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Historias para Niños de la Tía  Margaret

Traducido del inglés por A.R.Y. y J.J.Y.
Copyright 2002 A.R.Y. y J.J.Y.

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Estas historias pertenecen al libro las Doce Historias de la Tía Margaret (para ilustrar y grabar verdades importantes). Ellas se publicaron originalmente en 1856 por la Unión De Escuelas Dominicales Norteamericanas En Filadelfia.

 

Contenidos:

Kitty y George

El Muchacho Desobediente

 

Historias para Niños de la Tía  Margaret

Kitty y George

Kitty y George fueron a jugar al piso de arriba. Ellos fueron a un pequeño cuarto en la parte más alta de la casa y cerraron la puerta, y George la cerró de golpe, y el mohoso cerrojo se deslizó en su lugar, y entonces George y Kitty sintieron temor. Ellos tuvieron miedo de no poder lograr abrir la puerta para salir de nuevo; porque ellos eran niños bastante pequeños.

George intentó mucho empujar el cerrojo para atrás, pero no pudo. Entonces permitió a Kitty intentar; pero ella tampoco podía hacerlo. Y entonces George intentó de nuevo y, cuando Kitty vio que él no podría empujar el cerrojo hacia atrás para destrabar la puerta, ella empezó a llorar. Entonces golpearon y golpearon la puerta y llamaron tan fuerte como podían para que alguien viniera y les ayudara a salir; pero nadie oyó.

Entonces los pobres niños empezaron a tener miedo de que tendrían que quedarse allí toda la noche. George intentó confortar a Kitty; pero Kitty siguió llorando, y pronto George también empezó a llorar. Pero después de un rato George dijo a su hermana, "Kitty, oremos a Dios para que nos ayude a abrir la puerta." Y Kitty dejó de llorar, y ambos se arrodillaron en el suelo; y George oró en voz alta, y le pidió a Dios que les ayudara a abrir la puerta. Entonces se levantaron y fueron los dos juntos y tiraron con todas sus fuerzas del cerrojo, y éste se deslizó hacia atrás y la puerta se abrió. Quizás ellos se sintieron más seguros de que podrían conseguir abrirla, y así lo intentaron más fuertemente.

Queridos pequeños niños, cuando estamos en problemas siempre es un buen plan orar a Dios para que nos ayude. A veces no podemos hacer que los demás nos oigan; pero Dios siempre oye, y Él siempre puede ayudarnos; porque Él es el gran Dios y puede hacer todo. Pero nosotros no sólo debemos orar a Dios cuando estamos en problemas. Debemos orar a Él todas las mañanas y todas las tardes. Y cuando nos sentimos tentados a hacer cualquier cosa mala, debemos orar a Dios para ayudarnos a resistir la tentación, para que podamos ser capaces de negarnos a hacer lo malo y escoger hacer lo recto. Quizás tú piensas que puedes hacer lo recto si escoges, sin pedirle a Dios que te ayude; pero mejor no intentes eso, porque si lo haces casi seguro fallarás. Casi seguramente harás esa cosa muy mala que piensas que no harás.

Pedro estaba muy seguro de que él nunca negaría a Jesús:--tan seguro que, cuando Jesús le dijo que lo haría, él dijo, "Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré." Pero muy pocas horas después de eso negó a su señor tres veces. Y, más que eso, él maldijo y perjuró. ¡Oh! ¡cuán muy, muy malo! Y todo esto fue porque él estuvo tan seguro de que podía hacer lo correcto por sí mismo y no le pidió a Dios que lo ayudara. Pero después de ese Pedro nunca pensó que podía hacer lo bueno sin ayuda. Él siempre le pidió a Dios que lo ayudara, y nunca hizo de nuevo una cosa tan mala.

Pedro se arrepintió de su pecado. ¿Sabes qué es el arrepentimiento? "El arrepentimiento es estar dolidos por nuestros pecados, y aborrecerlos y abandonarlos, porque son desagradables a Dios."

Nosotros no sólo debemos lamentarlos, sino aborrecerlos y abandonarlos; para dejarlos totalmente; dejar de hacer lo que sabemos que es incorrecto; odiar el pecado porque Dios lo aborrece. Pero no podemos hacer esto--no podemos odiar y abandonar el pecado--mientras tenemos corazones malos. Nuestros corazones malos amarán al pecado. ¿Qué, haremos entonces? Debemos pedirle a Dios que nos dé nuevos corazones; corazones que odiarán al pecado; corazones que odiarán lo que Dios odia y amarán lo que Dios ama. Nadie excepto Dios puede darnos tales corazones. Nadie excepto Dios puede enseñarnos a odiar lo que es malo y a amar lo que es bueno. Pero Dios nos dará nuevos corazones si se lo pedimos. Yo no quiero decir si nosotros sólo decimos las palabras con nuestros labios y realmente no queremos lo que estamos pidiendo, o si no nos importa mucho si lo conseguimos o no; pero si oramos seriamente, de todo nuestros corazones, y lo queremos mucho verdaderamente, y lo pedimos por medio de Jesús, entonces Dios oirá y nos contestará.

