."

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La seguridad puede ser una certeza

Hay Seguridad para usted. "YO SÉ". ¿Usted cree que el Dios que me ha justificado me condenará? Eso es totalmente absurdo. Dios nos salvará de modo que ni los hombres, ni los ángeles, ni los demonios, puedan presentar acusación alguna en nuestra contra o en contra de Él. Él hará la obra completa.

Job vivió en un tiempo más oscuro que el nuestro; pero en Job 19:25 leemos:

"Yo que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo."

La misma confianza se respira a través de las últimas palabras de Pablo a Timoteo:

"Por lo cual asimismo padezco esto: mas no me avergüenzo; porque yo a quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día" (2 Timoteo 1:12).

No es una cuestión de duda, sino de conocimiento. "Yo sé." "Estoy cierto." La palabra "Esperanza", no es usada en la Escritura para expresar duda. Ella se usa con respecto a la segunda venida de Cristo, o a la resurrección del cuerpo. Nosotros no decimos que "esperamos" ser cristianos. Yo no digo que "espero" ser un americano, o que "espero" ser un hombre casado. Estas son cosas establecidas. Yo puedo decir que "espero" volver a mi casa; o que "espero" asistir a cierta reunión. No digo que "espero" venir a este país, porque estoy aquí. Y así, si somos nacidos de Dios lo sabemos; y Él no nos dejará en la oscuridad si buscamos en las Escrituras.

Cristo enseñó esta doctrina a sus setenta discípulos cuando volvieron gozosos con su éxito, diciendo:

"Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre."

El Señor pareció probarles, y dijo que les daría algo en que regocijarse:

"Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos" (Lucas 10:20).

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Nuestra salvación es segura

Es el privilegio de cada uno de nosotros saber, más allá de toda duda, que nuestra salvación es segura. Entonces podemos trabajar para otros. Pero si estamos dudando de nuestra propia salvación, no seremos aptos para el servicio de Dios.

Otro pasaje es Juan 5:24:

"De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá a ‘condenación’" (otras versiones emplean la palabra ‘juicio’) "mas pasó de muerte a vida."

 

Algunas personas dicen que usted nunca puede decir hasta que esté delante del gran trono blanco de Juicio si es salvo o no. Oh, mi querido amigo, si su vida está escondida con Cristo en Dios [Colosenses 3:2], usted no irá a juicio por sus pecados. Podemos ir a juicio para las recompensas. Esto es claramente enseñado cuando el señor arregló cuentas con el siervo al que había dado cinco talentos, y que trajo otros cinco talentos diciendo:

"Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor" (Mateo 25:20, 21).

Nosotros seremos juzgados por nuestra mayordomía. Eso es una cosa; pero la salvación -la vida eterna- es otra.

¿Demandará Dios dos veces el pago de la deuda que Cristo ha pagado por nosotros? Si Cristo llevó mis pecados en su cuerpo sobre el madero, ¿debo responder por ellos yo también?

Isaías nos dice que:

"Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados" (53:5).

En romanos 4:25 leemos: Él

"fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación."

Creamos, y obtengamos el beneficio de su obra terminada.

También vemos en Juan 10:9:

"Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos."

Luego desde el versículo veintisiete:

"Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre."

¡Piense en eso! El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, están comprometidos para guardarnos. Usted ve que no sólo está el Padre, ni sólo el Hijo, sino las tres personas del Dios Triuno.

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Mirando en busca de la Vida

Ahora bien, muchas personas quieren alguna señal fuera de la palabra de Dios. Ese hábito siempre produce duda. Si yo le hiciera una promesa a un hombre para encontrarnos mañana en cierto lugar y hora, y él me pidiera mi reloj como una muestra de mi sinceridad, eso sería un desprecio de mi veracidad. No debemos cuestionar lo que Dios ha dicho: Él ha hecho declaración tras declaración, y multiplicado ilustración sobre ilustración. Cristo dice:

"Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo" (Juan 10:9).

"Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen" (Juan 10:14).

"Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida" (Juan 8:12).

"Yo soy... la Verdad": recíbalo, y tendrá la verdad; porque Él es la personificación de la verdad (Juan 14:6).

¿Quiere conocer el camino? "Yo soy el Camino": Sígalo, y Él lo llevará al el reino (Juan 14:6).

¿Tiene hambre de justicia? "Yo soy el Pan de Vida": si come de Él nunca tendrá hambre (Juan 6:35).

Yo soy "el Agua de Vida": si bebe de esta agua ella será dentro de usted "una fuente de agua que salte para vida eterna" (Apocalipsis 21:6; Juan 4:14).

"Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente" (Juan 11:25, 26).

 

Permítame recordarle de donde vienen nuestras dudas. Muchos del querido pueblo de Dios nunca van más allá de considerarse siervos. Él nos llama "amigos".

"Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando" (Juan 15:14).

Si usted entra en una casa, pronto verá la diferencia entre el sirviente y el hijo. El hijo camina con perfecta libertad por toda la casa: él está en su hogar. Pero el sirviente ocupa un lugar subordinado. Lo que nosotros queremos es ser más que siervos. Debemos comprender nuestra posición para con Dios como hijos e hijas. Él no anulará la condición de hijos de sus hijos. Dios no sólo nos ha adoptado; sino que somos suyos por nacimiento: hemos nacido en su reino. Mi pequeño muchacho era tan mío cuando tenía un día como ahora que tiene catorce años. Él era mi hijo; aunque no aparecía lo que sería cuando alcanzó la edad de un hombrecito. Él es mío; aunque pueda tener que ser ejercitado bajo tutores e instructores.

Otro origen de dudas es mirarnos a nosotros mismos. Si usted quiere ser desdichado y miserable, lleno de dudas desde la mañana hasta la noche, mírese a usted mismo.

"Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera" (Isaías 26:3).

Muchos de los queridos hijos de Dios están privados del gozo porque se mantienen mirándose a sí mismos.

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Tres maneras de mirar

Alguien ha dicho: "Hay tres maneras de mirar. Si usted quiere ser miserable, mire hacia adentro; si quiere ser distraído, mire alrededor; pero si quiere tener paz, mire arriba."

Pedro apartó la vista de Cristo, e inmediatamente comenzó a hundirse. El Señor le dijo: "Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?" (Mateo 14:31).

Él tenía la eterna palabra de Dios, que era un seguro fundamento, y mejor que mármol, granito, o acero; pero en el momento que apartó la vista de Cristo, se hundió. Aquellos que miran alrededor no pueden ver cuan inestable y deshonroso es su andar. Queremos mirar directamente al "Autor y Consumador de la fe" (Hebreos 12:2).

Cuando yo era un muchacho solamente podía dejar una huella recta en la nieve, manteniendo mis ojos fijos en un árbol o en algún objeto delante mío. En el momento que apartaba mi vista de la marca puesta delante mío, caminaba torcidamente. Sólo cuando miramos fijamente a Cristo encontramos perfecta paz. Después de que Él resucitó de entre los muertos, mostró sus manos y sus pies a sus discípulos.

"Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo" (Lucas 24:39).

Ese fue el fundamento de su paz. Si usted quiere disipar sus dudas, mire a la sangre [de Cristo]; y si quiere aumentar sus dudas, mírese a sí mismo. Obtendrá suficientes dudas durante años por ocuparse de usted mismo durante unos pocos días.

Entonces otra vez: mire lo que Él es, y a lo que Él ha hecho; no lo que usted es, ni lo que usted ha hecho. Esa es la manera de obtener paz y descanso.

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Lo que obtuvo la proclama de Abraham Lincoln

Abraham Lincoln emitió una proclama declarando la emancipación de tres millones de esclavos. En un cierto día sus cadenas debían caer, y ellos iban a ser libres. Esa proclama fue puesta en los árboles y vallados dondequiera el Ejército del norte marchaba. Muchos esclavos no podían leer, pero otros leían la proclama, y la mayoría de ellos la creía; y en un cierto día se alzaba el feliz clamor: "¡Somos libres!" Algunos no lo creían, y permanecían con sus antiguos amos; pero eso no cambiaba el hecho de que eran libres. Cristo, el Capitán de nuestra salvación, ha proclamado libertad para todos los que tienen fe en Él. Tomémosle su palabra. Sus sentimientos no habrían liberado a los esclavos. El poder debe venir de afuera. Mirarnos a nosotros mismos no nos harán libres, sino mirar a Cristo con el ojo de la fe.

