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Provisión Oportuna
De la Autobiografía de J. Hudson Taylor, "A China... con Amor"



Hudson Taylor

Por James Hudson Taylor
1832-1905

 

"La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee"
(Lucas 12:15).

No infrecuentemente nuestro Dios deja a los de su pueblo en dificultades con el fin de que ellos puedan conocerle como no podrían hacerlo de otra forma. Entonces Él se revela como "nuestro pronto auxilio en las tribulaciones", y hace alegrar verdaderamente al corazón en cada nueva manifestación de la fidelidad de un Padre. Nosotros que sólo vemos una parte tan pequeña de las dulces consecuencias de las pruebas, frecuentemente sentimos que no las habríamos perdido por nada; ¡cuánto más bendeciremos y magnificaremos su nombre cuando todas las cosas ocultas sean traídas a la luz!

En el otoño de 1857, justo un año después de que llegué a establecerme en Ningpo, ocurrió un pequeño incidente que hizo mucho para fortalecer nuestra fe en la ternura y el cuidado permanente de Dios.

Un hermano en el Señor, el Rev. John Quarterman, de la Misión Americana Presbiteriana del Norte, fue tomado con una muy fuerte viruela, y fue mi triste privilegio cuidarle a través de su penosa enfermedad hasta su fatal término. Cuando todo hubo acabado, fue necesario apartar las ropas utilizadas mientras lo cuidé, por temor de transmitir la infección a otros. No teniendo el dinero suficiente para adquirir lo necesario para hacer este cambio, la oración fue el único recurso. El Señor respondió por el inesperado arribo de una caja perdida hace tiempo con ropa desde Swatow, ésta había permanecido al cuidado del Rev. William Burns cuando lo dejé para Shanghai, al principio del verano del año anterior. El arribo de las cosas justo en esta crisis fue tan apropiado como notable, y trajo una dulce percepción de la provisión del Padre.


Aproximadamente dos meses más tarde fue escrito lo siguiente:

18 de Noviembre de 1857

Muchos parecen pensar que soy muy pobre. Esto ciertamente es bastante cierto en un sentido, pero agradezco a Dios somos "como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo." Y mi Dios suplirá, toda mi necesidad, a Él sea toda la gloria. Yo no sería, si pudiera ser, otra cosa que lo que soy -enteramente del Señor, y usado como un canal de ayuda para otros.

El sábado 4 de noviembre, llegó nuestro correo habitual. Esa mañana suministramos, como siempre, un desayuno para los pobres, que vinieron en número de setenta. A veces no son más de cuarenta, a veces superan los ochenta. Ellos vienen con nosotros todos los días excepto el Día del Señor, porque entonces no podemos dedicarnos a atenderlos a ellos y además realizar todos nuestros deberes. Bien, en esa mañana de sábado pagamos todos los gastos, y nos aprovisionamos para la mañana siguiente, después de lo cual no nos quedó un solo dólar. ¿Cómo el Señor iba a proveernos para el lunes?, no sabíamos; pero sobre nuestra repisa colgaban dos tiras de papel escritas en caracteres chinos -Ebenezer, "Hasta aquí nos ayudó Jehová"; y Jehovah-Jireh, "Jehová proveerá"- y Él nos guardó de dudar por algún momento. Ese mismo día llegó el correo, una semana más pronto de lo que esperábamos, y el Sr. Jones recibió un cheque por $214. Agradecimos a Dios y tomamos ánimo. El cheque fue llevado a un comerciante y aunque usualmente hay una demora de varios días para obtener el cambio, esta vez él dijo: "Envíelo el lunes". Lo enviamos, y aunque él no pudo comprar todos los dólares, nos dejó setenta a cuenta;; así todo estuvo bien. ¡Oh, es dulce vivir así directamente dependientes del Señor, quien nunca nos falla!