Nota del traductor: esta hermosa enseñanza puede aplicarse primeramente a los inconversos o no salvos, que no poseen la nueva naturaleza del Espíritu Santo, estos no pueden hacer la voluntad de Dios, estando enteramente en el poder de la naturaleza humana caída. Sólo por aceptar la obra de Cristo en la cruz a favor de ellos son librados enteramente de la paga del pecado, (la separación de Dios actualmente y en la condenación eterna), y también reciben la nueva naturaleza que les capacita para vivir piadosamente. Una vez que la persona es así salvada y segura, posee para siempre al Espíritu Santo, pero todavía puede llegar a vivir en las fuerzas de su vieja naturaleza (Efesios 4:30), desaprovechando el gran poder que ahora dispone, para ellos también es necesario confiar en la obra mediadora de Cristo a su favor, no ya para ser salvos, sino para gozar de verdadera comunión y santidad (Colosenses 2:6, Hebreos 13:20,21, Juan 15:5).

 

Historias para Niños de la Tía  Margaret

El Muchacho Desobediente

Había una vez un pequeño muchacho llamado Johnson H. Este muchacho tenía una afectuosa madre que lo amaba muchísimo. Un día Johnson estaba saliendo a la calle, y su madre le dijo, "Johnson, no vayas al río. Tengo miedo de que te ahogues si lo haces."

No sé lo que Johnson dijo a su madre; pero me temo que él pensó en su corazón, "no importa lo que mi madre dice; iré al río"; porque él salió y se encontró con otro muchacho, llamado George que vivía en una casa muy cerca de dónde el padre de Johnson vivía, y los dos bajaron al río; y mientras ellos iban se encontraron a otro muchacho que dijo a Johnson "¿Dónde vas, Johnson?" Y Johnson dijo algo tan malo que yo casi tengo miedo de repetirles eso a ustedes . Él dijo, "estoy yendo al infierno."

George era más grande que Johnson. Él tenía dos años o tres años más. George y Johnson entraron a una canoa. ¿Sabes lo que es una canoa? Es una pequeña barca. Estos dos pequeños muchachos entraron en esta pequeña barca para tomar un paseo en el río. Ellos estaban completamente solos. Fueron a un lugar donde una vez hubo un puente para que la gente caminara o fuera a caballo para cruzar el río. Parte del puente se había tirado abajo y quitado; pero había todavía algunos postes dejados allí, permaneciendo en el agua; y muy pronto la pequeña barca golpeó contra uno de estos postes, y la desestabilizó, y los dos muchachos cayeron al agua. ¡Oh, cómo se esforzaron, y gritaron para que alguien viniera a ayudarlos! Pero nadie estaba cerca.

George podía nadar, y después de un poco consiguió salir; y entonces corrió y llamó a algunos hombres para que vinieran y salvaran a Johnson de ahogarse; y los hombres corrieron tan rápido como pudieron, pero cuando llegaron al lugar no pudieron encontrar a Johnson. Él se había hundido en el agua y se había ahogado. Entonces alguien fue y les dijo a su padre y su madre que su pobre pequeño muchacho se había ahogado, y el pobre corazón de la madre estaba casi roto de dolor al pensar que su hijo había muerto mientras estaba haciendo semejante cosa mala. Él murió mientras estaba desobedeciendo a su madre, y mientras estaba desobedeciendo Dios. Quizás tu padre y tu madre no te vean, pero Dios lo hace. Él siempre te ve. Él siempre ve y sabe cuando nosotros quebrantamos sus mandamientos; y muy a menudo él nos castiga incluso en este mundo.

Ellos buscaron y buscaron el cuerpo de Johnson, pero no pudieron encontrarlo durante dos o tres días. Éste había flotado río abajo, hasta que su ropa se enganchó en algunos arbustos que crecían en una pequeña isla. Era su cuerpo. ¿Y dónde estaba su alma? Nadie puede ir al cielo con un corazón malo; y yo tengo muchísimo miedo de que Johnson fue a ese lugar terrible donde dijo que iba.

Oh, niños, oren todos los días a Dios para que les dé nuevos corazones y los haga aptos para ir al cielo. Si ustedes oran con todo su corazón,--si ustedes lo desean mucho, y lo piden por medio de Jesús,--Dios oirá su oración y les dará un nuevo corazón, porque él lo ha dicho así en la Biblia. Y, aunque Él es el gran Dios y tú eres sólo un pequeño niño, él se inclinará para escuchar tu oración, porque Jesús, el querido Salvador, murió por los pecadores. Cuando Él estuvo en este mundo Él tomó a los niños pequeños en sus brazos y los bendijo: y Él los ama tanto ahora como entonces. Vé a Él, querido niño, y pídele que sea tu Salvador.

 

 


 

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