El obispo Ryle ha dicho notablemente:

"La fe es la raíz, y la Seguridad es la flor. Indudablemente usted nunca puede tener la flor sin tener la raíz; pero no es menos cierto que puede tener la raíz y no tener la flor.

"La fe es aquella pobre, temblorosa mujer que vino por detrás de Jesús entre el apretujamiento de la multitud, y tocó el borde de su manto. (Marcos 5:27). La seguridad es Esteban permaneciendo calmadamente en medio de sus asesinos, y diciendo: 'Veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios' (Hechos 7:56).

"La fe es el ladrón arrepentido exclamando: 'Acuérdate de mí' (Lucas 23:42). La seguridad es Job sentado en el polvo, cubierto con llagas, y diciendo: 'Yo sé que mi Redentor vive.' 'Aunque me matare, en Él esperaré' (Job 19:25; 13:15).

"La fe es el grito de Pedro ahogándose, cuando comenzó a hundirse: '¡Señor, sálveme!' (Mateo 14:30). La seguridad es ese mismo Pedro declarando ante el Concilio, en tiempos posteriores: 'Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos' (Hechos 4:11, 12).

"La fe es la ansiosa, temblorosa voz: '¡Creo, ayuda mi incredulidad!' (Marcos 9:24). La seguridad es el confiado desafío: '¿Quién acusará a los escogidos de Dios? ¿Quién es el que condenará?' (Romanos 8:33, 34).

"La fe es Saulo orando en la casa de Judas en Damasco, afligido, ciego, y sólo: 'Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama la Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso: porque he aquí, Él ora' (Hechos 9:11). La seguridad es Pablo, el anciano prisionero, mirando serenamente hacia la tumba, y diciendo: 'Yo sé a quien he creído.' 'Me está guardada la corona' (2 Timoteo 1:12; 4:8).

(Seguridad. Por el obispo Ryle. 7ª edición. Págs. 15, 16).

 

Otro escritor dice: "He visto arbustos y árboles crecer sobre las rocas, y por encima de temibles precipicios, rugientes cataratas, y profundas corrientes de agua; pero mantuvieron su posición, y sus hojas y ramas brotaron como si hubieran estado en medio de un denso bosque." Estar aferrados a la roca los hacía seguros; y las influencias de la naturaleza sostenían su vida. Así los creyentes están expuestos frecuentemente a los más horribles peligros en su travesía hacia el cielo; pero, con tal que ellos estén "arraigados y fundados" (Efesios 3:17) en la Roca de los Siglos, ellos están perfectamente seguros. Su unión con Él es su garantía; y las bendiciones de su gracia les dan vida y los mantienen con vida. Y como el árbol debe morir, o la roca caer, antes de que pueda producirse una separación entre ellos, así o el creyente debe perder su vida espiritual, o la roca debe desintegrarse, antes de que su unión pueda ser disuelta. [N. del tr.: Lo cual ciertamente es imposible, ya que los cristiano están sellados con el Espíritu Santo (Efesios 1:13, 14) y Cristo vive "siempre para interceder por ellos" (Hebreos 7:25) ante el trono del Padre.]

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CAPÍTULO 8.
Cristo es el todo, y en todos

"Donde no hay Griego ni Judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni Scytha, siervo ni libre; mas Cristo es el todo, y en todos" -Colosenses 3:11.

CRISTO es para nosotros todo lo que hacemos que Él sea. Quiero enfatizar esa palabra "TODO". Algunos hombres hacen que él sea, "raíz de tierra seca... sin atractivo" (Isaías 53:2). Él no es nada para ellos; ellos no lo quieren. Algunos cristianos tienen un Salvador muy pequeño, porque no le permiten hacer grandes y poderosas cosas para ellos. Otros tienen un poderoso Salvador, porque hacen que sea grande y poderoso.

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Un Salvador del pecado

Si supiéramos lo que Cristo quiere ser para nosotros, deberíamos conocerle en primer lugar como nuestro Salvador del pecado. Cuando el ángel bajó del cielo para proclamar que Él iba a nacer en el mundo, usted recuerda que dio su nombre: "Llamarás su nombre Jesús, (Salvador), porque Él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21). ¿HEMOS SIDO LIBRADOS DEL PECADO? Él no vino a salvarnos en nuestros pecados, sino de nuestros pecados.

Ahora bien, hay tres maneras de conocer a un hombre. Usted conoce a algunos hombres sólo de oídas; a otros meramente los conoce por haber sido presentado a ellos alguna vez -los conoce muy superficialmente; por otra parte a otros los conoce por haber estado familiarizado con ellos durante años -los conoce íntimamente. De igual manera creo que actualmente hay tres clases de personas en la Iglesia cristiana y fuera de ella: aquellos que conocen a Cristo sólo por leer o de oídas -los que tienen un Cristo de la historia; aquellos que tienen un leve trato personal con Él; y aquellos que tienen sed, como Pablo, para "conocerle, y la virtud de su resurrección" (Filipenses 3:10). Cuanto más conozcamos de Cristo más lo amaremos, y mejor le serviremos.

Mirémosle cuando cuelga sobre la Cruz, y veamos cómo ha quitado el pecado. Él había manifestado que Él podía quitar nuestros pecados; y si realmente le conocemos, debemos verle en primer lugar como nuestro Salvador del pecado. Recuerde lo que dijeron los ángeles a los pastores en las praderas de Belén:

"He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor" (Lucas 2:10-11).

Luego, si retrocede completamente a Isaías, setecientos años antes del nacimiento de Cristo, usted encontrará estas palabras:

"Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve" (43:11).

Además, en la Primera Epístola de Juan (4:14) leemos:

"Nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo."

Podemos leer como todas las religiones paganas enseñan a los hombres a forjar su camino hasta Dios; pero la religión de Jesucristo es Dios descendiendo hasta los hombres para salvarlos, para levantarlos y sacarlos del pozo del pecado. En Lucas 19:10 leemos lo que Cristo mismo dijo al pueblo que Él vino a hacer:

"El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido."

Así que tenemos nuestro comienzo desde la Cruz, no desde la cuna. Cristo ha abierto un camino nuevo y vivo al Padre. Él ha quitado todos los obstáculos del camino, para que todo el que acepte a Cristo como su Salvador pueda tener la salvación.

 

Cristo es más que un Salvador

Pero Cristo no sólo es un Salvador. Yo podría salvar a un hombre de ahogarse y rescatarlo de una muerte prematura; pero probablemente no podría ser capaz de hacer nada más por él. Cristo es algo más que un Salvador. Cuando los hijos de Israel fueron puestos detrás de la sangre, [en la primer Pascua en Egipto], esa sangre fue su salvación; pero todavía hubieran tenido que oír el estallido del látigo del capataz de los esclavos si no hubieran sido librados del yugo de esclavitud egipcio: entonces Dios también los libró de la mano del rey de Egipto. Tengo poca simpatía con la idea de que Dios nos salva, y luego nos deja en prisión, esclavos de nuestros persistentes pecados. No; Él ha venido para librarnos, y para darnos victoria sobre nuestros malos temperamentos, nuestras pasiones, y nuestras codicias. ¿Es usted un cristiano profesante, pero que es esclavo de algún pecado persistente? Si quiere obtener la victoria sobre ese temperamento o esa concupiscencia, avance en conocer a Cristo más íntimamente.

Él trae liberación para el pasado, el presente, y el futuro.

"El cual nos libró... y libra... que aún nos librará" (2 Corintios 1:10).