El lunes los pobres tuvieron su desayuno como siempre, porque no les habíamos dicho que no vinieran, estando seguros de que esta era la obra del Señor, y que el Señor proveería. No pudimos evitar que nuestros ojos se llenaran de lágrimas de gratitud cuando vimos suplidas no sólo nuestras propias necesidades, sino la de la viuda y el huérfano, el ciego y el cojo, el que no tiene amigos y el desamparado, abastecidos juntos por la generosidad de Aquél que alimenta a los cuervos. "Engrandeced a Jehová conmigo, Y ensalcemos su nombre a una... Gustad, y ved que es bueno Jehová: Dichoso el hombre que confiará en él. Temed a Jehová, vosotros sus santos; Porque no hay falta para los que le temen. Los leoncillos necesitaron, y tuvieron hambre; Pero los que buscan a Jehová, no tendrán falta de ningún bien"- y si no fuera bien, ¿para qué quererlo?

Pero incluso $200 no pueden durar para siempre, y para el día de año nuevo las provisiones de nuevo estaban reduciéndose. Finalmente, el 6 de enero de 1858, sólo quedó un solitario efectivo -la vigésima parte de un penique- en la posesión conjunta del Sr. Jones y yo; pero aunque probados miramos una vez más a Dios para que manifestara su gracioso cuidado. En la casa se encontró provisión suficiente para suplir un magro desayuno; después del cual, sin tener ninguna comida para el resto del día, ni dinero para comprar nada, sólo podíamos acudir a Aquél que fue capaz de suplir todas nuestras necesidades con la petición, "Danos hoy nuestro pan cotidiano."

Después de orar y deliberar pensamos que quizás debíamos disponer de algo que poseyéramos para satisfacer nuestras necesidades inmediatas. Pero mirando alrededor no vimos nada de lo que pudiéramos desprendernos bien, y poco que los chinos comprarían por dinero en efectivo. Podríamos haber tenido crédito en alguna medida, podríamos haber empleado éste cuidadosamente, pero sentíamos que eso era inescritural, así como incompatible con la posición en que estábamos. Teníamos, verdaderamente, un artículo -una estufa de hierro- que sabíamos que los chinos comprarían rápidamente; pero lamentábamos mucho la necesidad de separarnos de ésta. Finalmente, sin embargo, fuimos a lo de los fundadores, y después de caminar cierta distancia llegamos al río, que intentamos cruzar por medio de un puente flotante de botes; pero aquí el Señor cerró nuestro camino. El puente había sido llevado lejos durante la noche anterior, y el río podía ser pasado solamente por medio de una balsa, cuya tarifa era de dos monedas chinas por persona. Como sólo poseíamos una, nuestro curso claramente era retornar y esperar la intervención de Dios mismo a favor de nosotros.

Después de llegar a casa, encontramos que la Sra. Jones había ido con los niños a comer a la casa de una amiga, de acuerdo con una invitación aceptada previamente hace algunos días. El Sr. Jones, aunque estaba incluido en la invitación, rehusó ir ahora y dejarme comer solo. Entonces nos pusimos a trabajar y buscamos cuidadosamente en las alacenas; y aunque no había nada para comer, encontramos un pequeño paquete de cacao, que, con un poco de agua caliente, nos reanimó algo. Después de esto nuevamente clamamos al Señor en nuestro apuro, y el Señor oyó y nos salvó de todas nuestras angustias. Mientras todavía estábamos sobre nuestras rodillas llegó una carta desde Inglaterra conteniendo un envío.

Esta oportuna provisión no sólo satisfizo la necesidad inmediata y urgente del día; porque en la segura confianza de que Dios, de quien éramos y a quien servíamos, no avergonzaría a aquellos cuya verdad completa y única estaba en Él, mi casamiento había sido preparado previamente para tomar lugar sólo catorce días después de esta fecha. Y esta expectativa no fue desilusionada; porque "los montes se moverán, y los collados temblarán; mas no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz vacilará." Y aunque durante los años subsecuentes nuestra fe fue puesta a prueba frecuentemente, y a veces severamente, Él siempre se probó fiel a su promesa, y nunca permitió que careciéramos de cualquier cosa buena.

"Y si no es buena, ¿para qué la queremos?"

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Dr. Hudson Taylor

Fundador de la Misión al Interior de la China

 


 

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