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Cuando las cosas lucen oscuras

Cuán frecuentemente, como los hijos de Israel cuando llegaron al Mar Rojo, nos hemos desanimado porque todo lucía oscuro delante, detrás, y alrededor nuestro, y no sabíamos que camino tomar. Como Pedro hemos dicho: "¿A quién iremos" (Juan 6:68). Pero Dios ha aparecido para nuestra liberación. Él nos ha sacado a través del Mar Rojo directamente al desierto, y ha hecho abierto el camino a la Tierra Prometida. Pero Cristo no sólo es nuestro Libertador; Él es nuestro Redentor. Eso es algo más que ser nuestro Salvador. Él nos ha comprado nuevamente.

"De balde fuisteis vendidos; por tanto, sin dinero seréis rescatados" (Isaías 52:3).

Nosotros fuimos redimidos "no con cosas corruptibles, como oro o plata" (1 Pedro 1:18).

Si el oro hubiera podido redimirnos, ¿no podría haber creado Él diez mil mundos llenos de oro?

Cuando Dios redimió a los hijos de Israel de la esclavitud de Egipto, y los trajo a través del Mar Rojo, ellos marcharon por el desierto; y entonces Dios se volvió para ellos su Camino. Yo estoy tan agradecido de que el Señor no nos ha dejado en oscuridad en cuanto al camino correcto. No hay persona viva que haya estado tanteando en la oscuridad que no pueda conocer el camino. "Yo soy el Camino", dice Cristo. Si seguimos a Cristo estaremos en el camino correcto, y tendremos la doctrina correcta. ¿Quién podría llevar a los hijos de Israel a través del desierto como el mismo Dios Todopoderoso? Él conocía los obstáculos ocultos y los peligros del camino, y guió al pueblo en toda su travesía por el desierto directamente a la tierra prometida. Es cierto que si no hubiera sido para su maldita incredulidad, ellos podrían haber entrado a la tierra en Kadesh-barnea, y tomado posesión de ella. Pero desearon algo aparte de la palabra de Dios; entonces se les hizo retroceder, y tuvieron que vagar en el desierto por cuarenta años. Creo que hay miles de hijos de Dios vagando en el desierto todavía. El Señor los habría librado de la mano del egipcio, y los llevaría inmediatamente a través del desierto directamente a la Tierra Prometida, si sólo estuvieran deseosos de seguir a Cristo. Cristo ha bajado hasta aquí, y ha hecho suaves a los lugares ásperos, y luz a las regiones oscuras, y rectos a los lugares torcidos. Si sólo deseamos ser liderados por Él, y lo seguimos, todos será paz, y gozo, y descanso.

Marcando el Camino

Cuando un hombre sale a cazar en la frontera, lleva una hacha pequeña, y corta pedazos de la corteza de los árboles a medida que va a través del bosque: esto se llama "marcar el camino". Él hace eso para que pueda saber el camino de regreso, porque no hay sendas en estos espesos bosques. Cristo ha bajado a esta tierra; Él ha "marcado el camino"; y ahora que ha subido a las alturas, si sólo queremos seguirle, nos mantendremos en la senda correcta. Le diré cómo puede saber si usted está siguiendo a Cristo o no. Si alguien lo ha calumniado, o juzgado injustamente, ¿lo trata usted como lo hubiera hecho su Maestro? Si no soporta estas cosas en un espíritu amante y perdonador, todas las iglesias y ministros del mundo no pueden corregirlo.

Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él" (Romanos 8:9).

"Si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Corintios 5:17).

 

Cristo no sólo es nuestro camino: Él es la Luz sobre el camino. Él dice: "Yo soy la Luz del mundo" (Juan 8:12; 9:5; 12 46). Él continúa diciendo: "El que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la Lumbre de la Vida." Es imposible que cualquier hombre o mujer que está siguiendo a Cristo camine en tinieblas. Si su alma está en la oscuridad, tanteando en la niebla y la bruma de la tierra, déjeme decirle que es así porque usted se ha alejado de la verdadera luz. No hay nada que disipe las tinieblas excepto la luz. Así que aquellos que están caminando en la oscuridad espiritual, admitan a Cristo en sus corazones: Él es la Luz. Recuerdo un cuadro en el que antes acostumbraba a pensar mucho; pero que ahora considero con mayor cuidado, yo no lo pondría en mi casa a menos que lo pusiera con el frente hacia la pared. Éste representa a Cristo de pie junto a una puerta, golpeándola, y teniendo un gran farol en su mano. Oh, de igual manera como usted podría colgar un farol al sol así podría poner uno en la mano de Cristo. Él es el Sol de Justicia; y es nuestro privilegio caminar en la luz de un sol sin nubes.

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Tratando de atrapar la sombra de uno mismo

Muchos buscan afanosamente luz, paz, y gozo. En ninguna parte se nos dice que busquemos estas cosas. Si damos entrada a Cristo en nuestros corazones todo esto vendrá por sí solo. Recuerdo, que cuando era un muchacho, acostumbraba en vano intentar alcanzar mi sombra. Un día estaba caminando con mi cara frente al sol; cuando por casualidad miré a mi alrededor vi que mi sombra me estaba siguiendo. Cuanto más rápidamente iba más rápido mi sombra me seguía; yo no podía separarme de ella. Así cuando nuestros rostros están dirigidos hacia el Sol de Justicia, la paz y el gozo vendrán seguro.

Un hombre me dijo hace algún tiempo: "Moody, ¿cómo se siente?" Pasó tanto desde que había pensado sobre mis sentimientos que tuve que detenerme y reflexionar por un rato para averiguarlo. Algunos cristianos están pensando todo el tiempo sobre sus sentimientos; y porque no se sienten totalmente bien, creen que su gozo se ha ido por completo. Si mantenemos nuestro rostro hacia Cristo, y estamos ocupado con Él, seremos elevados fuera de las tinieblas y la aflicción que pueden haberse acumulado alrededor de nuestra senda.

Recuerdo cuando estuve en una reunión después de que estalló la guerra de la rebelión. La guerra se había desarrollado por aproximadamente seis meses. El ejército del Norte había sido derrotado en Bull Run: de hecho, teníamos sólo derrota, y parecía como si la República se estuviera despedazando. Entonces estábamos muy abatidos y desanimados. Parecía que en esta reunión cada orador hubiera colgado su arpa en el sauce por un tiempo; y esta era una de las reuniones más melancólicas a la que alguna vez asistí. Finalmente un anciano con hermosos cabellos blancos se levantó para hablar, y su rostro literalmente brillaba. "Jóvenes varones", él dijo, "ustedes no hablan como hijos del Rey. Aunque aquí mismo es oscuro, recuerden que está iluminado en otra parte." Luego continuó diciendo que si estuviera oscuro en todo el mundo alrededor del Trono en las alturas estaba iluminado.

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Suba por encima de las nubes

Él nos dijo que había venido del Este, donde un amigo le había descrito cómo había estado en una montaña para pasar la noche y ver la salida del sol. Cuando el grupo estaba escalando la montaña, y antes de que hubieran alcanzado la cumbre, vino una tormenta. Este amigo dijo al guía, "abandonaré esto; lléveme de regreso". El guía sonrió, y respondió: "creo que pronto estaremos por encima de la tormenta." Entonces prosiguieron; y en poco tiempo llegaron hasta donde estaba tan calmo como una tarde de verano. Abajo en el valle rugía una terrible tormenta; ellos podían oír al trueno vibrando, y ver el destello del rayo; pero todo estaba sereno en la cima de la montaña. "Y así, mis jóvenes amigos", continuó el anciano, "aunque todo está oscuro alrededor de ustedes, suban un poco, y la oscuridad se alejará." A menudo cuando he estado inclinado a desanimarme, he pensado en lo que él dijo. Entonces, si usted está en el valle en medio de la espesa bruma y la oscuridad, vaya un poco más alto; vaya más cerca de Cristo, y conozca más de Él.

Recuerde, la Biblia dice que cuando Cristo expiró en la cruz, la luz del mundo se apagó. Dios envió a Su Hijo para ser la luz del mundo; pero los hombres no amaron la luz porque ella los reprobaba por sus pecados. Cuando ellos intentaron apagar esta luz, ¿qué dijo Cristo a Sus discípulos?

"Me seréis testigos" (Hechos 1:8).

Él ha ido allá arriba para interceder para nosotros; pero quiere que nosotros brillemos por Él aquí abajo.

"Vosotros sois la luz del mundo" (Mateo 5:14).

Entonces nuestra función es brillar; no para hacernos notar y que la gente pueda mirarnos. Lo que queremos hacer es mostrar a Cristo. Si tenemos siquiera algo de luz esta es una luz prestada. Alguien dijo a un joven cristiano: "¡Conversión! ¡eso es una luz de luna!" [expresión que se usa en el idioma inglés y significa "¡qué disparate!"]. Él dijo: "Le agradezco por la ilustración; la luna toma prestada su luz del sol; y nosotros tomamos prestada la nuestra del Sol de Justicia." Si somos de Cristo, estamos aquí para brillar por Él; luego Él nos llamará al hogar para darnos la recompensa.

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El hombre ciego y la linterna

Recuerdo haber oído de un hombre ciego que se sentaba al costado del camino con un farol junto a él. Cuando se le preguntó para que tenía un farol, si él no podía ver la luz, dijo que era para que la gente no tropezara con él. Creo que más personas tropiezan con las inconsistencias de supuestos cristianos que con cualquier otra razón. ¿Qué es lo que está haciendo más daño a la causa de Cristo que todo el escepticismo en el mundo? Es este frío, y muerto formalismo, esa conformidad al mundo, ese profesar lo que no poseemos. Los ojos del mundo están sobre nosotros. Creo que fue George Fox quien dijo que cada cuáquero debería iluminar su región diez millas alrededor de él. Si todos estuviésemos resplandeciendo por el Maestro, aquellos que nos rodean serían alcanzados pronto, y habría un clamor de alabanza ascendiendo hacia el cielo.

La gente dice: "Quiero saber cuál es la verdad". Escuche: "YO SOY... LA VERDAD" (Juan 14:6), dice Cristo. Si quiere saber cuál es la verdad, familiarícese con Cristo. La gente también se queja de que no tiene vida. Muchos están intentando darse vida espiritual a sí mismos. Usted puede galvanizarse y ponerse electricidad, por así decirlo; pero el efecto no durará mucho tiempo. Sólo Cristo es el autor de vida. Si quiere tener una vida espiritual real conozca a Cristo. Muchos intentan estimular una vida espiritual yendo a reuniones. Eso puede ser bueno; pero será inútil, a menos que entren en contacto con el Cristo vivo. Entonces su vida espiritual no será una cosa espasmódica, sino que será perpetua; fluyendo sin cesar, y produciendo fruto para Dios.

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Cristo es también nuestro guardador

Muchos discípulos jóvenes temen que no serán sostenidos.

"No se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel" (Salmos 121:4).

Es la obra de Cristo guardarnos; y si Él nos guarda no habrá peligro de caída. Supongo que si la Reina Victoria tuviera que cuidar la Corona de Inglaterra, algún ladrón podría intentar alcanzarla; pero ella está guardada en la Torre de Londres, y custodiada noche y día por soldados. El ejército inglés entero, si fuese necesario, sería convocado para protegerla. Y nosotros no tenemos fuerza en nosotros mismos. No somos rivales para Satanás; él ha tenido seis mil años de experiencia. Pero entonces recordamos que Aquel que no se adormece ni duerme es nuestro guardador. En Isaías 41:10, leemos:

"No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia."

También en Judas, versículo 24 se nos dice que Él es "poderoso para guardaros sin caída".

"Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1).

Pero Cristo es algo más. Él es nuestro PASTOR. La función del pastor es cuidar las ovejas, alimentarlas, y protegerlas.

1. "Yo soy el Buen Pastor" (Juan 10:11).

2. "Mis ovejas oyen mi voz" (Juan 10:27).

3. "Yo pongo mi vida por las ovejas" (Juan 10:15).

En ese maravilloso capítulo décimo de Juan, Cristo emplea la primera persona no menos de veintiocho veces, declarando lo que Él es y lo que Él hará. En el versículo 28 dice:

"No perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano." [En la versión King James que D. L. Moody cita dice: "No perecerán para siempre, ni [hombre] alguno las arrebatará de mi mano."]

Observe que la palabra "hombre" está en letra itálica. Vea cómo se lee realmente el versículo: "Ni NADIE las arrebatará de mi mano" -ningún demonio u hombre podrá hacerlo. En otro lugar la Escritura declara,

"Vuestra vida está escondida con Cristo en Dios" (Colosenses 3:3).

¡Cuán protegida y cuán segura!

Cristo dice: " Mis ovejas oyen mi voz... y me siguen" (Juan 10:27). Un caballero oyó en el Oriente de un pastor que podía hacer venir todas sus ovejas llamándolas por sus nombres. Él fue y preguntó si esto era verdad. El pastor lo llevó hasta la pastura donde ellas estaban, y llamó a una de ellas por cierto nombre. Una oveja levantó la mirada y respondió al llamado, mientras las otras continuaron comiendo y no prestaron atención. De la misma forma llamó a aproximadamente una docena de las ovejas que le rodeaban. El extranjero le dijo: "¿Cómo diferencia una de otra? Todas parecen exactamente iguales." "Bien", dijo él, "usted ve que aquella oveja se para un poco con la punta de las patas; aquella otra tiene una mirada bizca; una tiene salido un pequeño vellón; otra tiene una mancha negra; y a otra le falta un pedazo de su oreja." El hombre conocía todas sus ovejas por sus defectos, porque no tenía una sola perfecta en todo el rebaño. Yo supongo que nuestro Pastor nos conoce de la misma forma.

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Sus ovejas conocían su voz

Un pastor oriental estaba diciendo una vez a un caballero que sus ovejas conocían su voz y que ningún extraño podía engañarlas. El caballero pensó que le gustaría poner a prueba esa afirmación. Entonces se puso la túnica y el turbante del pastor, y tomó su cayado, y se acercó al rebaño. Él ocultó su voz, y trató de hablar como el pastor lo mejor que pudo; pero no consiguió que una sola oveja del rebaño le siguiera. Él preguntó al pastor si sus ovejas alguna vez siguieron a un extraño. Él se vio obligado a admitir que si una oveja se enfermaba seguiría a cualquiera.

Así sucede con muchos cristianos profesantes: cuando ellos se enferman y se debilitan en la fe, seguirán a cualquier maestro que aparezca; pero cuando el alma está saludable, la persona no será arrastrada por errores y herejías. Ella sabrá si la "voz" habla o no la verdad. Puede decir rápidamente, si está realmente en comunión con Dios. Cuando Dios envía un verdadero mensajero, sus palabras encontrarán una pronta respuesta en el corazón cristiano.

Cristo es un tierno Pastor. A veces puede pensar que Él no ha sido un muy tierno Pastor para usted: está pasando bajo la disciplina. Escrito está:

"El Señor al que ama castiga, Y azota a cualquiera que recibe por hijo" (Hebreos 12:6).

Que usted esté pasando bajo la disciplina no es una prueba de que Cristo no lo ame.

Un amigo mío perdió todos sus hijos. Ningún hombre jamás podría haber amado más a su familia; pero la escarlatina los llevó uno a uno; y así los cuatro o cinco, uno tras otro, murieron. Los pobres apenados padres fueron a Gran Bretaña, y vagaron de un lugar a otro, allí y en la parte continental europea. Finalmente llegaron a Siria. Un día vieron a un pastor oriental bajando hacia un arroyo, y llamando a su rebaño para cruzarlo. Las ovejas bajaron hasta la orilla, y miraban hacia el agua; pero parecían rehuir de ella, y él no podía hacer que respondieran a su llamada. Entonces tomó un pequeño cordero, lo puso bajo un brazo; tomó otro cordero y lo puso bajo el otro brazo, y así entró al arroyo. Las ovejas más viejas no permanecieron más tiempo mirando el agua: se zambulleron detrás del pastor; y en pocos minutos el rebaño entero estuvo del otro lado; y fueron apresuradamente hacia más nuevas y más frescas pasturas. Los desolados padre y madre, cuando contemplaron la escena, sintieron que ella les enseñaba una lección. Ellos ya no murmuraron porque el Gran Pastor hubiera llevado sus corderos uno tras otro en el mundo allá lejos; y empezaron a mirar hacia lo alto y a esperar el tiempo cuando ellos seguirían a los amados que habían perdido. Si usted tiene amados idos antes, recuerde que su Pastor lo está llamando a "poner la mira en las cosas de arriba" (Colosenses 3:2). Seamos fieles a Él, y sigámosle, mientras permanecemos en este mundo. Y si usted no lo ha tomado como su Pastor, hágalo así en este mismo día.

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Una admirable descripción de Cristo

Cristo no sólo es todas estas cosas que he mencionado: Él también es nuestro Mediador, el que nos santifica, el que nos justifica; de hecho, llevaría volúmenes decir lo que Él desea ser para cada alma individual. Una vez mientras miraba algunos papeles, leí esta hermosa descripción de Cristo. No sé de donde vino ésta originalmente; pero fue tan refrescante para mi alma que me gustaría dársela a usted:

"Cristo es nuestro Camino; andamos en Él.

Él es nuestra Verdad; nosotros lo abrazamos.

Él es nuestra Vida; vivimos en Él.

Él es nuestro Señor; lo elegimos para que nos gobierne.

Él es nuestro Amo; nosotros le servimos.

Él es nuestro Maestro, nos instruye en el camino de la salvación.

Él es nuestro Profeta, nos señala el futuro.

Él es nuestro Sacerdote, habiendo hecho la expiación por nosotros.

Él es nuestro Abogado, siempre viviendo para interceder por nosotros.

Él es nuestro Salvador, salvándonos hasta lo sumo.

Él es nuestra Raíz; nosotros crecemos desde Él.

Él es nuestro Pan; nos alimentamos de Él.

Él es nuestro Pastor, llevándonos a verdes pastos.

Él es nuestra Vid verdadera; permanecemos en Él.

Él es el Agua de Vida; saciamos nuestra sed en Él.

Él es el más hermoso entre diez mil; lo admiramos sobre todos los demás.

Él es 'el resplandor de la gloria del Padre, y la misma imagen de su sustancia'; nos esforzamos en reflejar su semejanza.

Él es el sustentador de todas las cosas; descansamos en Él.

Él es nuestra Sabiduría; somos guiados por Él.

Él es nuestra Justicia; depositamos todas nuestras imperfecciones sobre Él.

Él es nuestra Santificación; extraemos todo nuestro poder para una vida santa de Él.

Él es nuestra Redención, redimiéndonos de toda iniquidad.

Él es el que nos sana, curando todas nuestras dolencias.

Él es nuestro Amigo, nos ayuda en todas nuestras necesidades.

Él es nuestro Hermano, animándonos en nuestras dificultades."

 

Aquí está otro hermoso extracto: éste es de Gotthold:

"Por mi parte, mi alma es como un hambriento y sediento niño; necesito su amor y consuelo para mi refresco.

Soy una oveja errante y perdida; y lo necesito como un pastor bueno y fiel.

Mi alma es como una paloma asustada perseguida por el halcón; y necesito sus llagas como refugio.

Yo soy una endeble enredadera; y necesito su cruz para sostenerme, y alrededor de la cual envolverme.

Soy un pecador; y necesito su justicia.

Estoy desnudo y descubierto y necesito su santidad y su inocencia como cubierta.

Soy ignorante; y necesito su enseñanza. Soy simple y necio; y necesito la guía de su Espíritu Santo.

En ninguna situación, y en ningún momento, puedo hacer algo sin Él.

¿Oro? Él debe impulsarme, e interceder por mí.

¿Soy acusado por Satanás ante el tribunal Divino? Él debe ser mi Abogado.

¿Estoy en aflicción? Él debe ser mi Auxiliador.

¿Soy perseguido por el mundo? Él debe defenderme.

Cuando estoy desamparado, Él debe ser mi Apoyo; cuando estoy muriendo, mi Vida: cuando me estoy convirtiendo en polvo en la tumba, mi Resurrección.

Entonces bien, preferiré separarme de todo el mundo, y todo lo que éste contiene, antes que de Ti, mi Salvador. ¡Y, gracias a Dios! Yo sé que Tú tampoco quieres ni puedes separarte de mí.

Tú eres rico; y yo soy pobre.

Tú tienes abundancia; y yo soy necesitado.

Tú tienes justicia; y yo pecados.

Tú tienes vino y aceite; y yo heridas.

Tú tienes comida y bebida; y yo hambre y sed.

Úseme entonces, mi Salvador, para cualquier propósito, y de cualquier forma que requieras.

Aquí está mi pobre corazón, una vasija vacía; llénala con tu gracia.

Aquí está mi pecaminosa y angustiada alma; vivifícala y refréscala con tu amor.

Toma mi corazón para tu morada; mi boca para extender la gloria de tu nombre; mi amor y todas mis fuerzas, para el adelanto de tu pueblo creyente; y que nunca sufra el abatimiento de la constancia y la seguridad de mi fe, para que así, en todo tiempo pueda ser capaz de decir desde el corazón: 'Jesús me necesita, y yo a Él y así cooperamos el uno con el otro'."

 

[Nota: Christian Scriver, nacido el 2 de enero de 1629, era un predicador de la corte, que tenía mucha amistad con Gotthold, cuyo primer nombre él no nos da, pero de cuyos labios oyó y puso por escrito lo que llamó los símbolos de "Gotthold". Ellos eran bien conocidos en los tiempos de Martín Lutero. Fueron traducidos en Estados Unidos en 1859.]

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CAPÍTULO 9.
Apartamiento
"Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos" -Oseas 14:4.

HAY DOS CLASES de apartados. Algunos nunca se han convertido: ellos han pasado por la formalidad de unirse a una comunidad cristiana y pretenden haber retrocedido; pero ellos nunca han, permítanme usar la expresión, "ido hacia adelante". Pueden hablar de retroceso; pero ellos nunca han nacido de nuevo realmente. Ellos necesitan ser tratados de forma distinta a los verdaderos apartados, -aquellos que han nacido de la simiente incorruptible, pero que se han desviado. Queremos hacer volver a estos últimos por el mismo camino por el cual dejaron su primer amor.

Diríjase a Salmos 85:5. Allí usted lee:

"¿Estarás enojado contra nosotros para siempre? ¿Extenderás tu ira de generación en generación? ¿No volverás tú a darnos vida, Y tu pueblo se alegrará en ti? Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia, Y danos tu salud."

Ahora mire además:

"Escucharé lo que hablará el Dios Jehová: Porque hablará paz a su pueblo y a sus santos, Para que no se conviertan a la locura" (versículo 8).

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Los que retroceden y la Palabra de Dios

No hay nada que hará tanto bien a los que se apartan como llevarlos a la Palabra de Dios; y para ellos el Antiguo Testamento está tan lleno de ayuda como el Nuevo. El libro de Jeremías tiene algunos pasajes maravillosos para los extraviados. Lo que queremos hacer es llevar a los que retrocedieron a oír lo que Dios el Señor desea decir.

Vea por un momento Jeremías 6:10:

"¿A quién tengo de hablar y amonestar, para que oigan? He aquí que sus orejas son incircuncisas, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman."

Ese es el estado de los que retroceden. Ellos no tienen deleite alguno en la palabra de Dios. Pero queremos hacerles regresar, y que Dios pueda atraer su atención. Lea desde el versículo catorce al diecisiete:

"Y curan el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo, Paz, paz; y no hay paz. ¿Hanse avergonzado de haber hecho abominación? No por cierto, no se han avergonzado, ni aun saben tener vergüenza: por tanto caerán entre los que caerán; caerán cuando los visitaré, dice Jehová. Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. Desperté también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad a la voz de la trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos."

Ese era el estado de los judíos cuando retrocedieron. Ellos se habían apartado de las sendas antiguas. Y esa es la condición de los que retroceden. Ellos se han alejado del antiguo buen libro. Adán y Eva cayeron por no hacer caso a la palabra de Dios. Ellos no creyeron la palabra de Dios; pero creyeron al Tentador. Esa es la manera en que caen los que retroceden -apartándose de la palabra de Dios.

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"Yo entraré en juicio contigo"

En Jeremías 2 encontramos Dios argumentando con ellos como un padre pleitearía con un hijo.

"Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad, y tornáronse vanos?... Por tanto entraré aún en juicio con vosotros, dijo Jehová, y con los hijos de vuestros hijos pleitearé... Porque dos males ha hecho mi pueblo: dejáronme a mí, fuente de agua viva, por cavar para sí cisternas, cisternas rotas que no detienen aguas."

Ahora bien, hay una cosa sobre la que quiero llamar la atención de los que retroceden; y ésta es, ¡que el Señor nunca los abandonó; sino que ellos lo abandonaron a Él! ¡El Señor nunca los dejó; sino que ellos lo dejaron a Él! ¡Y esto además sin causa alguna! Él dice: "¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí?" ¿No es Dios el mismo hoy como cuando usted fue a Él al principio? ¿Ha cambiado Dios? Los hombres son propensos a pensar que Dios ha cambiado; pero la falla está en ellos.

Apartado, yo le preguntaría: "¿Qué maldad halló en Dios, para apartarse y alejarse de Él?" Usted ha, dice Él, cavado para sí mismo cisternas rotas que no detienen agua. El mundo no puede satisfacer a la nueva criatura. Ninguna fuente terrenal puede satisfacer al alma que ha llegado a ser participante de la naturaleza celestial. Honor, riqueza, y los placeres de este mundo, no contentarán a aquellos que, habiendo gustado el agua de la vida, han errado el camino, buscando refresco en las fuentes del mundo. Las fuentes terrenales se secarán. Ellas no pueden calmar la sed espiritual.

Veamos además el versículo treinta y dos:

"¿Olvídase la virgen de su atavío, o la desposada de sus sartales? mas mi pueblo se ha olvidado de mí por días que no tienen número." Esa es la acusación que Dios trae contra el que se ha apartado. Ellos "se han olvidado de mí por días que no tienen número."

Frecuentemente he sorprendido a jóvenes señoritas cuando les he dicho: "Mi amiga, tú piensas más en tus aros que en el Señor." La respuesta ha sido, "No, yo no hago eso." Pero cuando les he preguntado: "No te preocuparías si perdieras uno; y no te pondrías a buscarlo?" La respuesta ha sido: "Bueno, sí, creo que debería". Pero aunque ellas se han apartado del Señor, eso no les preocupa; ni lo buscan para hallarlo.

¡Cuántas que alguna vez anduvieron en compañerismo y en diaria comunión con el Señor, ahora piensan más de sus vestidos y adornos que de sus almas preciosas! El que ama no quiere ser olvidado. Los corazones de las madres se romperían si sus hijos las abandonaran y nunca les escribieran una palabra ni le enviaran algún recordatorio de su afecto; y Dios argumenta con los que se apartan como un padre con sus amados que se han descaminado; y trata de convencerlos para que regresen. Él pregunta: "¿Qué he hecho para que me abandonaran?"

 

Las palabras más tiernas y amorosas que se puedan encontrar en toda la Biblia son de Jehová para aquellos que lo han dejado sin causa. Oiga cómo Él argumenta con los tales:

"Tu maldad te castigará, y tu apartamiento te condenará: sabe pues y ve cuán malo y amargo es tu dejar a Jehová tu Dios, y faltar mi temor en ti, dice el Señor Jehová de los ejércitos" (Jeremías 2:19).

No exagero cuando digo que he visto centenares que se han apartado y han regresado; y les he preguntado si no han encontrado que dejar al Señor es una cosa mala y amarga. Usted no puede encontrar un verdadero apartado, que ha conocido al Señor, que no admita que es una cosa mala y amarga alejarse de Él. No conozco un versículo más usado para hacer regresar a los errantes que éste mismo. Pueda éste hacerle regresar si usted ha vagado en el país lejano.

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Apartarse es una cosa amarga

Mire a Lot. ¿No encontró que eso era una cosa amarga? Él estuvo veinte años en Sodoma, y nunca logró que alguien se convirtiera. A los ojos del mundo, a él le iba bien. La gente le hubiera dicho a usted que él era uno de los hombres más influyentes y respetables en toda Sodoma. Pero ay, él arruinó su familia. Y es triste ver a aquel antiguo apartado yendo por las calles de Sodoma a la medianoche, después de haber amonestado a sus hijas, y de que ellas cerraran sus oídos.

Nunca conocí que un hombre y su esposa se apartaran, sin que esto resultara en la entera ruina de sus hijos. Ellos harán de la religión una burla y ridiculizarán a sus padres: "¡Tu maldad te castigará, y tu apartamiento te condenará!"

¿No encontró David que eso era así? Obsérvelo llorando:

"¡Hijo mío Absalom, hijo mío, hijo mío Absalom! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalom, hijo mío, hijo mío!" (2 Samuel 18:33).

Yo creo que fue la ruina de su hijo, antes que la muerte de su hijo, lo que le causó esta angustia.

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Vagando por las áridas montañas del pecado

Recuerdo cuando estuve conversando hace algunos años, con un hombre anciano. Él había estado vagando durante años por las áridas montañas del pecado. Esa noche él quería regresar. Nosotros oramos, y oramos, y oramos, hasta que la luz resplandeció dentro suyo; y él se fue gozoso. La noche siguiente él se sentó delante de mí cuando yo estaba predicando; y pienso que nunca en toda mi vida vi a nadie lucir tan triste y desdichado. Él me siguió a la sala de consultas. "¿Cuál es el problema?" le pregunté. "¿Ha apartado sus ojos del Salvador? ¿Sus dudas le han hecho volver atrás?" "No; no es eso", dijo él. "No me ocupé de mis tareas habituales, sino que pasé todo este día visitando a mis hijos. Todos ellos están casados en esta ciudad. Fui de casa en casa; pero no hubo uno que no se burlara de mí. Este es el día más oscuro de mi vida. Me he dado cuenta de lo que he hecho. He introducido a mis hijos al mundo; y ahora no puedo sacarlos. "El Señor había restaurado en él el gozo de su salvación; sin embargo quedaron las amargas consecuencias de su trasgresión.

Usted puede repasar su experiencia; y puede encontrar exactamente los mismos casos repetidos una y otra vez. Muchos que venían sirviendo a Dios en su ciudad años atrás, en su prosperidad lo han olvidado. ¿Y dónde están sus hijos e hijas? Muéstreme al padre y la madre que han abandonado al Señor y vuelto a los pobres elementos del mundo; y que estoy equivocado si sus hijos no están en el camino hacia la ruina.

Porque queremos ser fieles advertimos a estos apartados. Es un signo de amor advertir del peligro. Podemos ser considerados como enemigos por un momento; pero los más verdaderos amigos son aquellos que alzan la voz de advertencia. Israel no tuvo amigo más verdadero que Moisés. En Jeremías Dios dio a su pueblo a un profeta llorón para hacerlos volver a Él; pero ellos se apartaron de Dios. Ellos olvidaron al Dios que los sacó de Egipto, y que los llevó por el desierto hasta la tierra prometida. En su prosperidad ellos lo olvidaron y se desviaron. El Señor les había dicho lo que sucedería (Deuteronomio 28). Y vea lo que sucedió. El rey que no tomó en serio la palabra de Dios, fue tomado cautivo por Nabucodonsor, y sus hijos fueron traídos delante de él y todos fueron matados; y a él le sacaron sus ojos; y fue encadenado y arrojado a un calabozo en Babilonia. (2 Reyes 25:7). Ésa es la manera en que cosechó lo que había sembrado. Ciertamente que apartarse es una cosa maligna y amarga, pero el Señor puede hacerle regresar por medio del mensaje de su Palabra.

En Jeremías 8:5 leemos:

"¿Por qué es este pueblo de Jerusalem rebelde con rebeldía perpetua? Abrazaron el engaño, no han querido volverse."

Eso es lo que el Señor trae contra ellos.

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"No han querido volverse"

"Escuché y oí; no hablan derecho, no hay hombre que se arrepienta de su mal, diciendo: ¿Qué he hecho? Cada cual se volvió a su carrera, como caballo que arremete con ímpetu a la batalla. Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, y la tórtola y la grulla y la golondrina guardan el tiempo de su venida; mas mi pueblo no conoce el juicio de Jehová." (Jeremías 8:6-7).

Ahora mire: "Escuché y oí; no hablan derecho." ¡Ningún altar familiar! ¡Ninguna lectura de la Biblia! ¡Ninguna devoción privada! ¡Dios se inclina para oír; pero su pueblo se ha apartado! Si usted es un rebelde contrito, uno que está ansioso por perdón y restauración, no encontrará palabras más tiernas que las que se encuentran en Jeremías 3:12:

"Ve, y clama estas palabras hacia el aquilón, y di: Vuélvete, oh rebelde Israel, dice Jehová; no haré caer mi ira sobre vosotros: porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo."

 

Ahora mire:

"Conoce empero tu maldad, porque contra Jehová tu Dios has prevaricado, y tus caminos has derramado a los extraños debajo de todo árbol umbroso, y no oíste mi voz, dice Jehová. Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo " (Jeremías 3:13, 14)

-¡piense en Dios viniendo y diciendo, "yo soy vuestro esposo"!-

"y os tomaré uno de una ciudad, y dos de una familia, y os introduciré en Sión."

"Conoce empero tu maldad." ¡Cuántas veces he mostrado este pasaje a uno que se ha apartado! "Reconoce"; y Dios dice que te perdonará. Recuerdo un hombre preguntando: "¿Quién dijo eso? ¿Está eso allí?" Y yo le mostré el pasaje: "Conoce empero tu maldad"; y el hombre cayó sobre sus rodillas, y exclamó: "Mi Dios, he pecado"; y el Señor lo restauró en ese mismo momento. Si usted ha andado errante, Él quiere que regrese.

Él dice en otro lugar,

"¿Qué haré a ti, Ephraim? ¿Qué haré a ti, oh Judá? La piedad vuestra es como la nube de la mañana, y como el rocío que de madrugada viene" (Oseas 6:4).

¡Su compasión y su amor es maravilloso!

En Jeremías 3:22:

"Convertíos, hijos rebeldes, sanaré vuestras rebeliones. He aquí nosotros venimos a ti; porque tú eres Jehová nuestro Dios."

Él simplemente pone las palabras en la boca del rebelde. Sólo vuelva; y, si vuelve, Él lo recibirá con su gracia y lo amará gratuitamente.

 

En Oseas 14:1, 2, 4,:

"Conviértete, oh Israel, a Jehová tu Dios: porque por tu pecado has caído. Tomad con vosotros palabras, y convertíos a Jehová, (Él pone las palabras en su boca), y decidle: Quita toda iniquidad, y acepta el bien, y daremos becerros de nuestros labios... Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad: porque mi furor se apartó de ellos."

Sólo observe que, ¡Conviértete! ¡¡Conviértete!! ¡¡¡CONVIÉRTETE!!! resuena a través de todos estos pasajes.

Ahora, si usted se ha extraviado, recuerde que usted lo dejó a Él, y no Él a usted. Usted debe salir del pozo de la rebeldía exactamente por el mismo camino por el que se introdujo allí. Y si retoma la misma senda de cuando abandonó al Maestro, lo encontrará ahora, exactamente donde usted está.

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Cómo tratan a Cristo los que se apartan

Si tratáramos a Cristo como un amigo terrenal, nunca lo dejaríamos; y nunca habría uno que se aparte. Si yo estuviera en un pueblo por una sola semana, no pensaría en irme sin darle la mano a los amigos que hubiere hecho, y sin decirles "hasta luego". Yo sería justamente criticado si tomara el tren y partiera sin decir una palabra a nadie. El clamor sería: "¿Que pasa?" ¿Pero oyó usted alguna vez de un apartado que dijera al Señor Jesucristo "hasta luego"; yendo en privado y diciendo "Señor Jesús, te he conocido por diez, veinte, o treinta años; pero estoy cansado de servirte; tu yugo no es fácil, ni tu carga ligera; entonces estoy volviendo al mundo, a las ollas de carne de Egipto. ¡Hasta luego Señor Jesús! Adiós"? ¿Alguna vez escuchó eso? No; nunca lo ha escuchado, y nunca lo escuchará. Yo le digo, que si usted entra en su habitación y no permite que el mundo entre y mantiene comunión con el Maestro, no podrá abandonarle. El lenguaje de su corazón será:

"¿A quien iremos", sino a ti? "tú tienes palabras de vida eterna" (Juan 6:68).

Usted no podría regresar al mundo si lo tratara de esa manera. Pero usted lo abandonó y huyó. Usted lo ha olvidado durante innumerables días. ¡Regrese hoy; así como usted está! Resuelva que no descansará hasta que Dios haya restaurado en usted el gozo de su salvación.

Un señor en Cornwall encontró una vez a un cristiano en la calle que él sabía era uno que se había apartado. Se le acercó, y dijo: "Dígame, ¿no hay un alejamiento entre usted y el Señor Jesús?" El hombre bajó su cabeza, y dijo: "Sí". "Bien", dijo al hombre, "¿qué le ha hecho Él?" La respuesta a lo cual fue un torrente de lágrimas.

En Apocalipsis 2:4-5, leemos:

"Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido."

Yo quiero precaverlo contra un error que algunos cometen con respecto a hacer "las primeras obras". Muchos creen que deben tener otra vez la misma experiencia. Eso ha mantenido sin paz a miles durante meses; porque han estado esperando una renovación de su primera experiencia. Usted nunca tendrá la misma experiencia de cuando vino al Señor al principio. Dios nunca se repite. Ni dos personas de todos los millones de la tierra lucen iguales o piensan igual. Usted puede decir que no podrá diferenciar a dos personas; pero cuando los conoce bien, puede distinguir diferencias muy rápidamente. Así ninguna persona tendrá la misma experiencia por segunda vez. Si Dios quiere devolver el gozo a su alma, déjelo que lo haga a su modo. No trace una manera para que Dios le bendiga. No espere la misma experiencia que tuvo dos o veinte años atrás. Usted tendrá una experiencia nueva, y Dios tratará con usted a su propio modo. Si confiesa sus pecados y le dice a Él que usted se ha desviado de la senda de sus mandamientos, Él restaurará en usted el gozo de su salvación, [n. del tr.: es digno de recordarse que un verdadero creyente puede perder el gozo de su salvación, pero no la salvación misma].

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La caída de Pedro

Quiero llamar su atención a la manera en que cayó Pedro; y creo que casi todos caen de manera muy semejante. Quiero elevar una señal de advertencia para aquellos que no han caído.

"El que piensa estar firme, mire no caiga" (1 Corintios 10:12).

 

Hace veinticinco años -y durante los primeros cinco años desde que fui convertido- yo creía que si era capaz de perseverar durante veinte años, no necesitaría más temer una caída. Pero cuando más cerca se pone usted de la Cruz , más feroz es la batalla. Satanás ambiciona mucho. Él fue entre los doce; y apartó al Tesorero -Judas Iscariote, y al Apóstol que más se destacaba -Pedro. La mayoría de los hombres que han caído, lo ha hecho por el lado más fuerte de su carácter. Se me dijo que el único lado por donde fue atacado con éxito el Castillo de Edimburgo fue donde las rocas eran más empinadas, y donde la guarnición se creía segura. Si alguien cree que es lo suficientemente fuerte para resistir al maligno en algún punto en especial, necesitará vigilar especialmente allí, porque el tentador viene luego.

Abraham se levanta, por así decirlo, a la cabeza de la familia de la fe; y se puede decir que los hijos de la fe trazan su ascendencia desde Abraham: y sin embargo cuando bajó a Egipto negó a su esposa (Génesis 12). Moisés era destacado en su mansedumbre; y sin embargo no le fue permitido entrar a la tierra prometida debido a que actuó y habló impacientemente, cuando el Señor le dijo que hablara a la peña para que la congregación y sus bestias tuvieran agua para beber.

"Oíd ahora, rebeldes: ¿os hemos de hacer salir aguas de esta peña?" (Números 20:10).

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La cobardía de Elías

Elías era extraordinario por su intrepidez; y sin embargo se fue como un cobarde en un viaje de un día por el desierto y se escondió bajo un árbol de enebro, pidiendo poder morir, por causa de un mensaje que recibió de una mujer (1 Reyes 19). Seamos cuidadosos. No importa quien sea el hombre -él puede estar en el púlpito- pero si se vuelve vanidoso, de seguro caerá. Nosotros que somos seguidores de Cristo necesitamos orar constantemente para ser hechos humildes, y mantenidos humildes. Dios hizo resplandecer el rostro de Moisés de tal manera que otros hombres podían ver esto; pero Moisés mismo no sabía que su rostro resplandecía, y cuando más santo es un hombre en lo íntimo, más manifiestas serán para el resto de la gente su vida y conversación diarias. Algunas personas hablan de cuán humildes son; pero si tuvieran verdadera humildad no tendrían necesidad de publicarlo. Ello no es necesario. Un faro no tiene tocando un tambor o una trompeta para proclamar su proximidad; él es su propio testigo. Y así si tenemos la verdadera luz en nosotros, ésta se mostrará a sí misma. No son los que hacen el mayor ruido los que tienen la mayor piedad. Hay un arroyo, o un pequeño "burn" como lo llaman los escoceses, no lejos de donde vivo; y después de una lluvia fuerte se puede oír el torrente de sus aguas desde muy lejos; pero allí pasan unos pocos días de tiempo agradable, y el arroyo casi se vuelve silencioso. Pero hay un río cerca de mi casa, el fluir del cual nunca oí en mi vida, cuando corre en su profundo y majestuoso curso durante todo el año. Nosotros debemos tener tanto del amor de Dios dentro nuestro que su presencia será evidente sin nuestra ruidosa proclamación del hecho.

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La confianza en sí mismo de Pedro

El primer paso en la caída de Pedro fue su confianza en sí mismo. El Señor le advirtió. El Señor dijo:

"Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como a trigo; mas yo he rogado por ti que tu fe no falte" (Lucas 22:31, 32).

Pero Pedro dijo:

1. "Pronto estoy a ir contigo aun a cárcel y a muerte." (Lucas 22:33).

2. "Aunque todos sean escandalizados en ti, yo nunca seré escandalizado" (Mateo 26:33).

3. "¡Jacobo y Juan, y los otros, pueden abandonarte; pero puedes contar conmigo!" "Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, mas no yo" (Marcos 14:29).

Pero el Señor le advirtió:

"Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces" (Lucas 22:34).

Aunque el Señor le reprendió, Pedro dijo que estaba listo para seguirlo hasta la muerte. Esa jactancia es demasiado frecuentemente, precursora de la caída. Andemos humilde y sosegadamente. Tenemos un gran Tentador; y, en una hora no esperada, podemos tropezar y caer y traer un escándalo sobre Cristo.

El siguiente paso en la caída de Pedro fue dormirse. Si Satanás puede mecer a la Iglesia para que duerma, él hace su trabajo a través del propio pueblo de Dios. En lugar de velar una breve hora en Getsemaní, Pedro cayó dormido, y el Señor le preguntó:

"¿Así no habéis podido velar conmigo una hora?" (Mateo 26:40).

La siguiente cosa fue que él luchó en la energía de la carne. El Señor le reprendió otra vez y le dijo:

"Los que tomaren espada, a espada perecerán" (Mateo 26:52).

Jesús tuvo que deshacer lo que Pedro había hecho. La siguiente cosa: él "le seguía de lejos." Paso a paso él se aleja. Es una cosa triste cuando un hijo de Dios sigue de lejos. Cuando usted lo ve asociándose con amigos mundanos, y arrojando su buena reputación, él está siguiendo de lejos; y no pasará mucho antes de que la desgracia caiga sobre el antiguo nombre familiar, y Jesucristo sea herido en la casa de sus amigos. El hombre, por su ejemplo, causará que otros tropiecen y caigan.

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Otro paso malo

La siguiente cosa: Pedro está confiada y amistosamente con los enemigos de Cristo. Una muchacha dice a este intrépido Pedro: "Tú con Jesús el Galileo estabas." Pero él negó ante todos ellos, diciendo: "No sé lo que dices." Y cuando salió hasta la puerta lo vio otra criada y dijo a los que estaban allí: "También éste estaba con Jesús Nazareno." Y de nuevo él negó con un juramento: "No conozco al hombre". Pasó otra hora, y todavía él no comprendía su situación; cuando otro afirmó convencidamente que él era un Galileo porque su forma de hablar lo traicionaba. Y él se enojó y comenzó a maldecir y a jurar, y negó nuevamente a su Maestro, y el gallo cantó (Mateo 26:69-74).

Él comienza muy alto en el pináculo de la arrogancia, y baja paso a paso hasta que estalla maldiciendo y jurando que nunca conoció a su Señor.

El Maestro podría haberse vuelto y podría haberle dicho:

"¿Es verdad, Pedro, que te has olvidado de mí tan pronto? ¿No recuerdas cuando la madre de tu esposa estaba en cama, enferma de una fiebre, que reprendí a la enfermedad y ésta la dejó? ¿No traes a la memoria tu asombro por la pesca que hizo que exclamaras: 'Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador' (Lucas 5:8)? ¿Recuerdas cuando en respuesta a tu clamor: 'Señor, sálvame, o perezco', extendí mi mano y te libré de ahogarte? ¿Has olvidado cuando en el Monte de la Transfiguración, con Jacobo y Juan, me dijiste: 'Señor, bien es que nos quedemos aquí... hagamos aquí tres pabellones' (Mateo 17:4)? ¿Te has olvidado que estuviste conmigo en la cena, y en Getsemaní? ¿Es verdad que me has olvidado tan pronto?"

El Señor podría haberle recriminado con preguntas como éstas; pero no hizo nada de eso. Él miró a Pedro: y había tanto amor en esa mirada que ella quebrantó el intrépido corazón del discípulo; y él salió y lloró amargamente.

Y después que Cristo se levantó de entre los muertos, vea cuán tiernamente trató con el discípulo descarriado.

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"Y a Pedro"

El ángel en el sepulcro dice: "Decid a sus discípulos y a Pedro" (Marcos 16:7). El Señor no olvidó a Pedro, aunque Pedro lo había negado tres veces; entonces Él hizo que este especialmente amable mensaje fuera llevado al discípulo arrepentido. ¡Qué tierno y amante Salvador tenemos!

Amigo, si usted es uno de los extraviados, permita que la amorosa mirada del Maestro le haga regresar; y permítale restaurar en usted el gozo de su salvación.

Antes de terminar, permítame decirle que confío que Dios restaurará a algún apartado que lea estas páginas, quien pueda llegar a ser en el futuro un miembro útil de la sociedad y un luminoso ornamento de la Iglesia. Nunca hubiéramos tenido el Salmo treinta y dos si David no hubiera sido restaurado:

" Bienaventurado aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados";

o ese hermoso Salmo cincuenta y uno que fue escrito por el apartado restaurado. Ni habríamos tenido ese maravilloso sermón en el día de Pentecostés cuando fueron convertidos tres mil -predicado por otro rebelde restaurado.

Pueda Dios restaurar a otros apartados y hacerlos mil veces más usados para su gloria de lo que alguna vez lo fueron antes.

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FIN

 


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